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Juegan con fuego en un país inflamable

Al recibir su premio Nobel de Literatura 1950, Sir Bertrand Russell se preguntó cuáles anhelos eran políticamente importantes. La respuesta fue tan violenta y huracanada como el humor del Canal de la Mancha y analizaba sin piedad las falacias, engaños y bajezas a las que recurren los políticos, advirtiendo al...

10 de junio de 2023 a las 12:00 a. m.
Juegan con fuego en un país inflamable

Al recibir su premio Nobel de Literatura 1950, Sir Bertrand Russell se preguntó cuáles anhelos eran políticamente importantes. La respuesta fue tan violenta y huracanada como el humor del Canal de la Mancha y analizaba sin piedad las falacias, engaños y bajezas a las que recurren los políticos, advirtiendo al votante que es su obligación saber que, detrás de sus declaraciones idealistas, lo que en realidad los moviliza es su interés egoísta, interés que -a veces- puede ser odio enmascarado y siempre, pero siempre, encubierto o descubierto amor al poder.

Sin la irreverencia y sarcasmo de Russell ni la estridencia y exultación de sus arengas, la dirigencia política ha dado fe de muchas de las observaciones russellianas, pues ha montado un espectáculo lamentable que refleja la expresión coloquial de "juntáronse el codicioso y el tramposo". Adjudicándose recíprocamente estas aptitudes, tan alejados de los problemas reales de la gente, absortos en sus ambiciones personales y en mantener su impunidad a cualquier costo, unos y otros ni siquiera fingen que les importan los problemas cotidianos e impostergables de los ciudadanos. Solo pelean con mezquindad y ceguera los lugares disponibles: no tienen la menor intención de presentar a la ciudadanía una plataforma electoral de sus respectivos espacios ni el plan de gobierno a concretar gane quien gane y pierda quien pierda, priorizando solo sus candidaturas y ninguneando a los votantes al no ofrecer en detalle una propuesta consensuada sino enunciados particulares y aislados.

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Cada cual hace la suya, como lo prueba la trifulca desatada por los precandidatos a presidente de Juntos por el Cambio.

El sainete raya lo trágico cuando se pretende explicarlo. Larreta balbucea que hay que unirse para derrotar al kirchnerismo.Pero en simultáneo Lousteau cuestiona por qué Pichetto sí y Schiaretti no. Morales aprovecha el río revuelto y asegura que es la interna del PRO la que le hecho a Juntos por el Cambio perder 10 puntos: asegura, además, el apoyo del radicalismo a la propuesta mientras Alfredo Cornejo desde Mendoza, el radicalismo cordobés y el foro de intendentes radicales de Córdoba lo desdicen y rechazan. Patricia Bullrich explica que Larreta y Morales hacen lo que hacen porque saben que pierden la Paso, por tanto -y paradójicamente-, actúan desde el mismo "lado oscuro" que Carrió le adjudica a Macri, a quien acusa de buscar la derrota del propio espacio porque su sector no puede ganar.

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Y mientras los dirigentes porfían en sus pequeñas ambiciones y exaltan hoy al que denostaron ayer (y al revés), se atornillan a lo que convenga con tal de perpetuarse y traicionan a quien haga falta en tanto los ciudadanos son ignorados y los corruptos sobreseídos mientras el Frente de Todos sigue asediando a la Justicia, vilipendiando a la República, socavando las instituciones, multiplicando los pobres, aumentando el gasto público sin orden ni concierto y embistiendo contra la libertad de prensa como gran final gran.

No hacen más que ratificar las denuncias que Giovanni Sartori formulara al recibir el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2005 y que también se pueden leer en uno de sus últimos ensayos, "La carrera hacia ninguna parte: 10 lecciones sobre nuestra sociedad en peligro".Advertía sobre la crisis de la política, los límites borrosos entre libertad y dictadura, los abusos que convierten la democracia en la tiranía de la mayoría, los problemas de la inmigración, los enfrentamientos culturales y religiosos y la intolerancia de quienes predican una tolerancia que no están dispuestos a ejercitar. Tan actual hoy como entonces.

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El conflicto en el seno del PRO es una radiografía de la realidad política del país. La inflación, la inseguridad y el deterioro del empleo y de la calidad de vida generan un humor social que los dirigentes conocen, aunque actúan como si no se dieran cuenta. En el oficialismo, pero mucho más en la oposición, los intereses en juego pesan tanto que ponen en riesgo la propia supervivencia.

Las peleas internas, por su virulencia, erosionan día a día la confianza en la política y alimentan los sueños del candidato de la antipolítica: Javier Milei.

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El estilo drástico de Patricia Bullrich parece mostrar una firmeza que será necesaria si Juntos por el Cambio vuelve a la Presidencia. Pero firmeza no es lo mismo que capacidad para presidir un país con minoría en el Congreso.

Es mucho lo que está en juego y estas escaramuzas siembran dudas sobre los resultados electorales y sobre la gobernabilidad futura.

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La fragmentación del voto no es conjetura sino certeza. Larreta y Bullrich actúan como si pensaran que quien gane el 13 de agosto ya puede sentirse presidente. Pero este año el voto va a dividirse en tercios y nadie sabe quiénes serán los competidores del seguro ballotage: Milei, sin estructura nacional, crece más rápido de lo que sus adversarios quisieran. Con un oficialismo que ofrece candidatos endebles y con un enfrentamiento tan duro en la principal oposición, es imposible asegurar si el ganador de las Paso va a contar en las generales con los votos del que pierda.

La pugna es demasiado fuerte. Están jugando con fuego, en un país inflamable.

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