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La dinámica de la política en tiempos de crisis

02 de julio de 2022 a las 12:00 a. m.

Todo se hace más difícil de resolver cuando las fichas caen a tanta velocidad y se palpa que la decadencia en que vivimos es el fruto de políticas anticuadas y perdedoras que se buscan reciclar desde el Gobierno a como dé lugar. La experiencia de quienes hemos vivido "varias de éstas" ayuda a prepararse para un 2022 al filo de la cornisa, mientras ponemos las fichas en el 2023 electoral, aunque nadie en su sano juicio es capaz de aventurar no tanto un resultado sino un camino que permita atajar todos los penales que se vendrán en seguidilla.

Tampoco hay quien pueda calibrar hacia el futuro cómo será la respuesta de la sociedad que, por su impaciencia cortoplacista, habitualmente es la que destartala el horizonte. 

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Desde la política, la ruptura del Frente de Todos le ha quitado al Gobierno un importante punto de apoyo, mientras que el protagonismo de Cristina Kirchner ha transformado la habitual centralidad que tienen los presidentes en la Argentina en un remedo de la estructura de muchas democracias parlamentarias europeas, donde hay un primer ministro que gestiona, mientras el titular del Ejecutivo solo se ocupa del protocolo. Su frase de la semana pasada "para ganar las elecciones y no cambiar nada es mejor quedarse en casa" fue lapidaria hacia el presidente y revela su deseo de marcarle la cancha. El peor escenario es transitar un tiempo en el que ni el presidente (por su notorio desgaste) ni la vice (para no mancharse) quieran gestionar nada y es eso lo que hoy están viendo los mercados.

Hoy, todos en el peronismo están copiando el proceder de Cristina y han aislado en un gheto al presidente, quizás para zafar del peso de la historia y, sobre todo, para estar "libre de pedigree" para quien llegue en 2023. En ese lote están gobernadores, intendentes, sindicalistas y hasta quienes hasta hace poco eran colaboradores directos del albertismo en la Casa Rosada, cansados de que el titular del Ejecutivo nunca defina nada y de que se empeñe en adelgazar su propia figura a diario.

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Como telón de fondo, pero más presente en los ciudadanos de a pie que en los desvelos de la política de componendas, aparecen la suba de los precios, la pobreza y el desempleo formal, más los tiros en el pie que se pega el Gobierno a diario: el gasoducto nonato, la casi imposible segmentación eficiente de las tarifas para bajar los subsidios que se comen cualquier eventual equilibrio fiscal, las absurdas declaraciones de altos funcionarios sobre el avión venezolano-iraní, la inconcebible política exterior, la imprevisión que llevó a la falta de gasoil y varios etcéteras, junto a dos recurrencias del relato que ya aburren porque son un cliché dibujado en "letras de molde": que la culpa es siempre de los demás (y en esa lista están Mauricio Macri, la Justicia y la prensa que operan para acusarlos y hacerlos quedar mal).

Al frente del escenario, en un gran letrero luminoso que grafica el deterioro y la manifiesta intención de no mover un dedo para ejecutar algo positivo debido a las internas, se observa titilante en rojo furioso el nivel de los 2.400 puntos básicos del riesgo-país, rendimiento que marca el precio de liquidación que tienen los bonos argentinos y número fatídico que tiene menos prensa que el valor del dólar blue. En la misma marquesina se pueden ver el atraso cambiario y la expansión de la brecha, el probable número negativo del nivel de reservas líquidas o el imponente déficit fiscal, hijo del gasto público. En el rol de apuntador de las escenas se ubica el FMI, que aprobó el trimestre pero recordó que antes de fin de año habrá que cerrar los números sin que haya aumentos "discrecionales" en salarios y jubilaciones.

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Y mientras el populismo regente hace un culto del consumo como método y dice creer en el cierre de la economía y en la sustitución de importaciones con algún tipo de industrialización, le otorga "cotos de caza" a los amigos como el ensamble de electrónicos fueguino. Por otro lado, recela del campo productor y adora los controles y los cepos, mientras trata de exponer la supuesta maldad intrínseca de los empresarios y cobra impuestos a lo pavote. No hay contexto en este cuento para la inversión y sin inversión no hay empleo genuino, privado y formal. Así es como el país se está desvaneciendo.

Un nuevo escenario está planteado y la vicepresidenta ha tomado el papel estelar, bajándole el pulgar a quien ella ungió como candidato, después de haberlo hecho limar bastante a través de las redes sociales y medios afines. A ese mismo presidente a quien la sociedad eligió bajo el espejismo del "volvieron mejores". Las mayorías habrán tenido sus motivos y hasta acá se ha llegado por sus decisiones, pero los resultados son los que mandan. A esta altura del descalabro, no son pocos los que se plantean un escenario extremo y hablan de Sergio Massa como cuarto integrante de la sucesión presidencial. Difícil sería que, en este momento, Cristina abandone sus fueros.

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De los múltiples errores cometidos por una dirigencia que impulsó el fanatismo populista (que se disfraza de izquierda o de derecha, pero que es conservadora por naturaleza) de cara a la construcción de una nueva burguesía que los contenga solo a ellos, muchos de los traspiés han sido generados también por la desidia, el desinterés o por el fanatismo de la ciudadanía. Más allá de las responsabilidades, la dinámica de la realidad está haciendo su trabajo de modo más que crítico y los tiempos se aceleran dramáticamente.

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