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La corrupción es un mal inevitable, la diferencia la hace la respuesta

06 de abril de 2016 a las 12:00 a. m.

Esta semana ha sido particularmente intensa en términos de corrupción en la Argentina, Ricardo Jaime (el exsecretario de Transporte kirchnerista) está preso, se ha citado ahora al exministro de Infraestructura Julio de Vido por la misma razón. Ayer por la tarde fue detenido el empresario Lázaro Báez, de probados vínculos con el gobierno anterior, y junto a él cayo el contador de “La Rosadita”, Daniel Pérez Gadín. Y el actual presidente Mauricio Macri también fue alcanzado por las sospechas tras la revelación de los llamados Panamá Papers, en los que consta que figuró como miembro del directorio de dos firmas offshore que nunca figuraron en su declaración jurada

Cada una de estas novedades trajo su repercusión aunque sin dudas la de los tres detenidos se llevó los laureles. Los argentinos quedamos anonadados al ver esposados a tres acusados de delitos vinculados con el poder político. Inédito. 

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Macri habló en una entrevista que dio al programa Voz y voto, de Córdoba, nota que ya estaba pautada desde hacía 15 días, pero en la que tuvo que enfrentar las preguntas sobre su relación con Fleg Trading, una de las compañías en la que aparece su nombre, creada en 1998 y cerrada diez años después, que fue parte de las filtraciones de documentos de paraísos fiscales que involucraron a líderes mundiales.

La defensa de los funcionarios para con el presidente fue cerrada. Rogelio Frigerio dijo que a Macri se lo puede investigar, pero se mantuvo en línea con la posición oficial de la no existencia de delito. La vicepresidenta Gabriela Michetti contó que lo había llamado para consultarle y relató que Macri tiene “tranquilidad absoluta de conciencia”. Por el caso hasta debió responder la canciller Susana Malcorra, que consideró el procedimiento legal y que, por lo tanto, no afectará la imagen del Gobierno ante el mundo.

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No es un tema menor, aun cuando no haya delito, por la enorme expectativa que tiene la sociedad respecto de ver otra actitud frente a la corrupción o frente a cuestiones ante las cuales los ciudadanos comunes siempre tenemos que responder mientras que otros “se la llevan de arriba”.

La corrupción, mal que nos pese, es inherente al ser humano. Y en una organización humana como lo es cualquier administración, y puntualmente el Estado, va de suyo que pueden suceder episodios de esta estirpe, aunque quien esté al mando pretenda evitarlo. Es imposible domar la voluntad del otro, el tema es qué se hace cuando ese otro sucumbió ante este delito.

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La protección del poderoso implica en este caso connivencia, complicidad, al menos presunta. Si no, ¿por qué otro motivo no proceder acorde a la propia moral? Puede haber otra razón y esta no se aleja demasiado de la corrupción: el tener, como vulgarmente se dice, “la cola sucia” o “un muerto en el placard”. El temor a que el otro “prenda el ventilador” suele ser causa de silencios cómplices, de “dejar hacer”, de omitir, de frenar el avance de la Justicia. 

En este punto está la diferencia que puede hacer un Gobierno de otro: en la respuesta ante los hechos consumados. La corrupción no va a desaparecer, porque el ser humano tiene su lado oscuro y cuando se activa toma caminos equivocados. Del mismo modo que jamás han desaparecido los delitos comunes, los asesinatos, las violaciones, los robos. El tema es cómo se previene y cómo se combate.

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Durante el kirchnerismo, como en el menemismo también, la corrupción no sólo no se combatió sino que se intentó proteger a todos los funcionarios envueltos en denuncias por hechos ilícitos, aun cuando es claro que no siempre un presidente pueda responder por sus colaboradores, es claro que tampoco en estas administraciones se arbitraron los medios al alcance para que los engranajes de la Justicia hicieran su trabajo. Tal vez por la “cola sucia” de la que hablábamos o directamente por complicidad, porque siempre el sistema “salta” por el lado más endeble, el famoso “perejil” que no hizo más que acatar órdenes o cobrarse favores, o tal vez emular como cosa natural los movimientos que vio de sus superiores.

Macri se ha comprometido a revertir esta realidad y reaccionar con la lógica opuesta a la que veníamos viviendo, la lógica que ayer quedó bien en claro al ver que causas que involucran a personajes denunciados desde hace ya 10 años recién se activaron al dejar los espacios de poder quienes figuran en la causa autores de la ingeniería del fraude con dineros públicos. 

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El actual presidente, como muchos anteriores (recordemos el traje a rayas que prometió Néstor Kirchner) aseguró que daría serio combate a la impunidad, que es algo así como la coronación de la corrupción. Dijo que de encontrar un funcionario suyo cometiendo un hecho ilícito, lo llevaría a Comodoro Py para que rinda cuentas.  Quizá deba hacerlo durante estos cuatro años porque algún funcionario se puede desviar. Quizás debe someterse él mismo. Y hay que esperar qué sucede con la causa que involucra a Fernando Niembro con el Gobierno de la Ciudad en tiempos de Macri.

Si el presidente cumple en este sentido, todo lo demás que haga en términos económicos, de obras, de inversiones, tendrán el respaldo garantizado. Porque la sociedad atraviesa por una intoxicación de tanta información de corrupción, se siente indignada, engañada, y lo que más desea es salir de eso. Ese es el cambio por el que se lo votó. Ahora, si en cambio la impunidad sigue, todas las medidas que tome el Gobierno, por más necesarias y oportunas que sean, contarán con el rechazo asegurado de gran parte de la población.

 

En síntesis, ganar la batalla a la impunidad, es ganar la guerra. 

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