Ingresos escalonados: la pesadilla de los padres en la vuelta a las clases

La nueva modalidad escolar con presencialidad pero en burbujas, complica la logística para el traslado de los alumnos, en especial cuando se trata de dos o más hermanos, porque los horarios de ingreso y salida no son siempre los mismos.
La tan reclamada “presencialidad” en las aulas, después de que todo 2020 fuera dominado por la “virtualidad” escolar, al fin llegó con el inicio del presente ciclo lectivo, pero lejos de ser color de rosa, es más bien una rosa tomada por su espinoso tallo. Porque al mismo tiempo que se impuso esta modalidad híbrida (clases al fin pero menos días y menos horas por jornada), surgieron los problemas para que se puedan cumplir efectivamente las pautas impuestas (el clásico divorcio entre la teoría y la práctica) porque generaron inconvenientes –en muchos casos insalvables- en los padres que no tienen posibilidades de manejarse con libertad horaria, ya que la nueva normalidad estipula diferentes horarios según el día. Y hay algo más complejo aún: cuando se trata de dos o más hermanos y los padres literalmente tienen que estar dedicados a pleno al traslado en constante ida y vuelta entre el hogar y la escuela. Si bien los establecimientos tuvieron el cuidado (en la medida de sus posibilidades) de que los hermanos concurran en la misma semana dentro del esquema alternado de presencialidad y virtualidad, el ingreso y egreso puede demandar más de una hora en cada caso, entre el traslado y la espera para que entre cada burbuja.
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En todos los establecimientos ninguna sección ingresa a la misma hora que otro, de modo que –y esto es a modo de ejemplo- dos hermanos, salvo que sean mellizos o gemelos, nunca entrarán juntos. Tomando las 7:30 como hora de ingreso de la primera tanda, la última ingresará a las 8:40. El mismo desfasaje se produce a la salida, desde las 11:30- Así, por ejemplo, un padre o una madre con chicos en edad de primaria debe salir con sus dos hijos para el ingreso a primera hora de uno de ellos, esperar que se haga la hora para que entre el otro, y a las tres horas del ingreso del segundo, estar de nuevo en la puerta para retirar al primero y aguardar otro rato para que salga el segundo. En síntesis, perdió toda la mañana en traslados. Esto, claro está, siempre en la medida que su actividad laboral se lo permita. En caso de que no fuese así, debe involucrar a otra persona, familiar o contratada, para que efectivice los traslados.
Hablando de contrataciones, la permanencia en el hogar una semana de por medio es otra complicación. Si bien el año pasado sucedió en todas las semanas, a la hora de contratar a quien se quedara con los menores cuando los padres debían salir a trabajar era más sencillo encontrar ese personal. Ahora, con esta modalidad, se complica dar con quien acepte trabajar una semana sí y otra no. Algo que solo quien pueda pagar niñera mensualizada aunque no la necesite efectivamente todos los días podrá solucionar.
No parece justo que las autoridades den por hecho que la mayoría cuenta con familiares para ayudar a cubrir estas necesidades o con dinero para contratar personal que lo haga. Tampoco nadie se hace cargo del lucro cesante de los autónomos que no pueden atender pacientes, clientes o deben cerrar sus locales para adaptarse a estos horarios estrambóticos.
Quejas en Pergamino
En Pergamino hay muchas quejas de este tipo y como se dice habitualmente, cada casa es un mundo aparte, con sus particularidades. Porque en cualquiera de sus variantes, la modalidad implementada recientemente dista mucho del riguroso esquema horario que siempre regló a la actividad escolar y que se acopla a la mayoría de las actividades laborales. Es decir un horario de ingreso que permita a los padres dejar a sus hijos en la escuela y a los 15 minutos estar en su trabajo.
A raíz de los planteos, algunos colegios decidieron rediseñar los cronogramas de presencialidad, pero en ningún caso llegará a ser plenamente satisfactorio para cualquier persona que cumpla horarios laborales.
