“La edad de la ciruela” en la sala Habemus Theatrum
DE LA REDACCION. Esta noche, a las 21:00, en Habemus Theatrum, Pinto 918, el grupo de teatro “La lata de agua” subirá a escena con la obra “La edad de la ciruela”, del dramaturgo argentino Arístide Vargas Sosa, protagonizada y dirigida por la actriz venezolana Nazareth Gil y la actriz y dramaturga pergaminense Patricia Petri.
“La edad de la ciruela” resalta la vida de una familia donde las mujeres de varias generaciones conviven, sueñan y sufren. Con un lenguaje poético y el uso del absurdo como recurso, la obra va deshilando la historia de una familia latinoamericana en la voz de siete mujeres de diferentes edades y niveles sociales.
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Nazareth Gil y Patricia Petri actúan en una variedad de roles cada una. La asistencia técnica es de Melisa Jacobs y Roxana Navas. Jacobs es también la diseñadora de la imagen de la obra en gráfica. La responsable de las luces y escenografía es Cecilia Allegri.
- ¿Tuvieron que hacer una adaptación de la obra?
Petri: - No hubo una adaptación. Lo que hicimos fue retirar dos escenas porque la obra es muy larga y el autor es consciente de esto. No modificamos el texto porque él lleva metáforas sostenidas y va jugando mucho con esas palabras en boca de los mismos personajes. Sí adaptamos términos al castellano rioplatense.
Nos comunicamos con el autor vía Argentores (Sociedad General de Autores de la Argentina). Arístide Vargas Sosa es argentino pero vive en Ecuador donde actúa y está dirigiendo su grupo llamado Mala yerba, con el que estuvo hace poco en Buenos Aires.
- ¿Cómo descubrieron la obra?
Gill: - Patricia (Petri) es muy investigadora. Al ir al Celcit, Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, tiene esa puerta abierta de leer de primera mano muchas cosas.
Patri: - Hago un curso de Dirección en el Celcit, hace cuatro años. Nos dan una lista de textos. Ahora mi profesor es Carlos Ianni, pero hasta el año pasado fue el maestro Juan Carlos Gené.
El autor hizo algo muy influenciado por el realismo mágico latinoamericano. En la obra, cuyo tema es el tiempo, lleva al extremo lo ridículo, y lo burdo y lo serio a la comicidad. Me llamó la atención su talento para mezclar la vida de una familia latinoamericana con la vida de Latinoamérica política. Hay personajes que son metafóricos: “nuestro padre es el tiempo que está ausente, pasa y nosotros no lo vemos”, dice. O sea, esto de que hay algo superior a América Latina que, aunque no estemos totalmente conscientes, modifica nuestro ser y nuestro hacer, y de alguna manera no nos deja crecer.
- ¿Cuántos personajes hacen cada una y cómo fue la distribución?
Gill: - Patricia hace cuatro personajes y yo hago tres. La distribución de los personajes fue aleatoria. El autor plantea algo, pero cuando nos sentamos a leer fuimos quedándonos con los personajes que al principio decía el autor. Después, por cuestión de fuerza dramática de la obra, cambiamos de lugar dos escenas.
Creo que los personajes se dividieron en la que lleva la obra del lado de la cabeza y la que lleva del lado del sentimiento, aunque a la vez se complementan. Eleonora es la que lleva el sentimiento y va a cuidar a la madre hasta el último día; Celina es la más dura, la que de chiquita era la que hacía las maldades y de grande la más severa.
Estuvimos desde marzo hasta julio solas haciendo un trabajo de mesa profundo, leyendo semejante obra con tanto texto y fueron como cayendo las fichas en su lugar. Después convocamos a Melisa Jacobs y Cecilia Allegri para que nos escucharan, porque necesitábamos la mirada exterior. Cecilia nos acompañó mucho más y eso se traduce en la puesta de iluminación, en la sensibilidad y estética del árbol, de que estén los personajes presentes en el resto de la obra. Quisimos plasmar todo eso porque en el texto está Latinoamérica y el matriarcado en su máxima expresión.















