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La falta de prevención amplifica las tragedias

07 de febrero de 2014 a las 12:00 a. m.

Hemos vivido estos días la mayor tragedia en el Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Buenos Aires en toda su historia. Con el derrumbe de una pared de siete metros, nueve personas -entre bomberos y rescatistas- que se encontraban en la calle, murieron durante el incendio de un depósito de la empresa Iron Mountain, en Barracas. Poco después, en el recuento final de afectados habría que sumar a siete heridos.

El dramático episodio, por el que se dispusieron dos días de duelo nacional, comenzó, cuando el fuego se desató dentro del depósito de Iron Mountain, en Azara 1245. Las causas del siniestro las investiga la fiscal de instrucción porteña Marcela Sánchez.

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Para fomento mayor del fuego, en dicho sitio se almacenaba documentación de empresas bancarias, telefónicas y petroleras. Según informó la Justicia, contaba con la habilitación del Gobierno de la ciudad desde el 8 de noviembre de 2007. 

Antes de adentrarnos en el enorme siniestro hay dos cuestiones que iremos desgranando con la historia de lo sucedido: si bien la empresa asegura que la locación cumplía las normas, se está tratando de establecer que los detectores de humo no funcionaron porque los tanques de agua estarían vacíos y como consecuencia no andaban los rociadores. También que hubo mucha desorganización en las tareas de rescate y las del Same.

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Todas cuestiones de prevención que hubieran evitado quizá el desastre o haberlo morigerado evitando las muertes.

El peor momento se vivió mientras se intentaba apagar el voraz incendio cuando una pared completa cayó sobre un grupo de bomberos y personal de emergencia de la ciudad, en la calle Jovellanos al 1200. Más tarde, el techo del predio y otras tres paredes también se derrumbaron. 

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Según la información que analiza la Fiscalía, el derrumbe de la pared que causó la muerte de nueve personas tuvo lugar cuando quienes combatían el fuego intentaban derribar un portón para poder ingresar y combatir las llamas desde adentro.

Entonces se produjo una gran explosión. El lugar se oscureció por una inmensa nube de humo y cenizas de papel quemado. De allí salían bomberos golpeados, pero de pie, que lloraban por sus compañeros desaparecidos bajo los escombros. Mientras tanto, otro grupo de uniformados se acercaba para asistir y consolar a los sobrevivientes. 

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La escena era dantesca. Bomberos y rescatistas sacaban en camillas a sus colegas que habían quedado bajo montañas de ladrillos. Algunos estaban heridos de gravedad; otros ya habían muerto. Los vecinos observaban conmovidos cada una de las escenas. 

Las nueve personas fallecidas, siete bomberos -seis de la Policía Federal y un voluntario- y dos empleados de la Guardia de Auxilio de la ciudad, perdieron la vida cuando la pared se les cayó encima. Según los bomberos, la alarma sonó y alertó sobre el incendio. Poco antes, algunos vecinos habían llamado a los bomberos porque el humo ingresaba por las ventanas de sus casas.

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En total, más de 200 efectivos trabajaron en la emergencia; hubo ocho dotaciones de bomberos, además del personal de la Guardia de Auxilio de la ciudad, Defensa Civil, la Policía Federal y 40 ambulancias del Sistema de Atención Médica de Emergencias, Same.

Pero, como dijimos, el inicio del operativo fue muy desorganizado. Por prevención, las fuerzas de seguridad no habían cortado el tránsito en la zona aledaña al incendio, y tras el derrumbe las ambulancias no podían llegar a tiempo al lugar del hecho.

Por otro lado, entre las voces de las fuerzas de emergencia se escucharon fuertes críticas por la ausencia de un protocolo para actuar. 

Las tareas de remoción de escombros continuaron durante todo el día para buscar a dos personas presuntamente desaparecidas. Por la tarde, el rastrillaje por esas dos personas se había abandonado, confirmada la noticia de que ninguna de las dos se encontraba allí.

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La fiscal Sánchez informó que, una vez sofocado el incendio, comenzarán los peritajes para determinar el origen del fuego. En un comunicado, la empresa Iron Mountain aseguró que el depósito de Barracas “estaba acorde con las normativas locales” y contaba con un sistema “tanto de detección como de extinción de incendios”. Por eso dijimos al comienzo que faltó prevención porque si bien la empresa afirma que tenía todo en regla, nada funcionó.

Las tragedias suceden, muchas veces se amplifican por falta de prevención y eso es lo preocupante, pero también acaban de nacer nuevos héroes, no sólo los que perdieron la vida en el siniestro, sino quienes la arriesgaron tratando de evitar más desgracias.

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