Inteligencia Artificial y periodismo
La Inteligencia Artificial (IA) revoluciona el mundo del conocimiento y los medios masivos de comunicación no resultan la excepción frente a un fenómeno que interpela prácticas y modos de consumo de la información. Son diversos los estudios que se han realizado para medir el impacto de la IA en el terreno del periodismo. Recientemente, el Laboratorio de Periodismo de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) publicó un informe en el que abunda sobre esta cuestión y lo hace planteando diferentes posturas en relación a cómo afectará o transformará el lenguaje comunicacional y sus dinámicas de producción esta herramienta que genera no pocos interrogantes. Los planteos van desde la promesa de obtener mayor eficacia, hasta el temor de que logre sustituir a los seres humanos. El documento de Adepa hace referencia a un informe de la revista New York Magazine que recoge casos concretos y lo toma como un instrumento para clarificar los distintos puntos de vista que giran en torno a esta cuestión. Su lectura resulta un ejercicio interesante al momento de observar eventuales beneficios y alertar sobre los principales problemas asociados a la IA.
Hay una teoría que asume que la IA sustituirá al periodismo y se basa en el argumento de que algunos medios digitales han optado por utilizar modelos de lenguaje basados en IA para generar contenidos, reemplazando a periodistas. Si bien esta práctica se ha instalado en muchos medios, lo cierto es que también han sido varios los que luego de intentar la estrategia, la detuvieron debido a errores flagrantes en su contenido. Aun así, con avances y retrocesos, esta postura gana terreno fundamentalmente en el campo de la comunicación digital y en sí misma genera una amenaza por cuanto si bien es tentador discutir si la IA puede reemplazar a los periodistas en la producción de contenidos, lo cierto es que, si la calidad del mismo no es convincente o carece de valor, el modelo inmediatamente fracasa porque el principal capital de la profesión periodística es su credibilidad. En el estado actual de situación y más allá de los defensores de esta postura, es improbable que las organizaciones de noticias adopten planamente la IA como fuente única de obtención de datos y producción de contenidos, por cuanto esto significaría depositar en una herramienta carente de creatividad y curiosidad la tarea primaria del periodismo tal como se lo conoce. Las experiencias realizadas, en el mejor de los casos, ubican el resultado alcanzado por la IA en un nicho de contenido que por automatizado se parece más al anuncio o a la propaganda.
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Desde esta mirada, el desafío pareciera que no radica en qué contenidos puede generar una máquina manteniendo el interés humano, sino en la dificultad de competir con estas en el tráfico de búsqueda.
Otra postura planteada en el artículo referido, considera que la inteligencia artificial mejora el periodismo. Esta teoría entiende que la IA es una herramienta complementaria y aparece el Chat GPT como un ejemplo de cómo puede bien utilizado, ayudar a los periodistas a ser mejores editores y reporteros.
Esta teoría sugiere que la inteligencia artificial como instrumento puede optimizar operaciones, permitiendo a los periodistas concentrarse en informar y descubrir verdades. Desde esa posición, la idea es que estas herramientas terminarán por integrarse a la práctica cotidiana de la misma manera que en su momento lo hicieron los procesadores de texto o las redes sociales.
No obstante, esta visión optimista depende de múltiples suposiciones, incluida la creencia de que las herramientas basadas en IA realmente serán útiles a largo plazo y que las ventajas de productividad no se traduzcan en recortes de personal.
Finalmente, el artículo de la revista New York Magazine citado por Adepa, incluye una tercera teoría que plantea que la inteligencia artificial absorbe el periodismo y observa que con su implementación las relaciones laborales cambiarán y posiblemente darán lugar a nuevos conflictos por cuanto habrá intentos por convertir las organizaciones de noticias en meros proveedores de datos para gigantes tecnológicos, algo que podría reducir la producción a prestar servicios básicos de información, suministrando a las empresas de IA datos para sus modelos.
Seguramente la descripción de estas teorías no agota el inventario de lo que irá surgiendo a medida que los desarrollos tecnológicos avanzan. Lo cierto es que abren un amplio margen de interrogantes que sirven no para combatir, sino para conocer, integrar y trabajar puertas adentro de las organizaciones periodísticas y de cara a las audiencias en mejores prácticas, esas que recrean el valor imprescindible de la noticia y el lugar que ocupa en la agenda pública como insumo vital no solo para proporcionar datos ciertos, sino para habilitar los múltiples y diversos debates sobre aquello que le ocurre a la sociedad. Resulta impensable que la complejidad de esa conversación pueda reducirse a un modelo de Inteligencia Artificial y anule esa capacidad que los seres humanos tienen de crear, producir de manera empática y contribuir a la humanización de esa alianza intangible que hay entre productores de contenidos y públicos que se sustenta no solo en la rigurosidad del dato sino en la credibilidad como valor. Quizás sea tiempo de asumir los desafíos de la hora, sin perder de vista el carácter artesanal de la tarea periodística, una labor que debe contribuir, desde la honestidad intelectual, a que la sociedad pueda pensarse a sí misma y encontrar en el diálogo público posibilidades de ser mejor. Tal vez como nunca antes, el concepto de humanidad, debe atravesar estos debates.












