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Inseguridad: una batalla de todos los días

29 de septiembre de 2013 a las 12:00 a. m.

La inseguridad en nuestra ciudad sigue latente y más allá de la reciente decisión política del Gobierno provincial de avanzar fuertemente y con medidas concretas contra el delito, la situación amerita que la comunidad siga mentalizada en que la situación es delicada, que los delincuentes pueden sorprender a cualquiera, en cualquier momento y lugar y bajo diferentes modalidades, algunas conocidas y otras novedosas.

Hace tiempo que la situación pasó largamente la advertencia de las luces amarillas, con mayor crudeza en las grandes urbes y localidades puntuales, pero con coletazos en cada una de las comunidades del país, entre ellas la de Pergamino.

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Aquí con cierta periodicidad ocurren hechos que calan muy hondo en la intimidad de una ciudad como la nuestra, que se sigue resistiendo a que los hechos graves sean moneda corriente, pero lamentablemente son cada vez más frecuentes.

Si bien hay lapsos en los que no se registran situaciones graves a gran escala, nadie puede garantizar que repentinamente aparezcan situaciones que sacudan la sensibilidad de la comunidad. De hecho eso es lo que viene sucediendo desde hace un buen tiempo, con momentos de gran efervescencia y otros de relativa calma, pero nunca faltan los hechos que hacen recrudecer la certeza -y no la sensación- de que se viven tiempos difíciles en materia de seguridad.

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A diario se cometen delitos que podrían denominarse comunes, como los clásicos “escruches”, el arrebato de una cartera, la sustracción de elementos de un vehículo, el robo de motos y bicicletas, etcétera. Pero cada tanto suelen rebrotar hechos graves, que ponen en serio riesgo la integridad física de personas inocentes y suelen perjudicar patrimonialmente a gran escala a familias, entidades o firmas comerciales. Son los asaltos a mano armada y las violaciones de domicilios, donde la violencia es el común denominador, además del robo de importantes valores.

Lamentablemente otra vez tenemos que hablar de este tema tan ingrato, pero se hace necesario para tomar real dimensión de lo que estamos padeciendo en materia de inseguridad. La realidad indica que hay una franja de nuestra sociedad que adoptó esa forma de vivir, que es al margen de la ley, y mientras algunos delincuentes tratan de hurtar o robar causando solamente un perjuicio material, hay otros a los que parece no importarles nada la vida de sus víctimas. Esos son los casos sobre los que más énfasis hay que poner para evitarlos.

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Por estos días lo más común son los arrebatos en la vía pública y generalmente con el apoyo de una motocicleta. En el marco de la inseguridad, esos casos serían el mal menor o los menos negativos, ya que generalmente la víctima si bien es despojada de sus pertenencias como el dinero o los celulares, no sufre lesiones físicas graves y desde lo psicológico no es tan traumático. Para que se entienda bien: si a uno le toca ser víctima de un hecho de inseguridad, es preferible que sufra un arrebato y no un asalto a mano armada o una violación de domicilio, por ejemplo.

Pero no obstante ello también hay que poner atención en esos arrebatos callejeros, que han proliferado tanto, al punto que determinados lugares y en ciertos horarios, parecieran ser tierra de nadie para que los delincuentes actúen a discreción.

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Si los encargados de brindar protección no lo hacen en la medida que se necesita, el arma principal que tiene el vecino para defenderse es la autoprotección, tomando medidas preventivas que no dejen grietas para que la delincuencia pueda ingresar. Pero aún así el peligro siempre está al asecho.

Pergamino sigue padeciendo la falta de efectivos policiales. Ese no es un dato menor cuando las autoridades policiales reclaman más cantidad de recursos humanos para que los uniformados cumplan su verdadero rol preventivo.

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Pero mientras tanto -y vale reiterarlo- la gente común debe tomar las precauciones necesarias para no ser víctima de la delincuencia y al mismo tiempo comprender que no se trata de una solución ni mágica ni inmediata, sino que requiere de mucho trabajo, educación, inversión, decisión política y fundamentalmente tiempo, pues se trata de una respuesta de, al menos, mediano plazo.

Ese es el mensaje que deben enviar el gobernador y el flamante ministro de Seguridad bonaerense, Alejandro Granados, porque si bien se están tomando medidas largamente reclamadas, nada cambiará de la noche a la mañana.

Decididamente la designación de Granados al frente de un tema tan sensible responde a cubrir un déficit que tiene implicancia directa en la cuestión electoral. Tanto tiempo con el problema creciendo a pasos gigantes y que a un mes de las elecciones se admita la caótica situación y se anuncien medidas de peso, da para pensar en eso. Pero esta hipótesis respondería a otro análisis, porque lo importante a resaltar ahora es que por primera vez en años parece haber una decisión política de avanzar contra la delincuencia, y es de esperar que se mantenga más allá del 27 de octubre, sea cual fuere el resultado de los comicios.

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