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Justicia por Lucio: el fallo y lo que queda pendiente para que lo sufrido no resulte en vano

04 de febrero de 2023 a las 12:00 a. m.

Esta semana se conoció la sentencia judicial que condenó a Magdalena Espósito Valenti y a su pareja Abigail Páez, tras hallarlas penalmente responsables del homicidio de Lucio Dupuy, un niño de 5 años asesinado a golpes, luego de haber sido víctima de ultrajantes vejaciones. Si bien los fundamentos del fallo y el establecimiento cuantitativo de la pena se conocerán recién en una audiencia convocada para el día 13 de febrero, la calificación penal hace suponer que ambas serán condenadas a la pena de reclusión perpetua, la máxima establecida en el Código Penal. La absolución de la progenitora en la acusación por abuso sexual con acceso carnal, generó algún sinsabor en la familia paterna del niño y en buena parte de quienes accedieron al expediente y observaron la dimensión de las pruebas que se habían reunido y esto habilitará seguramente alguna instancia de revisión y apelación para revertir la decisión del Tribunal. Más allá de esta controversia que seguramente se dirimirá en una instancia judicial posterior, el fallo representó un acto de reparación necesaria. 

Sin embargo, más allá de la resolución condenatoria dispuesta por los jueces, el caso Lucio no puede inscribirse en el inventario de las causas judiciales como uno más, porque posee costados aberrantes y esconde tramas de profundo desprecio por la vida. No fue solo un caso de violencia doméstica. Se sospecha que hubo un accionar institucional que por error u omisión propició que el escenario cotidiano del niño resultara propicio para su triste desenlace.

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Tal como ya es de público conocimiento, el niño murió en Santa Rosa, La Pampa, el 26 de noviembre de 2021 tras los castigos físicos y vejaciones propinadas por su madre y su pareja. Detenidas desde entonces, la fiscalía pidió para ambas la prisión perpetua, algo que supuestamente se sustanciará cuando se conozcan los fundamentos de la sentencia. 

La investigación judicial reveló un largo historial de violencia doméstica contra el niño con graves indicios desatendidos. Se supo que Lucio había estado cinco veces en un lapso de tres meses en centros de salud por lesiones y fracturas. Sin embargo, a nadie pareció llamarle la atención esa situación repetida.

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La institución escolar a la que asistía tampoco dio cuenta nunca de lo que resultaba evidente. El niño faltaba cada vez que era maltratado y la cuestión vincular con su madre era por todos conocida. Nadie pareció escuchar tampoco la voz de su padre, ni atender las gestiones judiciales realizadas por la familia paterna para obtener su tenencia, como si el propio sistema judicial invisibilizara la voz del varón por privilegiar el rol de la madre en la crianza de un niño. La fatídica historia da cuenta que en 2020 la Justicia le otorgó la tenencia completa a su madre, una mujer que reconocía tener severas dificultades para poder establecer un vínculo materno sano con el niño.

Una sucesión de errores, imposibilitaron que Lucio pudiera pedir ayuda. A los 5 años cuáles son los recursos subjetivos de un niño para expresar realmente lo que le pasa si vive en un ambiente de castigos y si fuera del hogar su verdad resulta invisible.

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En los propios medios de comunicación circularon dibujos que realizaba en el jardín de infantes. Cualquier psicólogo podría interpretar que eran un desesperado pedido de ayuda. Nadie se la brindó. Por el contrario, fue el propio sistema judicial e institucional el que lo dejó en un hogar en el que solo reinaba la violencia.

La jueza que entregó el niño a una madre que lo había abandonado sin realizar siquiera un estudio socioambiental o psicológico está siendo cuestionada y ya fue denunciada por su desempeño. La propia familia del niño se ha propuesto ir por todo en el juzgamiento de este accionar. Algo similar sucederá con el sistema de salud y se abrirá una investigación orientada a establecer si hubieran podido establecerse mecanismos de protección si cada ingreso hospitalario hubiera sido receptado por alguien capaz de observar lo que hay detrás de una lesión física.

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El Ministerio Público Fiscal calificó de "castigos inhumanos" los inflingidos a Lucio. Su caso motivó la creación de una iniciativa legislativa orientada a promover el cumplimiento de los derechos de niñas, niños y adolescentes y prevenir casos de violencia doméstica. Lo que le sucedió a Lucio fue más allá de la realidad de un hogar en el que jamás debió haber vivido. Los peritos forenses aseguran que el cuerpo del niño fue destrozado y ese fue el desenlace de hechos aberrantes cometidos de manera sostenida y con ensañamiento. No hay comportamiento infantil que justificara semejante nivel de desamparo.

Conocido el fallo y establecida la sentencia, lo que resta es poner la mirada sobre esa cadena de responsabilidades para imponer las correcciones que resulten necesarias. Lograr la sanción definitiva de la Ley Lucio- cuyo tratamiento fue incluido en el temario de sesiones extraordinarias- es algo de lo que está pendiente para que hechos de esta naturaleza no vuelvan a repetirse. También es necesario volver sobre el rol de las instituciones y trabajar en la conformación de redes de protección de los derechos que realmente sean capaces de brindar respuestas oportunas. 

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Un caso como el de Lucio no puede concluir con la resolución judicial. Por el contrario, un fallo justo debe ser el puntapié inicial para pensar el cuidado de niños, niñas y adolescentes desde una mirada verdaderamente humanizada. Esa mirada compasiva que le faltó a Lucio que fue vulnerado en todos sus derechos. También deben articularse medios para abrazar a su familia y a tantas otras que atraviesan este tipo de situaciones, porque el fallo les aporta cierta serenidad, pero también los condena a seguir de cerca tramas judiciales complejas en las que aparecen apelaciones y vericuetos que pocas veces parecen beneficiar a las víctimas.

La emoción del abogado de la familia de Lucio Dupuy conocida la sentencia, su gesto hacia el cielo diciendo: "Le solté la mano para que ahora sí pueda descansar en paz" y el reconocimiento de haber convivido con el horror durante todo el tiempo que duró el proceso judicial, hablan de lo aberrante y conmovedore del caso. Solo la dureza de las penas, y la sanidad de las instituciones, esas mismas que en este caso parecen haber hecho todo lo que no se debía hacer, podrán reparar en parte el dolor de la pérdida y rendir homenaje a la memoria de Lucio regalándole a otros niños una sociedad más humana, capaz de preservar sus derechos.

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