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Juan Cabrera: “La Granja San Camilo no es un lugar fantasma, es un espacio de contención para los jóvenes”

24 de julio de 2016 a las 12:00 a. m.
Juan Cabrera: “La Granja San Camilo no es un lugar  fantasma, es un espacio de contención para los jóvenes”
'' La Granja San Camilo depende de la Asociación Familia Camiliana y fue inaugurada a fines de 2015. (LA OPINION)

 

El titular del dispositivo que alberga a chicos con problemas de adicciones concedió una entrevista a LA OPINION respondió a algunas inquietudes respecto del funcionamiento de este espacio que depende de la Asociación Familia Camiliana de Pergamino. “Pensar este proyecto como un centro de salud sería empobrecer el trabajo que hacemos”, sostuvo el sacerdote, y aclaró que “es un lugar de la Iglesia para recuperar al caído”.

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DE LA REDACCION. El uso problemático de sustancias es una realidad de la que Pergamino no escapa y el crecimiento del consumo de drogas a edad cada vez más temprana pone a la propia comunidad en la búsqueda de espacios capaces de ayudar a los adictos a resolver este flagelo, ante un Estado que va varios pasos atrás en este sentido. En este contexto a fines de 2015 se inauguró en la ciudad la Granja San Camilo, un dispositivo para la contención de jóvenes surgido bajo la órbita de la Asociación Familia Camiliana de Pergamino que alberga a jóvenes que voluntariamente manifiestan querer someterse a un tratamiento para abandonar el consumo y restablecer lazos rotos por la droga.

Desde su creación y en tanto no se define como un espacio de salud sino como un dispositivo de contención sostenido en el trabajo de voluntarios, el proyecto ha recibido apoyos y críticas. Quienes lo avalan entienden que se trata de una propuesta que desde la Iglesia brinda herramientas para que el joven pueda abordar la problemática del consumo y decidir salir de él a partir de recuperar su dignidad y volver a significar lazos. Los detractores de la propuesta ponen la mirada en la ausencia de un marco normativo que en lo institucional establezca responsabilidades claras en el abordaje terapéutico y asegure dinámicas que lo hagan sostenible en el tiempo.

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Más allá de una u otra postura y con el propósito de conocer cómo funciona este dispositivo que resulta novedoso con relación a otros existentes, LA OPINION visitó la Granja San Camilo y entrevistó al sacerdote Juan Cabrera, “Juanito”, responsable del espacio. También efectuó una recorrida por las instalaciones y tuvo la posibilidad de observar la dinámica con la que los jóvenes, acompañados por profesionales y voluntarios, realizan distintas actividades que forman parte de su proceso de recuperación.  

-¿Cómo se define la Granja San Camilo en tanto espacio de atención de las adicciones?

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-La Granja San Camilo es un dispositivo de la Iglesia, no es una comunidad terapéutica. Es un lugar de contención para jóvenes con problemáticas de consumo que se inauguró el 11 de noviembre de 2015 a partir de un convenio firmado con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires y que comenzó a recibir jóvenes el 6 de enero de este año.

- ¿Cuál es el perfil de los jóvenes que reciben y cómo se hace la evaluación de la problemática que determina la admisión en el dispositivo?

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-Recibimos jóvenes de entre 16 y 30 años. Sólo varones. Tenemos capacidad para albergar a 15 jóvenes pero tenemos un promedio de entre 6 y 8 para poder trabajar responsablemente con cada uno de ellos en función de su problemática. Somos conscientes de que somos un emprendimiento nuevo y que nosotros mismos tenemos que aprender determinadas cosas.  La Granja tiene una dinámica que se define a diario, no hay un libro por el que uno se pueda guiar para el abordaje, el mayor conocimiento surge en la experiencia. Recibimos chicos que voluntariamente toman la decisión, junto a sus familias, de iniciar un proceso de recuperación para salir de la droga. Nos reservamos el derecho de admisión en función de una evaluación profesional que se hace de cada caso. Recibimos sólo aquellos que estamos en condiciones de poder ayudar.

-¿Algunos chicos llegan por derivación del sistema judicial o del sistema de salud?

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-No. Llegan en forma espontánea. Llegan a la Granja porque en Pergamino no hay un lugar que contenga a los jóvenes, donde puedan aislarse momentáneamente del entorno que les impide salir del consumo. Es muy fácil caer en la droga y es muy difícil salir de ella. Pergamino ofrece algunos lugares, pero no hay un espacio donde el joven pueda recibir una contención mayor. La llegada es voluntaria, porque esta no es una clínica psiquiátrica. Somos nosotros quienes nos reservamos el derecho de admisión. No es que todo adicto puede tratarse acá. La Granja está pensada para un estilo de paciente y somos muy cuidadosos de nuestra responsabilidad. Hay psiquiatras y psicólogos que evalúan cada situación. Le haríamos mucho mal a un joven que tiene un problema psiquiátrico a causa de la droga si pretendiéramos tratarlo nosotros porque no estamos formados ni contamos con un equipo entrenado para ello. 

-¿Este dispositivo se define como un espacio de salud?

-No. Esto no pretende de ninguna manera ser una clínica privada, ni reemplazar el trabajo que realiza el Hospital a través del Servicio de Salud Mental. Tampoco es una cárcel ni mucho menos un reformatorio. Es solo un espacio de contención desde el cual la Iglesia busca levantar al caído. Si bien hemos sido reconocidos como Granja por Sedronar, (Secretaría de Programación de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico)  área de coordinación de políticas nacionales en la lucha contra las adicciones. No es una clínica, es un dispositivo de la Iglesia.

