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La Gospa, un espacio que hace 24 años ayuda a los vecinos necesitados

21 de junio de 2020 a las 12:00 a. m.
La Gospa, un espacio que hace 24 años ayuda a los vecinos necesitados
'' En la foto que data del festejo por el Día del Niño pasado, Beatriz Carrizo junto a algunos niños que asisten al comedor. (BEATRIZ CARRIZO)

Beatriz Carrizo, junto a su familia y amigos, trabaja en el corazón del barrio 12 de Octubre. Con recursos autogestionados, llegó a alimentar a más de 180 niños en un día. La generosidad y la promoción de la paz son valores que pretende infundir desde allí, más allá del plato de comida. Pasado, presente y futuro del comedor más antiguo de la ciudad.


El pasado 11 de este mes, el comedor La Gospa cumplió 24 años de solidaria e intensa labor. Beatriz Carrizo es la fundadora de este espacio que, emplazado en el corazón del barrio 12 de Octubre (Anolles entre Florida y 11 de Septiembre), alimenta a numerosos niños y ayuda a sus familias.

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Si bien se contabiliza el inicio de esta obra en 1996, ya en 1992 Beatriz junto a su familia comenzó con la generosa tarea de ayudar a los más vulnerables. Así lo cuenta ella en diálogo con LA OPINION: “En 1992, con mi familia, arrancamos con una labor solidaria repartiendo juguetes para el Día del Niño. Además mis patrones me donaban ropa que distribuíamos entre quienes más lo necesitaban”.

Ayudar con la ayuda

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La generosidad va de la mano de la empatía y no tiene que ver con dar lo que sobra. Ambos son valores que tanto Beatriz como su familia ponen en práctica todo el tiempo. Sobre su inclinación a trabajar por los otros, Carrizo contó su historia, que hablar de una “ayudada que ayuda”, dado que ella misma requirió de la asistencia del Estado pero eso no fue un condicionante para que se quedara sentada en la vereda de los asistidos. Ella también podía ayudar a otros. “Siempre estuve en lo social; soy ‘manzanera’ (término acuñado en tiempos de Duhalde gobernador, por su esposa “Chiche” para definir a las voluntarias que en los barrios distribuían la mercadería del Plan Vida) y el estar en el territorio hizo que conociera diferentes realidades, algunas muy adversas. A medida que me fueron conociendo los niños me pedían leche o arroz porque en su casa no había nada para comer. Todo ello motivó que con mi expareja decidiéramos iniciar un trabajo solidario. Fue el 11 de junio cuando nos sentamos a dialogar con él y decidimos encarar este proyecto porque veíamos que había mucha necesidad. Siempre trabajé por hora en casas de familia y él hacía changas pero teníamos la firme convicción de querer ayudar, por eso nos otorgaron el Plan Trabajar a través del que yo barría las calles y él trabajaba como colero de la Municipalidad. Con ese dinero decidimos empezar a asistir a los niños, al principio fueron 13 pero con el paso del tiempo se fueron sumando otros”.

Trabajar para otros

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Con el objetivo de obtener más dinero para darle continuidad a la ayuda, Beatriz fue buscando otras changas: “Hablé con los vecinos del barrio Vicente López, a quienes les barría la vereda a cambio de dinero; en ese momento eran 50 centavos que me alcanzaba para comprar fideos, puré de tomate. Esta tarea la hacía junto con mis hijos Romina y Rodrigo y Mauricio, el papá de mi nieto. Todos los sábados juntaba la moneda y con eso hacíamos de comer para los niños”, relató Carrizo.

Entre muchas anécdotas de estos 24 años, Beatriz recuerda que en un carro a caballo ubicaban las ollas para llevarle la comida a un grupo de niños que vivía en un asentamiento ubicado en avenida Alsina, llegábamos hasta barrio Trincavelli mientras el resto de los chicos quedaban en el comedor de 12 de Octubre”.

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Una crisis, una oportunidad

El año 2001 fue un punto de inflexión porque la crisis dificultó la tarea, aunque en tiempos difíciles la solidaridad de las personas parece emerger más que en otras circunstancias, permitiendo al menos acompasar en la desgracia a los más vulnerables. “Así empecé a conocer a mucha gente que me ayudó a continuar con este proyecto solidario. La Red Solidaria y el Municipio me ayudaron a alquilar un salón en calle Florida entre Anolles y Santa Rosa ya que debíamos darle de comer a 187 chicos que todos los sábados y domingos se acercaban a recibir un plato de comida. Toda la familia trabajó en ese momento y ocho personas que también nos ayudaban a cocinar”, narró la entrevistada.

