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Inscribir la provisión de agua en la agenda prioritaria

07 de octubre de 2022 a las 12:00 a. m.

La proximidad de la temporada estival, y la llegada de períodos de temperaturas más elevadas hace que Pergamino vuelva a encender sus luces de alarma sobre uno de los temas comunitarios que más preocupa: la falta de agua y el derroche de este insumo vital.

Aunque desde la órbita oficial se ha informado la realización de trabajos orientados a potenciar la funcionalidad del sistema en determinados sectores de la ciudad, en la realidad las inversiones concretadas no terminan de traducirse en una mejora cierta. Hay barrios que durante todo el año tienen muy baja presión y faltantes recurrentes del suministro, una cuestión que se agudiza cuando con la llegada del calor, comienzan a utilizarse piletas de natación y a intensificarse prácticas como el riesgo de parques y jardines, lo que conlleva un requerimiento mayor de un recurso escaso.

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Como si fuera una voz repetida año a año, la cuestión del agua- sin entrar en los debates que existen en torno a sus condiciones de sanidad-se convierte en el reclamo unánime de quienes pagando elevados costos por la tasa de servicios sanitarios y sus correspondientes adicionales no acceden a una prestación a la altura de lo esperable.

La falta de agua en distintos puntos de la ciudad es un reclamo constante y el tema nunca deja de estar presente en la agenda pública. A pesar de ello, la cuestión no termina de hacerse eco en la prioridad de las autoridades que de manera constante ensayan medidas paliativas para resolver una cuestión a esta altura estructural.

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Si bien es cierto que en veranos anteriores se ejecutaron algunas acciones de rescate a un sistema al borde del colapso, lo que preocupa es que, a pesar de ello, aún en invierno hubo vecinos que tuvieron poca agua en sus viviendas. ¿Si esto ocurrió en periodos estacionales de bajo consumo, qué es lo esperable en momentos de mayor demanda?

Resulta inquietante que, en torno a este tema, el debate siempre termine agotándose en la actitud de los usuarios y no en la responsabilidad que tienen aquellos que operan sobre el servicio. A menudo, el peso recae sobre los vecinos, a quienes todo el tiempo se acusa de hacer un uso irresponsable del agua que consumen. Aunque es verdad que deben impulsarse y sostenerse campañas de educación social orientadas a promover una mayor conciencia de la finitud del recurso, hay obras estructurales que deben pensarse para dar respuesta a una mayor demanda y para acompañar el crecimiento que ha experimentado la ciudad en determinados sectores y que hace que la infraestructura hídrica disponible resulte por lo menos insuficiente.

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Lo cierto es que la dimensión de estas inversiones tal vez excede lo que puede resolver el Municipio. Tal vez sea necesario pensar en obras estructurales y en una gestión diferente del recurso, incluso apelando a otras fuentes de financiamiento.

Inscribir la cuestión del agua en la agenda prioritaria es una necesidad urgente porque cada vez que por cualquier razón se produce un desbalance entre su abastecimiento y la demanda, el sistema pierde el equilibrio. 

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Sin poder sopesar aún el impacto de la sequía, lo cierto es que la preocupación comunitaria se expresa y lo hace con justa razón. Y el interrogante respecto de si existe un programa de mediano y largo alcance para brindar respuestas aparece siempre que el tema se plantea. 

En cualquier momento y a medida que el calendario se acerca al verano comenzarán a escucharse los mensajes de las campañas que promueven el uso responsable del agua y se apele al cuidado como único recurso. Hasta es posible que los agentes de Contralor Urbano multen a quienes infringen las normas vigentes. Pero poco se habla de un plan que de manera integral de solución a un problema que no hace más que agudizarse con el crecimiento de una demanda que no se condice con la capacidad operativa disponible.

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 Ya no queda margen para las reacciones por espasmo. Estado y comunidad deben trabajar juntos en la generación de esa conciencia necesaria y también en el impulso a las obras que se necesitan. Es necesario iniciar y sostener acciones, algo que no parece suceder. La instalación de medidores se detuvo; las pérdidas que se producen en la vía pública tardan en repararse y significan derroches; los pozos quedan fuera de servicio si se producen interrupciones en el servicio eléctrico; y parte de la población vive como si el agua abundara. Trabajar sobre la conciencia ciudadana y ejecutar los trabajos que hay que hacer, gestionando el modo de llevar adelante aquellas cuestiones que escapan a la posibilidad local son cuestiones que no admiten dilaciones. Porque llegará otro verano y con él la expresión de una crisis hídrica que es preciso gestionar más temprano que tarde.

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