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La economía informal, una tentación que no encuentra límites

02 de febrero de 2020 a las 12:00 a. m.

Según una encuesta realizada por una consultora privada, el 82 por ciento de los argentinos elige el dinero en efectivo como principal forma de pago, dejando de lado otras alternativas como las tarjetas de débito o crédito.

Este alto porcentaje contrasta con lo que sucede en las economías más desarrolladas del mundo donde el dinero físico se emplea cada vez menos en las transacciones comerciales. También pone en evidencia el alto grado de informalidad de la economía.

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El sondeo, que fue realizado por la consultora Voice’s y la Fundación Uade, indica además que solo un 21 por ciento de los argentinos utiliza con frecuencia las tarjetas de débito al momento de realizar un pago, mientras que apenas un 13 por ciento utiliza las de crédito. Para los responsables de la encuesta, estos números reflejan, por un lado, un bajo nivel de educación financiera de la población; y por otro, confirman un alto grado de informalidad de la economía argentina. La encuesta indagó sobre los hábitos de los consumidores en relación con los medios de pago utilizados con más frecuencia, y buscó también conocer el grado de bancarización de la población en todo el país. Los resultados de este trabajo revelaron, por otra parte, que apenas un 7 por ciento de los consumidores utiliza otros medios de pago electrónico actualmente disponibles. Para realizar el sondeo se tomó una muestra probabilística consultando a 1000 personas mayores de 16 años que residen en distintos puntos del país.

Los responsables del estudio plantean que estos resultados muestran el bajo nivel de bancarización que tienen las transacciones que se realizan en el país y, en ese sentido, observan que es conocido el hecho de que muchos comercios y servicios no aceptan otra forma de pago que no sea efectivo, pese a que existen normas que obligan a aceptar pagos con tarjeta de débito. Esta situación hace que se genere un círculo vicioso que resta transparencia a las transacciones que quedan, por lo general, al margen de la economía formal, con todo lo que eso significa.

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Debe remarcarse que cuanto mayor sea la economía informal más difícil será generar crecimiento económico con inclusión social, ya que los servicios de salud, educación y seguridad pública, entre otros, son sostenidos con los recursos que se obtienen de actividades declaradas ante las autoridades tributarias. Algunos economistas advierten que en los países que tienen tasas impositivas relativamente bajas, con un adecuado marco normativo, y donde se respetan y se hacen cumplir las leyes, el tamaño de la economía informal tiende a ser menor. Cuando ocurre lo contrario, es decir, impuestos muy altos, controles muy laxos y baja conciencia ciudadana sobre la importancia de los tributos, por lo general se observa que es mayor el número de personas que se esfuerzan por ocultar sus transacciones comerciales aumentando así el nivel de informalidad de la economía.

La solución a este problema no es sencilla. Sobre todo, debe tenerse en cuenta que no existen casos exitosos en el mundo que muestren que se ha logrado la erradicación total de la informalidad, y que cualquier medida drástica que se pretenda tomar puede agravar aún más el problema, generando además elevados costos sociales. De manera que lo que cabe esperar es que se diseñen políticas públicas que incentiven a la gradual incorporación de los distintos actores económicos al mercado formal.

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En otras palabras, que tenga más ventajas y sea menos oneroso estar dentro de la economía formal que permanecer al margen con transacciones no declaradas. Claro que esto es un proceso que llevará tiempo y, por lo tanto, con una dosis de realismo hay que decir que no se pueden esperar cambios de la noche a la mañana en esta materia. Pero esto no significa que no queda más alternativa que la resignación ciudadana.

Al contrario, de lo que se trata es de tomar conciencia y de unir los esfuerzos de todos los sectores para construir un país más serio y previsible, porque la Argentina, como cualquier país que se proponga crecer y desarrollarse, necesita contar con un sistema fiable de estadísticas oficiales sobre las distintas variables, como ingresos, consumo, nivel de empleo y población económicamente activa, y esto es más difícil de lograr en una economía donde predomina la informalidad.

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