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El tiempo pasó y Beatriz pudo construir al fondo de su casa un salón, la guardería de Inta les donó sillas y mesas y contaba con la colaboración de mucha gente ya que en todos los medios se había empezado a hacer pública la obra que llevaba adelante. “Arrancar fue muy duro pero con el paso del tiempo y gracias a la colaboración de múltiples personas pudimos persistir con nuestra labor solidaria. Pergamino es una ciudad muy generosa, la gente de esta ciudad es hermosa y solidaria”, afirmó Carrizo.

Su abuelo

Consultada sobre su solidaridad e inspeccionando en su vida privada, Beatriz afirmó que “de chica jamás me faltó nada pero el estar en contacto con otras realidades me hizo tener empatía con el otro”. Tiene muy presente la generosidad de su abuelo y emocionada recuerda que en calle República de Croacia él tenía un rancho de chapa y barro: “A 300 metros estaba la vía y cada vez que veía pasar a una persona necesitada lo llamaba, le daba agua para higienizarse, ropa limpia y algo de comer. Mi abuela con la bolsa de las harinas que antes era de tela, les confeccionaba acolchados y les daba para abrigarse”. La apoteosis de la generosidad, la de a quien nada le sobra, con el ejemplo como lección para el mejor aprendizaje.

Paz, la primera necesidad

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El nombre del comedor es poco común; de hecho pocos saben lo que realmente significa o a qué refiere. Consultada al respecto Beatriz explicó: “La Gospa es la Virgen de la Paz que es la que se aparece a los niños en Medjugorje, una ciudad de Bosnia-Herzegovina. El mensaje de ella es de paz y yo creo que podemos tener muchas cosas materiales pero si no tenemos paz no se puede vivir. Son necesarias la paz y la armonía en la vida de las personas. Es la misma paz que yo intento que haya en los hogares de los chicos porque yo nací en un hogar violento pero sé que haciendo un trabajo interior se logra tener paz. La Virgen es muy milagrosa, nunca nos falló porque en tiempos difíciles, cuando la cantidad de niños aumentaba jamás nos faltó comida para quienes vinieron”.

De generación en generación

Como toda persona que hace –y mucho- Beatriz no estará exenta de errores y seguramente ha cosechado en este tiempo algún detractor. Insistimos: propio de toda persona que hace; quien quieto se queda está librado de errores y, por ende, de críticas.

Pero lo que queda en evidencia es la transparencia con la que se lleva adelante la tarea solidaria en La Gospa. La responsabilidad y la seriedad han hecho que este espacio reciba frecuentemente el favor de distintas campañas y eventos solidarios; también son el factótum de que permaneciera en el tiempo hasta constituirse como el comedor más antiguo de la ciudad.

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La buena predisposición para con el otro es una actitud que Beatriz se ha encargado de transmitir entre sus herederos logrando consolidar una cadena de favores. “Mi nieta cumplió en los últimos días 25 años, y desde que ella era pequeña ya repartía junto a nosotros juguetes y ropa; ella no conoce otro mundo por fuera de éste. Todos mis nietos ayudan en la tarea cotidiana y son muy generosos porque aprendieron a ayudar”, dijo Beatriz.

Hace 24 años los niños que comían en La Gospa son los adultos del hoy y algunos de ellos se convirtieron en colaboradores mientras que otros envían a sus hijos. “Las niñas de ayer, que se criaron en el comedor son las adultas de hoy que me vienen a ayudar a cocinar cuando las llamo”, aclaró Carrizo.

Aun en aislamiento

Desde hace 20 años La Gospa funciona en el salón ubicado en una propiedad familiar de Carrizo. Antes de la pandemia, cada sábado se ofrecía el almuerzo a 86 chicos pero amén de esta tarea concreta diariamente se ayuda a quienes realmente lo necesitan. “Por ejemplo, si una mamá o un papá viene a pedirme ayuda siempre habrá algo en la heladera para darle y para que le cocine a sus hijos; siempre hay fideos, arroz, papas, puré de tomate porque la gente es generosa con nosotros y nos dona muchas cosas. Por el aislamiento primero y por el distanciamiento ahora Beatriz junto a sus colaboradoras (familiares y amigos) cocinan y luego, en camioneta, distribuyen viandas a quienes más lo necesitan”.

Feliz de ayudar

Por último y reflexionando sobre su ímpetu solidario, Beatriz aseguró: “Para mí la ayuda es natural, es algo que tengo incorporado como esos hábitos de la vida cotidiana. Me levanto pensando en qué cocinar con las donaciones que tengo, pensando en juntar frazadas y abrigo para quienes sufren el frio. La vida es muy generosa conmigo, me ha quitado cosas pero me ha permitido hacer lo que me gusta, el ayudar a la gente que más lo necesita me da felicidad y si es verdad que la alegría estira años de vida yo voy a vivir muchos”.

Por último brindó un mensaje a la población: “Que sea generosa” ya que “cuando se da algo material se recibe el doble en amor y en afecto”.

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