-¿Quiénes están a cargo del tratamiento de los jóvenes que viven en la Granja?

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-La Granja no tiene empleados pagos. Funciona con voluntarios y hemos conseguido armar un equipo de profesionales que en forma desinteresada trabajan con los chicos en distintas actividades. En lo terapéutico trabajamos en conjunto con personal del Hospital que realiza la evaluación de los pacientes y los asiste en el cuidado de la salud. También se realizan talleres y distintas actividades con las familias. Nos ocupamos además de que puedan volver a establecer un vínculo con la escuela. Pensar la Granja como un centro de salud sería empobrecer el trabajo que hacemos. No pretendemos reemplazar los dispositivos de salud que tiene la ciudad. Desde la Iglesia pretendemos mirar a la persona desde su integridad, buscamos devolverle la dignidad y no abordar únicamente la cuestión de la salud física. Es importante recalcar esto porque muchas veces se nos ha criticado pensando que la Granja es una comunidad terapéutica cuando de ninguna manera lo es. Por eso ponemos énfasis en subsanar vínculos familiares, algo que el sistema de salud no siempre hace y esto no es una crítica. Simplemente quiero remarcar esto ante los ignorantes que critican este trabajo que venimos haciendo para ponerlos en conocimiento de que la Granja es un dispositivo que aborda a la persona en su integridad. Por eso trabajamos con las áreas de Salud, pero también con Educación, articulando con los colegios para que puedan reinsertarse en el sistema escolar.

-¿El trabajo voluntario es una de las fortalezas de este dispositivo?

-Sin ninguna duda. Hemos conformado un muy buen equipo, convocando a personas y profesionales de la comunidad de Pergamino dispuestos a brindar su tiempo y comprometerse con esta causa. Hay profesionales que vienen a atender a los chicos, personas que vienen a cocinar, a dictar talleres. Que este proyecto se haya podido sostener en parte responde a este equipo. Otra de las cosas que nos permitió sostenernos fue la respuesta de los propios jóvenes. Eso motiva mucho. El voluntariado piensa que viene a dar algo de su tiempo y se encuentra con que recibe y se termina vinculando con los pibes de un modo que incrementa mucho el compromiso.

-¿Cuál es la dinámica con la que funcionan?

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-Contamos con psicólogas del CPA y profesionales voluntarios que vienen a dictar talleres. Hay actividades de acompañamiento grupal, musicoterapia, educación física, yoga, catequesis y espiritualidad. También contamos con un grupo de psicopedagogas que los acompañan en su reinserción en la escuela y nutricionistas que se ocupan de los plantes de alimentación y voluntarios que vienen a cocinar. Tenemos un taller de artesanías y espacios para el trabajo con familias.

En las actividades propias de la granja crían animales y hacen huerta. Tenemos chanchos, ovejas, conejos, gallinas, gansos, caballos. En cualquiera de las propuestas los chicos nunca están solos, siempre hay un responsable acompañándolos.

-En los meses que lleva de funcionamiento del dispositivo y atendiendo a que en el abordaje de las adicciones pueden plantearse situaciones complejas, ¿han sufrido alguna situación de desborde con alguno de los chicos que viven aquí?

-Decir que nosotros en este tiempo hemos tenido un momento de desborde sería mentir. Porque tenemos muy claro cuál es la misión de este dispositivo. El hecho de trabajar con jóvenes que libre y voluntariamente quieran salir reduce la brecha de cualquier desborde y hace mucho más llevadera la tarea.

-Ante cualquier eventualidad dentro de la Granja, ¿sobre quién recae la responsabilidad desde el punto de vista institucional?

-La Granja San Camilo no es un lugar fantasma. Es un apéndice de la familia camiliana de Pergamino. La Asociación Familia Camiliana es la cabeza institucional del  Hogar San Camilo, del Centro de Día San Camilo y ahora de la Granja San Camilo. Este predio es de ellos por eso nuestro trabajo mancomunado con ellos.

-¿Los familiares tienen un rol activo en el proceso de recuperación de los jóvenes?

-Sí. El acompañamiento familiar resulta central. Buscamos subsanar lazos. La droga te lleva a frustrar muchas cosas, amistades, proyectos de vida, vínculos familiares, estudios, trabajo. La droga es eso y lo que buscamos es acompañarlos para que puedan volver a reconstruirse como personas. Tratamos de fortalecer los vínculos con la familia. Todos los domingos tienen día de visita y los martes y jueves los papás vienen a jugar al futbol y compartir la clase de educación física con los chicos. También hay talleres con familias y actividades que están diagramadas siguiendo los pilares de este proyecto que tienen que ver con la espiritualidad porque esta granja es católica y ponemos mucho el acento en la relación con Dios.

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-¿A qué atribuye las críticas que ha recibido este espacio desde su creación?

-Me interesa muy poco la crítica. Por eso sigo trabajando mirando para adelante. Creo que cada uno tiene que ser responsable de lo que hace y de lo que dice. Estar mirando  y analizando la crítica me haría perder tiempo y mi tiempo es corto y las necesidades que tenemos son muchas para ayudar a estos chicos. En general el que critica es el que poco hace, cuando uno hace por el prójimo no tiene tiempo ni lugar para la crítica.

-¿Hacia el futuro cuáles son los principales desafíos en el marco de esta tarea?

 

-Seguir adelante. Hay otros proyectos para resolver las necesidades de los pergaminenses. Primero, fortalecer esto y después empezar algún otro proyecto más. No todos los jóvenes tienen la voluntad de querer afrontar un tratamiento como éste para abordar el problema de la adicción. Para aquellos que libre y voluntariamente lo hacen, la Granja es una opción.

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