La cara populista de Macri
Algunos economistas como el pergaminense José Luis Espert, comunicadores como Nelson Castro de TN, entre otros, hablan de un Mauricio Macri populista, lo acusan de hacer kirchnerismo o Edi Zunino (Revista Noticias) que advierte que hace populismo cheto, entre otras críticas que van en el mismo sentido.
Estas afirmaciones merecen por lo menos un análisis económico y uno político, porque de la sumatoria de ambas cuestiones se puede entrever el particular momento que vivimos.
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El presidente dedicó el primer semestre del año a cuestiones urgentes, que dañaban la economía en función de un proyecto de inversiones a las que aspiraba. Así llegó el fin del cepo cambiario, la devaluación que trajo y el ajuste planeado en despidos del sector público agigantado, a lo que se sumaron a la inflación y la problemática de las tarifas. Poner en valor la energía y el gas que se consume fue realmente un tema serio, no se hizo bien y todo terminó en un enredo judicial del que apenas podemos salir.
Macri intentaba en esta primera etapa salir de los conflictos más serios que le dejó el populismo kirchnerista, pero siempre teniendo como norte la llegada de inversiones que permitirían morigerar el ajuste, equilibrar el empleo y evitar el pesado déficit fiscal heredado.
La realidad es que el empresariado no respondió, ni en lo que hace a inversiones ni en lo que hace al blanqueo de capitales, que a esta altura va camino al fracaso.
Con el ajuste a pico seco es decir sin que ingrese un peso genuino de inversión, solo los dólares de la deuda que se pudo contraer, tras haber pagado a los fondos buitre (una buena decisión) se cayó irremediablemente en la recesión. Las reglas de la economía son más claras que el agua, como bien saben los especialistas en el tema: si se ajusta y no hay inversión, el mercado interno se retrae.
Claro que la inflación, que fue galopante en este primer semestre y los salarios que no acompañaron en los mismos porcentajes, terminaron por generar esta recesión, que tracciona los precios a la baja, pero a un costo social que no es sencillo de pagar.
Político al fin, Macri debió recurrir a la fórmula estrella del populismo, el asistencialismo urgente para frenar el hambre, ampliación de los planes sociales y pago de deudas a jubilados; relanzamiento de la obra pública, con dinero propio y permanencia de los Precios Cuidados y el Ahora 12; promoción del turismo con feriados, mantener una presión fiscal muy alta y al fin recurrir a la emisión monetaria. Los parches tradicionales que evitan que las papas quemen, que salvan el momento pero que no contribuyen a la solución de fondo. Como hemos planteado en otras oportunidades, cuando la asistencia es permanente y a la par no se procuran herramientas para sacar a la gente de ella, la sociedad no deja de ser pobre sino que se perpetúa en ese estado.
Así estamos llegando a fin de año con el mismo alto déficit fiscal de siempre, con inflación que aún no termina de ceder, una recesión visible y un clima social enrarecido.
Lo único que sí ha podido plasmar Macri de la plataforma con la que llegó al gobierno es la transparencia, que ha redundado en que muchos desórdenes que cuestan caro al Estado se pongan en caja, como las pensiones por invalidez otorgadas indiscriminadamente. Sin embargo, aunque se hable de cifras siderales, la incidencia de estos fondos mal dados que se recuperan es mínima en el déficit.
Y aquí ingresamos al terreno más peligroso: el político. El presidente hasta ahora en realidad no ha tenido oposición seria; el massismo le ha facilitado el camino en ese juego de dadores voluntarios de gobernabilidad como los llama Jorge Asís, pero tratando de sacar bocado cada vez que los legisladores levantan la mano en apoyo.
El peronismo ha soportado como ha podido la exhibición de la corrupción K, y mientras se reordenan, lo que no les resulta fácil con Cristina Kirchner que se les cuela en medio de la escena, se han mostrado prudentes como si no quisieran llamar mucho la atención. Buenas formas y algunos apoyos a leyes macristas, no a todas. Pero el tiempo pasa, los temas cansan y corrupción en la Argentina lleva décadas, con una matriz intacta. La misma familia Macri fue parte del juego de la obra pública durante los últimos 40 años y este será uno de los temas que usará hasta el cansancio el peronismo cuando se reordenen sus filas, como algunos ya han dejado trascender.
Además los argentinos piensan mucho con el bolsillo e indudablemente si hay recesión, las obsenidades del gobierno kirchnerista en cualquier momento dejan de ser escándalo, si el Gobierno no logra resultados económicos.
Otro elemento a favor del PRO es que la combativa CGT de otras épocas, tiene tantas dudas en hacer un paro que son centro de burlas de todo tipo en las redes sociales de parte del peronismo duro. Es que a los muchachos, aviesos como ellos solos, los calmó la devolución de parte del dinero de las obras sociales, que es mucho y el gesto aún los tiene contentos. También andan con el rabo entre las patas y avanzan con pie de plomo porque los invade el temor de un carpetazo al estilo Caballo Suárez, ya que todos son pasibles. Ni hablar del miedo que tienen a que el Gobierno avance sobre una reforma de los estatutos sindicales que les ponga límite a sus reelecciones.
Pero el año electoral ya está tocando la puerta y todos los actores políticos se van reordenando y para el Gobierno la situación es cada vez más apremiante respecto de contentar a la mayor cantidad de sectores sociales.
Macri pretende demostrar que se puede gobernar la Argentina con bajo o nulo nivel de populismo, pero la realidad y las propias medidas que tomó le están imponiendo un rostro de cierto populismo, como si debiera peronizarse un poco camino a 2017.
La falta de inversiones (siempre volvemos a este punto de inflexión porque es la gran apuesta que le falló a Macri) hizo que no se pudiera probar la teoría del derrame, la que tampoco se cumple siempre aunque haya inversión dicho sea de paso. Y tuvo que derramar fondos del propio Gobierno para que el tejido social no se lastime más.















