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La ausencia presidencial hizo recrudecer las internas domésticas

05 de noviembre de 2013 a las 12:00 a. m.

Es probable que, si no surgen inconvenientes, Cristina Kirchner reasuma sus funciones este viernes. Ese día, después de un último estudio de rutina, le darían el alta. De acuerdo a lo que dicen los médicos, el estado físico de la presidenta es satisfactorio.

De todas maneras nadie sabe en qué estado de ánimo volverá Cristina a la función, ya que desde que la operaron, redujo sus contactos a la familia, sobre todo a su hijo Máximo, y a los médicos. Carlos Zannini y Oscar Parrilli sólo la vieron unos minutos por día, y por cuestiones impostergables.

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Muchos días dedicada a pensar en soledad, le genera tensiones a más de un funcionario. Sobre todo porque los médicos que la atienden piden concretamente: “Deberá evitar las exposiciones al estrés”. La verdad es que si vuelve a la función es imposible que eluda tensiones, porque son propias de la presidencia.

Pero además, nadie conoce cuáles son los planes de Cristina Kirchner para transitar los próximos dos años. Y esa situación ha generado incertidumbre y temores en el Gabinete, lo que ha hecho dejar al desnudo las peleas intestinas.

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Por eso, uno de los problemas para cuando regrese  la presidenta es un elenco donde han florecido las peleas. En las últimas semanas se especuló mucho sobre la posibilidad de que desplace a Juan Manuel Abal Medina para descargar en otro jefe de Gabinete la gestión cotidiana. Estas hipótesis tienen en vilo a los ministros, porque podría anunciar un cambio más amplio en el elenco. 

Para los más íntimos como Carlos Zannini la situación tampoco es sencilla. Carente de aliados, su ventaja es almorzar o comer todos los días con la mandataria. Para él, la presencia más frecuente de Máximo Kirchner en Olivos es un riesgo, porque aumenta la influencia de La Cámpora. En especial de “Wado” De Pedro y del “Cuervo” Larroque.

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La relación entre Máximo y Zannini siempre fue algo tirante. El secretario legal y técnico tiene, además, varios enemigos. Como Abal Medina es uno de ellos, muchos atribuyen a Zannini la versión sobre la designación del gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, en la Jefatura de Gabinete.

Boudou es otro blanco de Zannini. Durante el actual interinato, el vicepresidente ha soportado varios roces. La agencia Télam se cansó de comunicar cancelaciones de actos encabezados por Boudou, que sólo habían sido anunciados por la propia agencia Télam. Cuando Florencio Randazzo estatizó el ferrocarril Sarmiento, aclaró que lo hacía por su cuenta y riesgo. Se interpretó que la presidenta no había sido consultada. Pero él quiso decir que tampoco quien estaba a cargo del Poder Ejecutivo había participado en la decisión. 

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La pelea entre Boudou y Randazzo es desde siempre. Se alimenta en el negocio de la impresión de documentos. Boudou cree que muchos datos sobre su vinculación con Ciccone Calcográfica fueron filtrados por el ministro del Interior. Los amigos de Boudou también sospechan que este poderoso secretario está detrás del mayor daño sufrido en estos días: la Cámara de Casación Penal convalidó las acusaciones contra su presunto testaferro, Alejandro Vandenbroele, cuando él estaba al frente del Estado. Estos conflictos no obedecen a alineamientos ideológicos, sino a las clásicas intrigas de palacio, búsquedas de poder interno y del favor de quienes tienen la voz de mando.

Sin embargo, Zannini y Boudou están separados también por imágenes distintas sobre el futuro del Gobierno. En ausencia de Cristina Kirchner, el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, y el secretario de Finanzas, Adrián Cosentino, avanzaron, con el padrinazgo de Boudou, en la firma de un acuerdo para pagar cinco laudos de empresas con reclamos en el Ciadi. Entre ellas está Azurix, que tiene una vinculación estrechísima con la administración de Barack Obama a través del exconsejero nacional de Seguridad James L. Jones.

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Boudou y sus aliados presentan este entendimiento como algo más que una entrega de bonos destinada a habilitar desembolsos del Banco Mundial. Quieren que sea visto como el comienzo de esa normalización financiera que ellos prometen a la banca desde 2009. 

Pero Zannini y Randazzo se basan en la falta de transparencia en la intermediación del vicepresidente. También Guillermo Moreno festeja las desventuras de Boudou y Lorenzino. 

Por su parte, el poderoso subsecretario Guillermo Moreno debe desmentir los rumores sobre su alejamiento, alentadas en el propio Gabinete. Esas versiones han sido un factor más, si faltaba uno, del fracaso del blanqueo de capitales. 

Además de estos enfrentamientos económicos, la presidenta tendrá que resolver una tensión en el área de Seguridad. A instancias de Sergio Berni, el Ejército está interviniendo en cuestiones policiales. Los gendarmes llevados de la frontera al conurbano fueron reemplazados por militares. El gobernador santacruceño, Daniel Peralta, denunció que para desalojar unos terrenos de Río Gallegos el Gobierno recurrió a tanques de guerra. Lo que pone intranquilo al ministro de Defensa Agustín Rossi.

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No es extraño que en ausencia de un liderazgo tan fuerte como el que ejerce Cristina sobre sus colaboradores, su ausencia ha generado el recrudecimiento de la interna doméstica. Su retorno, seguramente, hará que frenen esta pelea intestina, aunque la lucha quede latente.

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