Jorge Capitanich: una de cal y una de arena
En la nueva tesitura que ha tomado el Gobierno tras la derrota de octubre y en función de un armado de funcionarios con renovadas ideas de diálogo, comienzan a sucederse hechos auspiciosos. Tan importantes de remarcar como las críticas que en cada caso hemos efectuado desde esta misma página y que, lamentablemente, hoy tenemos que señalar a la par de las buenas señales.
La presidenta Cristina Kirchner buscó dar un gesto de diálogo y mayor tolerancia democrática en las discrepancias sobre los modos de hacer las cosas. No obstante, como es su estilo, no personificó ella misma el cambio de actitud sino que lo referenció en una tercera persona. En este caso, el nuevo jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que recibió en su despacho al jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri, con quien coordinó una agenda bilateral y compartió una conferencia de prensa conjunta para explicar esta nueva etapa.
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Hay kirchneristas duros, funcionarios y militantes, que no hacen una lectura correcta del momento político que se vive y no les cae bien lo que, precisamente, a la gente en general le cae bien. Por eso, en lugar de interpretar este encuentro como un signo de madurez democrática, hay quienes detrás de los telones afirman que si la presidenta no puede entronizar un candidato propio, preferiría que Macri u otro dirigente opositor sea presidente en 2015 antes que el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, o el diputado Sergio Massa, ya que estos últimos dirigentes le disputarían el liderazgo en el peronismo.
No entienden que en algún momento hay que dialogar y consensuar porque de eso se trata la política, además del obrar.
Luego de Macri, Scioli se reunió con Capitanich, para analizar problemas bonaerenses.
En el encuentro con Macri, de 45 minutos, en el despacho de Capitanich, participaron el secretario de Gabinete y Coordinación Administrativa, Carlos Sánchez, y el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien conoce a Capitanich desde cuando ambos militaban con Ramón “Palito” Ortega.
Macri aseguró que al plantearle su inquietud por las consecuencias negativas de la inflación, Capitanich le había transmitido su preocupación “por ponerle un límite” y le prometió “coherencia macroeconómica” para el futuro.
Ambos destacaron que fue “una primera reunión muy positiva”, aunque el jefe de Gabinete aclaró al final que “todo diálogo no necesariamente significa consenso”. No obstante, aseguró que se trabajará en ese camino, con transparencia y franqueza.
El jefe porteño le habló al ministro de mejorar el sistema electoral y le planteó su preocupación por el avance del narcotráfico, junto a su disposición para trabajar en conjunto.
Más concentrado en la gestión, Capitanich informó que diseñaron una agenda conjunta en los temas de basura, limpieza de la cuenca del Riachuelo, transporte, obras con financiamiento internacional y planificación de la autopista ribereña. Explicó que se avanzó para desbloquear créditos para financiamiento de obras para la ciudad, en especial viales, que estaban trabadas por la falta de aprobación de la Nación, como la autopista ribereña.
Luego le tocó el turno a Daniel Scioli. El gobernador bonaerense visitó la Casa Rosada y se llevó una promesa: el Gobierno nacional lo acompañará en su pedido de créditos en el exterior para financiar obras. El compromiso es un alivio para su gestión porque, en otras oportunidades, arguyeron trabas en la papelería para acceder a las líneas de financiamiento externo. Un aval similar logró, en la reunión anterior, el jefe de Gobierno porteño.
Scioli llegó acompañado del jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez; la ministra de Economía, Silvina Batakis, y el titular del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible, Hugo Bilbao. Capitanich los recibió con una sonrisa y sorprendió a la comitiva al recordar al padre de la titular de la cartera de Hacienda bonaerense, que vivió en Chaco y falleció hace una semana.
A diferencia de la exhibición que tuvo el encuentro con el líder de PRO, Scioli no brindó una conferencia, y apenas terminó la reunión se retiró. Tampoco desde el Gobierno hubo un vocero para informar públicamente los detalles del encuentro.
Al finalizar ambas reuniones Capitanich marchó a Olivos, presumiblemente para informar a la presidenta de sus progresos en ambos encuentros.
El giro que ha tomado el Gobierno en materia política augura mejores tiempos, más acercamientos y menos rispideces. No olvidemos que tanto Capitanich, como Macri y Scioli son todos presidenciables y sin embargo han podido acordar agendas en común, bajo el auspicio de la presidenta.
Pero en una misma jornada pudimos ver dos rostros de una misma persona, o más bien de una misma gestión, porque nadie en este gobierno actúa si no es bajo las órdenes expresa de la presidenta o, en su defecto, su ad láter Zannini.
Lamentablemente, al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota –otro presidenciable-, no le fue dispensado un trato tan dispuesto y servicial, por el contrario, no lo atendieron a pesar de estar transitando las horas más aciagas de su gestión.
En la provincia mediterránea se vivía ayer por la tarde un caos que todos pudimos seguir a través de la TV. Menos, al parecer, los funcionarios nacionales.
Sin dudas, un escozor corrió por la piel de muchos argentinos al ver esas imágenes que remontaban a jornadas trágicas vividas en todo el país en el año 2001.
A pesar de tratarse de una problemática provincial, la posibilidad de que esa situación se replicara a otras ciudades y provincias estuvo latente por las largas horas que duraron los saqueos, robos, intrusiones en casas de familia, ante la ausencia de fuerzas de seguridad para al menos contener los desmanes. Es que justamente un acuartelamiento de la Policía cordobesa fue el origen de los disturbios.
No será tema de este artículo editorial la problemática salarial de los uniformados sino la actitud de Capitanich en este caso, lo mismo que la flamante ministra de Seguridad, María Cecilia Rodríguez.
En oposición a cualquier manual operativo en estos casos y en contrario a cómo ha actuado el Gobierno cuando la provincia afectada ha sido “del mismo palo”, nadie respondió a los llamados de De la Sota, solicitando el envío de Gendarmería (una fuerza nacional, por la que tributamos todos) para contener los desmanes.
De más está decir que ni siquiera era necesario el llamado del gobernador; bastaba conocer por los medios de comunicación lo que ocurría en Córdoba para que el Gobierno central tomara intervención, al menos emitiendo desde allí el llamado para ponerse a disposición en función de mantener el orden, una de las potestades del Estado.
Las explicaciones de Capitanich, justificando la no intervención oportuna, fueron irrisorias. Sólo sirvieron para poner más en evidencia que la cuestión política sigue estando por encima de las urgencias de los ciudadanos.
Lo ocurrido con Macri y Scioli aparecía como una luz al final del túnel de la madurez democrática pero lo de De la Sota lleva a pensar si no tendrán razón aquellos que dicen que ese acercamiento es una estrategia política pensando en la sucesión presidencial y no un giro positivo en la actitud del Gobierno.

















