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La causa Nisman debe salir de la trampa ideológica y avanzar

20 de enero de 2017 a las 12:00 a. m.

dos años de la aparición con un balazo en la cabeza del fiscal Alberto Nisman, que investigaba el atentado más importante de la historia argentina, quien cuatro días antes de morir había denunciado a la entonces presidenta Cristina Kirchner y parte de su Gobierno como posibles encubridores de los acusados de haber volado la mutual judía, la investigación en la Justicia sobre este hecho se reinició, no habiéndose logrado hasta ahora ningún resultado concreto. Pasaron 24 meses en los cuales la causa se manoseó, se embrolló y se politizó a punto tal que todavía se discute si el 18 de enero es la fecha de la muerte o el 17 en realidad. No sabemos nada en forma fehaciente, y la dirigencia opina sobre esta causa de acuerdo a su posicionamiento ideológico, sin tener en cuenta que la situación, el magnicidio, es lo suficientemente grave como para escuchar comentarios más serios, fundados en pruebas, desprovistos de intereses particulares y posicionamientos. Lamentablemente la Justicia parece haber caído en la misma trampa y el expediente avanza o retrocede según  los prejuicios políticos de los magistrados y funcionarios por donde pasa el caso.

Parte de esa grieta que también envolvió la muerte del fiscal se vivió en el acto en que una multitud se congregó junto a Sandra Arroyo Salgado abrazada a sus hijas Iara y Kala, y a su exsuegra, Sara Garfunkel, exesposa, hijas y madre de Nisman, respectivamente. El desaparecido fiscal fue homenajeado en la Plaza de Mayo con miembros de la Justicia y la comunidad judía, al cumplirse dos años de su misteriosa muerte.

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El acto, al que asistieron más de mil personas, duró algo menos de una hora y tuvo nutrida presencia del Gobierno, combinando el tono emotivo con durísimas críticas a la expresidenta Cristina Kirchner, a su canciller Héctor Timerman y a la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó. Los tres oradores (el familiar de la Amia Luis Czyzewski, el escritor Federico Andahazi y el fiscal Germán Moldes) los acusaron de querer ensuciar a Nisman, que falleció un día antes de presentar en el Congreso su denuncia contra la exmandataria y otros funcionarios por presunto encubrimiento de la responsabilidad de Irán en el atentado contra la mutual israelí.

No es un avance en la situación que atravesamos, porque si en lugar de haber ganado Mauricio Macri ganaba Daniel Scioli otros hubiesen sido los oradores del acto y otras las posturas, porque todo termina en la Argentina teñido de ideología y acá lo que estamos esperando son certezas, queremos saber quién, por qué y cómo murió un fiscal de la Nación que investigaba una materia tan delicada como el mayor atentado ocurrido en la Argentina.

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Y tras un fallido derrotero judicial se ha reabierto la causa y los nuevos investigadores del caso, el fiscal Eduardo Taiano y el juez Julián Ercolini, trabajan sobre la nueva hipótesis de que Nisman murió el sábado 17 de enero de 2015, y no al día siguiente, como se convenció la primera fiscal que trabajó en la pesquisa, Viviana Fein. Se analizan nuevas pistas que, en realidad, son datos que en su momento no fueron profundizados. Uno de ellos es el papel que jugó en esta trama el supuesto experto en informática de Nisman, Diego Lagomarsino, el dueño del revólver del que salió el disparo que mató a su jefe y también sospechado de ser no un simple asesor privado sino un agente técnico de la exSide. Vaya el caso de Lagomarsino como ejemplo: ¿cómo puede ser que aún no se pueda constatar siquiera cuál era la ocupación de esta persona, que justamente fue la única en ver con vida a la víctima, además de ser el propietario del arma desde donde salió el tiro mortal? Esto habla a las claras de que hay gente que todavía no dice todo lo que sabe, que no alcanza a comprender que esto no se trata de quién gana políticamente según se determine el tipo de muerte que tuvo Nisman sino de una cuestión de humanidad primero, para con los deudos, y de responsabilidad segundo, de cara a la Justicia y la sociedad. Si Lagomarsino no habla porque su libertad está en juego, ¿nadie más puede dar cuenta de él, de lo que hacía? Es cierto que todo se hizo mal desde el principio, comenzando por la fiscal Viviana Fein y Sergio Berni que estuvieron en el lugar en las primeras horas. También sabemos que la Justicia marcha a pie en nuestro país. Pero lo que más complica esta causa es el ocultamiento de información por parte de quienes mucho saben pero que tienen mucho que perder políticamente hablando.  Es triste que en sus prioridades, el posicionamiento esté por delante del esclarecimiento de una muerte, algo que por un lado merece quien en vida fue el ciudadano Nisman, y por otro tanto consuelo traería a su familia, al tiempo que para la sociedad sería la señal de que no estamos en una selva, donde lo que vale es la ley que impone el más fuerte.   

Recientemente se inició un nuevo estudio de las personas que pudieron haber entrado al departamento de Nisman durante las horas en las que él no se comunicó con nadie, es decir, desde las 20:20 del sábado en adelante. También se sigue una pista importante, tras un allanamiento que la policía le pidió realizar en una dirección de la provincia de Entre Ríos, donde los peritos informáticos determinaron que era el sitio al que correspondía una dirección de IP de Internet desde la que entraron de forma remota a la computadora de Nisman. La Justicia analiza pruebas que nunca nadie estudió como se debía: hay imágenes de al menos 14 personas que suben al ascensor en el piso 13, en el que vivía Nisman, o lo marcan desde la planta baja o el subsuelo. ¿Quiénes son? También sería interesante conocer el papel de Jaime Stiusso un hombre clave de inteligencia que era el informante del fiscal en este caso.

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Que estos interrogantes no tengan respuesta a esta altura habla a las claras de que esta causa, compleja por los intereses cruzados que sostiene, no se ha investigado en serio, dejando a la sociedad argentina en la peor de las situaciones: la de ver la impunidad de un hecho de tanta gravedad.

Nadie ignora que es una de esas causas difíciles, donde ingresan desde las internas de los espías, las intrincadas relaciones entre las agencias de Inteligencia de distintos países, un caso como el de la Amia, cuyo atentado aún está en la oscuridad, no porque no sepamos que, en el fondo, los iraníes tuvieron que ver con la voladura a la mutual judía sino porque no están todas las certezas. Un expediente que también pasó por un espantoso manoseo, la pista local llevó a la cárcel a expolicías que al fin hubo que dejar en libertad e indemnizar, jueces filmados ofreciendo dinero a cambio de declaraciones. Un desastre.

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Lo que pretendemos es que la muerte del fiscal no corra la misma suerte. Dos años después, la causa que debe dilucidar por qué, cómo, y cuándo falleció el investigador del atentado a la Amia, y saber si la denuncia que Nisman iba a efectuar sobre Cristina Fernández tiene asidero primero y si al fin esta circunstancia tiene relación directa con la muerte. La causa con todos estos condimentos, de algún modo, acaba de volver a empezar. 

 

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