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La CGT muestra una sorpresiva paciencia con el Gobierno

14 de octubre de 2016 a las 12:00 a. m.

El paro nacional previsto para este mismo mes, el primero que planeaban hacerle al Gobierno de Mauricio Macri, quedó desactivado. Lo que no deja de sorprender a quienes conocen a la CGT y su eterno comportamiento en las gestiones no peronistas. Los gremios han dejado de lado su natural tendencia a los planes de lucha, sin resignar -dicen- sus reclamos y sus banderas históricas.

Lo cierto es que no habrá paro general por el momento y esto es visto como tregua por la sociedad y como traición algunos gremios de la central obrera.

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La CGT, al tiempo que anunció que se desactivaba el paro tras una negociación con el Gobierno, también indicó que la recientemente unificada central sindical no se va a romper pese al malestar de algunos sectores, como los camioneros de Pablo Moyano o los bancarios de Sergio Palazzo que reclaman ya una medida de fuerza.

El Gobierno no hizo concesiones muy importantes a los gremios, teniendo en cuenta las demandas históricas, las presentes, y el apremio social que se vive.  Solo acordó un bono de fin de año de 1.000 pesos para jubilados de haberes mínimos y familias cuyos hijos cobren la Asignación Universal, además de la exención del pago del impuesto a las Ganancias de los medio aguinaldos de  hasta 15 mil pesos y para aquellos que tengan salarios menores a 55 mil pesos en bruto, solo por diciembre.  Lo más importante, en realidad, no es la oferta en sí misma sino que este jueves la Casa Rosada convocó a una mesa de diálogo entre empresarios y sindicatos para debatir sobre productividad, empleo y salario. Una mesa que comenzó promoviendo la Iglesia y que se tradujo en un pedido del Papa Francisco a los sindicatos para que posterguen cualquier medida de fuerza hasta ver cómo funciona esta mesa de diálogo. Muchos ven en esta intervención papal el verdadero factótum de la suspensión del paro. 

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Macri ya viajó a Roma para asistir a la canonización del Cura Brochero y ver al Santo Padre; le lleva como tributo el inicio de la mesa de concertación que tanto pretende la Iglesia.

De acuerdo a cómo vienen funcionando la economía argentina en la actualidad, si la concertación de la mesa fracasa será seguramente más por la postura de los empresarios que por el Gobierno o por los gremios. No es una hipótesis temeraria sino una mirada comprensiva de la realidad que estamos viviendo.

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No podemos ignorar que se logró frenar un paro general convocado por la CGT sin lograr ni la reapertura de paritarias ni ningún beneficio para los trabajadores que cobran menos que el piso de Ganancias. En cambio Mauricio Macri tuvo que volver a reclamarles compromiso a los hombres de negocios en el Coloquio de Idea, donde fue muy aplaudido. Sin embargo el mayor problema que tiene el Gobierno a estas horas es la recuperación de la economía y entre los factores que la determinan, la inversión privada no aparece y el corazón del plan macrista hace agua por esta cuestión.

La reactivación económica que no llega pasó a ocupar el centro del debate y es la clave de la agenda electoral del año que viene. La posibilidad de que el PRO gane las legislativas de medio término depende, sin duda, del nivel de crecimiento que se logre.

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Algunos empresarios enfatizan la profundidad de la recesión para negociar mejor el bono navideño. En los gremios, en cambio, dramatizan la erosión de la inflación sobre el salario. La puja se tramitará en una mesa de diálogo que Macri anunció.

No es sencillo analizar el motivo íntimo de la CGT para adoptar esta actitud casi contemplativa, cuando en otras etapas han sido claramente salvajes en su manejo con el poder. Algunos consideran que nuestros sindicatos han madurado y no quieren iniciar una lucha que quizá tenga mal destino, más cuando este Gobierno los recibe e intenta conciliar con ellos, aun cuando lo que ofrece, en general es bien poco. Otros sospechan que todo se debe a una cuestión de dinero ya que recibieron los primeros aportes de las obras sociales. Fondos que el kirchnerismo no sólo les arrebató sino que nunca quiso devolvérselos mientras Cristina fue presidenta. Pesa también el énfasis puesto por esta administración en aportar transparencia y dinamitar todos los focos de corrupción, lo que a más de un sindicalista –por no decir todos- le genera temor. Obviamente que el sector K los considera “traidores” y así lo reflejan sus militantes en todas las redes sociales. Ellos quizá esperaban tener en los sindicatos una punta de lanza para fomentar el conflicto social en beneficio propio. No pudo ser.

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En realidad, si no lo viésemos no creeríamos a priori que la CGT iba a tener este comportamiento con el PRO, que es un gobierno en las antípodas del peronismo. Posiblemente -y esta es una interpretación como tantas otras a las que se pueda adherir- los dirigentes gremiales que son “zorros” viejos, no ven el momento propicio para una estocada dura y pura como un paro general.  Saben que si bien hay claro descontento económico, Macri mantiene una alta expectativa en grandes sectores sociales y quizá esperen un momento de mayor desgaste del Gobierno para endurecer posiciones. Una paciencia y un plazo que a otras administraciones no peronistas no le dieron.

La expectativa ahora está puesta en la mesa del diálogo con empresarios y el Gobierno, porque si las conversaciones no avanzan por buen camino y todas las partes no ceden algo, el conflicto escalará con toda seguridad.

 

Esperemos que todos estén a la altura de la situación que atraviesa la Argentina.

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