La campaña anticipada golpeó en el Parlamento
Aun año y medio para las próximas Paso, la campaña electoral se ha adelantado de la mano del propio Gobierno, que puso en marcha una estrategia para la reelección del presidente Mauricio Macri. Comenzaron los timbreos oficialistas y la oposición acelera el paso para rearmarse ante la puesta en marcha de la maquinaria de Cambiemos. Es inevitable que eso suceda si el macrismo apura la campaña.
Y como no podía ser de otra manera, esta situación impacta de lleno en la agenda parlamentaria, por lo que no es de sorprender que Marcos Peña en su informe bimestral al Congreso se encontrara con un clima enrarecido. Los cruces entre opositores y oficialistas fueron duros y los reproches cruzados inundaban el ambiente.
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Y la oposición encontró en Luis Caputo, ministro de Finanzas y hombre clave en la toma de deuda del exterior, la figura que podía nuclearlos para enfrentar al macrismo. Y aunque la idea era llevarlo al recinto para una interpelación, Peña logró con el acuerdo bajo cuerdas del peronismo dialoguista- que concurra la semana próxima a una de las comisiones de la Cámara de Diputados donde deberá responder sobre sus vinculaciones con empresas offshore, las supuestas incompatibilidades con su rol de funcionario y por qué no declaró sus actividades con fondos de inversión ante la Oficina Anticorrupción.
Frente a un mar de agrias críticas Peña defendió a sin cortapisas a Caputo, al que ratificó por su integridad, su honestidad y su transparencia en la función. Pero las acusaciones y la presión opositora que catalogó de escándalo la situación hizo que Peña accediera al mal menor que era ir a una comisión y no al plenario a dar explicaciones.
Los legisladores piden discutir con Caputo tanto la cuestión de la deuda pública, porque los niveles de endeudamiento son una crítica constante, como aclarar cuestiones que hoy se discuten a nivel público y judicial como la eventual relación de Caputo con sociedades y fondos off offshore.
Se generaron los ya clásicos cruces entre Peña y el exministro Axel Kicillof, quien sostuvo que el Gobierno se convirtió en una guarida, una cueva y pidió apartar a Caputo, tras recordar el caso del exsubsecretario general de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan, que renunció tras revelarse que tenía una cuenta de 1,2 millón de dólares en Andorra. A Gilligan lo echaron. A Caputo no paran de encontrarle cosas todos los días, es lo de Gilligan multiplicado por diez, dijeron. Peña le dijo quieren plantear que las offshore son corrupción, pero corrupción son los bolsos de López y hubo aplausos y abucheos de cada sector del Parlamento. Otros legisladores massistas y peronistas dijeron que era un delincuente de guantes blanco, que no tenía autoridad moral para ser ministro.
Es cierto que Caputo tiene explicaciones que dar, pero también que el oficialismo lo necesita desesperadamente por su experiencia en cuestiones como la deuda pública. De modo que naturalmente teniendo la posibilidad cierta de atacarlo por aparecer en Paradisse Papers, ningún sector opositor se negaría a aprovechar la oportunidad.
Otro tema que levantó polvareda fue cuando Peña dijo que la inflación está bajando, justo cuando la inflación de febrero fue del 2,4 por ciento publicado por el propio Indec. En fin que lo vapulearon desde las bancadas opositoras en un tema donde el Gobierno no encuentra la salida, aunque diga lo contrario.
Hasta los obispos cayeron en las garras del debate, cuando desde el bloque de Martín Lousteau (filo oficialista) preguntaron qué salarios paga el Estado a los dignatarios de la Iglesia, Peña dio detalles de acuerdo a la jerarquía, siendo el de un obispo algo más de 46 mil pesos mensuales. Es que en este enfrentamiento ningún tema quedó afuera de la pelea.
Los funcionarios con fortunas depositadas en el exterior fue otro de los escándalos de la jornada. Un asunto difícil si los hay para el oficialismo, siendo los radicales los que más sufren cuando tienen que hablar del asunto.
Los que conocen los vericuetos del macrismo, dicen que viendo las dificultades propias de obtener consensos en el Parlamento, están mirando una agenda con eje en temas muy sensibles al humor social, como el aborto, licencias paternales e igualdad de género, sumados a una clara revitalización de la obra pública. En cambio, se ha decidido desacelerar la discusión de otros asuntos cuyo tratamiento parlamentario ha restado varios puntos al oficialismo en la consideración ciudadana, como la reforma laboral y las leyes sobre transparencia institucional.
Estas cosas suceden cuando se lanzan en forma anticipadas las campañas, el clima político se endurece en un año que no es electoral y que es el que hay que aprovechar para avanzar en temas no siempre simpáticos pero muchas veces necesarios. Así, terminaremos teniendo una suerte de año perdido en muchos asuntos que el propio Gobierno tenía en carpeta.
Nadie ignora en este esquema de la política argentina que el apresuramiento electoral de un oficialismo imprime velocidad a la carrera opositora. Si durante cada año electoral el Congreso se adormece como consecuencia de la campaña, adelantarla traerá el mismo efecto.













