La foto, la avenida del medio y la dura pelea de Ganancias
El expediente para acordar nuevas alícuotas de Ganancias ya se ha transformado, en términos políticos, en una carrera para mantener capital electoral. En este marco los dirigentes, aunque muchas veces se equivoquen, saben que jugar a ser el bueno de la película es el único modo de mantenerse a flote, en un sistema como el argentino, que es capaz de devorar figuras con una velocidad extraordinaria.
El paso de la normativa por Diputados implicó un enorme cimbronazo para el oficialismo, ya que toda la oposición se unió para infligirle una rotunda derrota aprobando una ley totalmente distinta a la enviada por el Poder Ejecutivo. Sin embargo, y cuando parecía que Mauricio Macri iba a pagar el costo de tener que vetar una ley, lo que implica actitud claramente antipática frente al electorado, jugó estratégicamente para recomponerse y aprovechar el riesgo enorme que tomó Sergio Massa al aparecer aliado con el kirchnerismo duro, entre otros, para enfrentar al PRO y ganarse la simpatía de la gente.
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La foto, donde Marco Lavagna y Axel Kichillof rodeados del massismo y el kirchnerismo daban a conocer la novedad de su alianza transitoria, fue el talón de Aquiles que le permitió el Gobierno mostrar que, una vez más, la avenida del medio del tigrense hace agua cuando hay que tomar decisiones difíciles. En definitiva, Massa buscando quedar como el dueño de la baja de Ganancias, termina atrapado en su propia estrategia. Toda vez que el macrismo está camino a lograr que el Senado frene la ley y se comience a estudiar el tema nuevamente. Al no lograr el objetivo, fue más lo que perdió el tigrense, en lo político, que lo que ganó porque se quedó con una foto que le hace perder capital político al pegarse a un kirchnerismo que en 12 años no quiso arreglar la problemática de Ganancias y se queda con las manos vacías frente a los electores ya que no se aprueba, en definitiva su propuesta en Senadores. Al fin, para aquellos que votaron a Massa en 2015 convencidos de que su alejamiento del kirchnerismo era definitivo, hoy ven cómo no dudó en aliarse y justamente en un asunto como Ganancias, en que la gestión de Cristina Kirchner no hizo nada de lo que ahora alegremente se propone.
Dicho esto, para el macrismo no deja de ser un dolor de cabeza que distintos sectores del peronismo comiencen a acercarse, aunque en este caso de manera fallida. En este juego nadie ignora que la gobernabilidad del Pro depende en mucho de las peleas continuas de las distintas tribus opositoras. Tampoco puede abusar de esa suerte, porque si la política económica no muestra brotes verdes el año que viene, las elecciones de medio término harán a un acercamiento más importante de los sectores peronistas y esto los llevará a una derrota. Por el momento, el peronismo histórico, arraigado en las provincias, acompañó la lógica del macrismo en cuanto a Ganancias. Y al mismo tiempo se alejó de Massa, que difícilmente pueda sacar de la memoria de la gente antes de las elecciones la foto de la semana pasada en Diputados, con todo el concierto kirchnerista. Pero si hay algo que puede hacer que toda esta ecuación cambie es el bolsillo de la gente.
Mientras tanto, la pelea entre Macri y Massa se va enfriando lentamente. Comenzó siendo muy ardiente, el presidente lo acusó al diputado de romper todos los códigos políticos, que tiene que aprender a ser confiable. Que es un impostor y busca sacar ventajita. El diputado le respondió con una carta que hizo pública, con velados reproches y muchos lugares comunes respecto a la unidad nacional, el diálogo y la concordia.
Pero, el martes a la noche en la Casa Rosada se comenzó a mejorar las relaciones con el tigrense; el ministro del Interior Rogelio Frigerio y el titular de la Cámara de Diputados Emilio Monzó se reunieron a solas con el líder del Frente Renovador para intentar descomprimir la tensión y acercar posiciones ante el eventual escenario de que el proyecto por Ganancias, revisado por el Senado, vuelva a Diputados.
Todos coinciden en que será difícil recomponer las relaciones entre macristas y massistas, tras el duro enfrentamiento. Sin embargo también saben que es necesario acercar posiciones porque hay un bien a preservar que es la gobernabilidad y en eso, ambas partes deben hacer el esfuerzo. Por eso, con el envión que significó lograr frenar el tema en el Senado con el apoyo de los gobernadores, Mauricio Macri decidió abrir el juego para que reactivaran el diálogo con Massa.
El macrismo sabe que no sirve frenar la ley en el Senado y modificarla si luego vuelve a Diputados y la oposición sigue monolíticamente en contra. Hay que lograr consensos, porque aunque el jefe de los senadores del bloque del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, mantiene buena relación con el oficialismo, no puede hacer milagros. Por eso el Gobierno buscó en los gobernadores, a quienes les faltarán recursos si se aprueba el proyecto opositor, el camino de una recuperación de la iniciativa para el macrismo y un retroceso para el massismo.
En definitiva, Massa arriesgó capital político con esta jugada, para el kirchnerismo fue más o menos inocua porque de por sí la ciudadanía sabe que siempre fueron deudores en este tema. Y el oficialismo va a tener que enfrentar el mal humor de los votantes que pagan Ganancias, pero lo prorratea con los gobernadores y con alguna mejora que podamos percibir los argentinos antes de las elecciones.
El tigrense, al fin, paga los costos de pretender jugar a la avenida del medio, que no es otra cosa que apoyar alternativamente a unos y otros según le convenga, frente a una sociedad que hoy está profundamente polarizada.
A largo plazo, las elecciones dirán quién ha logrado mantener capital político y quién lo está dilapidando.













