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La dificultad económica para acceder a los alimentos saludables

10 de marzo de 2023 a las 12:00 a. m.

Los hábitos alimentarios de amplios sectores de la población se vieron afectados por el incremento en los precios de algunos alimentos frescos, como frutas y verduras, que los convierten en productos inalcanzables para muchos hogares en los que la caída del poder adquisitivo golpea con más dureza.

El problema se agrava ya que, ante la dificultad de acceder a productos con mayor valor nutricional, aumenta la tendencia al consumo de alimentos poco saludables.

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Está comprobado que la suba de precios de los productos de la canasta básica muchas veces inclina la balanza a favor del reemplazo de alimentos más saludables por otros con bajo nivel nutricional y ultraprocesados que predisponen al sobrepeso. El problema, lamentablemente, no es nuevo. Es por eso desde hace varios años Argentina está entre los países de América Latina con la tasa más alta de obesidad infantil.

¿Se puede decir, entonces, que la mesa de los argentinos ha perdido valor nutricional? Todo parece indicar que sí. De ahí la importancia de promover el consumo de alimentos más saludables y de adoptar medidas para que estén al alcance de las familias de menores recursos.

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Según la OMS, una alimentación saludable es aquella que, basada en criterios de equilibrio y variedad y de acuerdo a las pautas culturales de cada grupo poblacional, aporta a las personas una cantidad suficiente de nutrientes esenciales. En octubre de 2021 se sancionó la ley nacional 27.642, de Promoción de la Alimentación Saludable, también conocida como Ley de Etiquetado Frontal. Dicha norma tiene por objeto garantizar a la población el derecho a la salud y a una alimentación adecuada, a través de la promoción de alimentos saludables, brindando información nutricional en forma simple y comprensible de los alimentos envasados y bebidas sin alcohol. Obliga a empresas que producen alimentos y bebidas que contienen grasas totales, grasas saturadas, sodio, azúcares o calorías, a informar el contenido de sus productos con una etiqueta octogonal con fondo negro en los envases que advierta sobre la presencia de nutrientes críticos. Es que, más allá de la situación económica crítica que hoy atraviesan muchos hogares, la fuerte presencia de bebidas y alimentos ultraprocesados en las góndolas también provocó un cambio en los hábitos alimentarios de la población, que consume más productos con alto contenido en grasas saturadas, azúcares, sodio, grasas saturadas y calorías. Hay que recordar que la ley de Etiquetado Frontal no prohíbe la comercialización de ningún producto que esté disponible en el mercado.  Lo que sí establece es que sean comercializados en envases que tengan una etiqueta octogonal negra, con borde y letras de color blanco, que advierta al consumidor sobre el contenido de los que sean considerados críticos según criterios basados en el Perfil de Nutrientes elaborado por la Organización Panamericana de la Salud.

Una investigación realizada por el Ministerio de Salud de la Nación, que luego fue volcada en el informe "Evaluación del Desempeño del Etiquetado Frontal de Advertencias frente a otros modelos en Argentina" publicado en el año 2020, llegó a la conclusión que el etiquetado frontal con sistema gráfico de advertencias octogonal negro en los productos envasados resulta ser "el más visible, comprensible, claro y eficaz para identificar nutrientes críticos en exceso, transmitir una mayor percepción de riesgo para la salud y un mejor desempeño para disminuir la intención, tanto de consumo como de compra en el territorio argentino" de los productos menos saludables.

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Los datos de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud del año 2019 (últimos disponibles) indican que la proporción de población que refiere haber consumido diariamente los alimentos recomendados es muy baja y, por el contrario, es alta la proporción de la población que dice consumir diaria o frecuentemente alimentos como bebidas azucaradas, productos de copetín, golosinas y productos de pastelería. Según el mismo sondeo el 67% de las escuelas públicas provee algún alimento a los estudiantes y el 71 % de las escuelas tiene quiosco, mientras que niños, niñas y adolescentes consumen un 40 % más de bebidas azucaradas, el doble de productos de pastelería o productos de copetín y el triple de golosinas respecto de los adultos. Los hábitos alimentarios son influidos en gran medida por la disponibilidad, el costo y la variedad de alimentos. Por eso es necesario impulsar medidas que aseguren a toda la población el acceso a una alimentación digna y que al mismo tiempo promuevan hábitos más saludables.

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