La guerra por la sucesión
Se siente un fin de época en el ambiente; es tan visible que todos en el peronismo se han puesto nerviosos. La economía ha llegado a un punto en que ciertas acciones que no coinciden estrechamente con el relato se presentan como pasos necesarios, pero se hace muy difícil al kirchnerismo desandar los pasos dados o, más bien, el discurso empleado. Tomando la frase de Raúl Alfonsín en 1992 respecto de la Unión Cívica Radical frente a una sociedad que –según él- se había “derechizado”: “…en todo caso, (la UCR) debe prepararse para perder elecciones, pero nunca para hacerse conservadora”, podría adaptarse a nuestros días hablando de que es preferible para los ultra K ungir a un peronista y no a un kirchnerista (porque no son lo mismo) para que tome las medidas de la ortodoxia económica que hacen falta.
El sillón que quedará disponible otra vez en 2015 arde por los conflictos en ciernes pero no deja de ser un ámbito de poder que desvela a todo dirigente político por eso el tema que rueda por los pasillos de la Rosada es ¿quién elige la sucesión de Cristina? ¿El sector ultra K o la reeditada “Liga de Gobernadores”?
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Por primera vez en años, los gobernadores peronistas se autoconvocaron para emitir una señal de cohesión y definir una estrategia electoral el jueves de la semana pasada, como comentamos en nuestro editorial del domingo.
El columnista Carlos Pagni en La Nación retoma el tema y habla del desafío que plantea Sergio Massa, los dilemas de Daniel Scioli y, sobre todo, la estrategia de Cristina Kirchner para emprender la retirada.
El sanjuanino José Luis Gioja fue el que organizó la cena con la intención de sostener la candidatura presidencial de Daniel Scioli. Primeramente se reunió en un hotel porteño con Gildo Insfrán (Formosa) y Eduardo Fellner (Jujuy), y habló por teléfono con Francisco Pérez (Mendoza), Oscar Jorge (La Pampa) y Juan Manuel Urtubey (Salta).
De las demás gestiones se encargó Juan Carlos Mazzón, eterno gerente del partido. Sergio Urribarri, el hipotético desafiante de Scioli, estaba, vaya casualidad, en China. En cambio, Gioja invitó a José Manuel de la Sota, que suele confesar: “Yo no voto por Cristina”. Es decir, estaba claro que la intención era perfilar una era post kirchnerista.
Ya sabemos lo que pasó: irrumpió Carlos Zannini que no estaba invitado y les aguó la fiesta, la cena, la charla, las confidencias y la posibilidad de organizar ya mismo la liga de mandatarios provinciales. Una jugada directa y poco sutil de Cristina que, no obstante, logró su efecto.
Dice Pagni al respecto que su presencia se comprende por dos preocupaciones principales de Cristina Kirchner. La primera tiene que ver con la gobernabilidad general. Ella sabe que, desde las últimas elecciones, es difícil impedir la formación de una liga de gobernadores. La imposibilidad de una nueva reelección y la crisis económica resucitaron al PJ. Por lo tanto, su objetivo más aceptable es que ese club sesione a la sombra de la Casa Rosada. Es decir, que no se repita lo que sucedió entre 1997 y 2003, cuando los caudillos de provincia, con Néstor Kirchner a la cabeza, se complotaban para acorralar a los gobiernos que reclamaban un ajuste.
Y además si hay algo que Cristina no quiere es que Scioli arme un soporte de gobernadores por fuera de su poder y en el caso que sea candidato a presidente del PJ, no respete al Frente para la Victoria, que es el sector donde están refugiados los ultra k.
La invitación de Gioja a De la Sota fue para la presidenta la confirmación de que Scioli ya selló un acuerdo con el gobernador de Córdoba.
Pero De la Sota presiona a Scioli para que se despegue del kirchnerismo, pero el gobernador bonaerense es más ambicioso en sus pretensiones y pretende al PJ y al Frente para la Victoria detrás para enfrentar a Sergio Massa.
La posición de Gioja, a la luz de lo que finalmente aconteció, es de lo más compleja. Nunca se lo pensó tan distante de la presidenta como ahora parece al haber sido el gestor del encuentro en ausencia del delfín kirchnerista y artífice de la participación del gobernador cordobés, marcadamente anti K. Pero según los informantes que dice tener el periodista Pagni, su gran precolación posterior fue salvar la relación con De la Sota, ya que lo llamó al día siguiente de la comida para jurarle que no sabía que Zannini asistiría.
Por su parte, las mismas fuentes aseguraron que el cordobés se comunicó con Scioli para decirle lo de siempre: “Si seguís encerrado en el kirchnerismo, estás muerto”. Lo mismo le quiere hacer entender Eduardo Duhalde, quien por enésima vez vuelve a la política con esta explicación: “Estuve con Francisco y me pidió que ayude a Daniel”. No es la primera vez que pretende esto Scioli y todas las veces anteriores, Scioli siguió en las suyas y mal no le ha ido eleccionariamente hablando. Como solemos decir, es un tiempista y cuando lo crea conveniente, se abrirá, de eso no hay duda. Y como eso puede ocurrir en cualquier momento, el kirchnerismo se prepara: si el PJ orgánicamente convierte a Scioli en el candidato inevitable, Cristina querrá rodearlo con su propio aparato, sobre todo en el Congreso. Esta mecánica la han utilizado en la provincia de Buenos Aires, donde el mandatario no tuvo prácticamente lugares en las listas, porque todos los legisladores se los puso el kirchnerismo. También en la fórmula que le armaron: Scioli-Mariotto. Esta fórmula nunca funcionó, el vice le pone el pie al mandatario cada vez que puede para que tropiece, desde el senado bonaerense que preside y en cada momento que puede; de hecho maneja una gestión paralela. Por citar un ejemplo, a nuestra redacción llegan a diario los comunicados de la Gobernación, desde la correspondiente oficina de Prensa, donde se da cuenta de los actos de la gestión. En paralelo, llegan los mails de “Prensa Mariotto”, donde se detalla el itinerario del vice, que más que un funcionario parece un dirigente en campaña.
La guerra está desatada en el oficialismo por la sucesión a la Casa Rosada y lo mismo sucede en el plano de la provincia de Buenos Aires, muchos candidatos a presidentes y muchos a gobernador, pero si las encuestas mandan, ambas listas se reducirán considerablemente.