Como los cursos fueron divididos en “burbujas” y la presencialidad es alternada por semanas, había casos en que un hermanito quedaba en una semana y el otro en la otra, de modo que sus padres tenían que ir todo el mes. Para remediar esa situación hay establecimientos que unificaron los días de clases a alumnos de familias con dos o más chicos. Pero el problema se resuelve a medias, ya que el horario de ingreso y egreso no es el mismo para todos los cursos, como lo era en la antigua normalidad.
Misión imposible
“Se nos hace imposible trabajar a los dos y cumplir con llevar y traer a los chicos todo el tiempo. Nos unificaron los días pero los horarios son distintos y tenemos que estar coordinando toda la mañana para nuestros hijos vayan a la escuela” dijo Mariela, profesional independiente con un esposo comerciante que son padres de dos varones que asisten a Santa Julia. De todos modos destacó que “es preferible este esfuerzo a que no tengan ni un día de clases, como sucedió el año pasado”.
Distinto es el caso de Andrea, empleada de un negocio, que vive sola con su hijo que es alumno de la Escuela Nº 2. Ella no sabe hasta cuándo su empleador tolerará sus raudas salidas para llevar o retirar a su hijo de la Escuela. “Siempre entré (a trabajar) a las 8:00 y antes dejaba a mi hijo en la Escuela, y lo retiraba cuando salía después del mediodía, pero ahora tengo que pedir permiso a cada rato y si bien me entienden y me dejan, no sé hasta cuándo me lo van a permitir”, dijo con preocupación. Como plan B dijo que tendría que contratar a alguien pero que ello sería un problema para su economía.
Ingresos escalonados
Karina tiene a sus tres hijos en distintos niveles de Maristas y asegura que su organización para el traslado es muy compleja. Si bien valora que los tres fueron asignados a las mismas semanas, lo que la complica son los horarios. “Los ingresos son a las 7:30, 8:15 y 8:40, para lo cual tengo que salir de mi casa con los tres y quedarme arriba del auto más de una hora hasta que ingresen todos, porque ni siquiera los podemos dejar dentro de la escuela, por cuestiones protocolares”, expresó esta madre que cumple funciones en una empresa familiar. “En mi actividad si bien no tengo que pedir permiso, sí tengo que dejar a alguien en mi lugar cada vez que salgo y eso significa reorganizar permanentemente las labores y aumentar la estructura de gastos”, explicó.
Ana Laura es profesional de la salud que atiende en un consultorio particular. Lo mismo su marido. También los horarios de ingreso y salida les cubren un rango de más de una hora, que se hacen dos con el traslado, dos veces cada mañana. En su caso, son mañanas completas que uno de los dos, alternadamente, dejarán de atender, lo que les genera un importante lucro cesante, además de trastornos a sus pacientes por la menor disponibilidad de turnos.
Insostenible
Hoy son muy pocas las familias en las que uno de sus responsables adultos no trabaja y con este esquema de clases, es casi imposible que puedan cumplir con los traslados sin ayuda. La manera en que Provincia estipuló los protocolos escolares lleva implícita la presunción de que todos los hogares cuentan con ayuda, ya sea familiar o contratada. O bien, que todos los empleados tienen la libertad de entrar y salir cuando quieran, o los empleadores pueden, sin más, prescindir de su personal cuatro horas al día. Pensemos que en el Conurbano o ciudades más grandes del interior provincial, las distancias son mayores y en consecuencia también los tiempos de traslado.
Con la intención de iniciar las clases y que esa situación no signifique un foco de contagio masivo, se implementaron estos esquemas que a poco de rodar mostraron sus falencias. Se da por hecho que cada familia tiene recursos para pagar a alguien, o afrontar el lucro cesante en negocio o actividad para ir a llevar o retirar a sus hijos todo el tiempo. Nada más alejado de la realidad para la inmensa mayoría de las familias argentinas en tiempos de crisis económica agudizada por la pandemia que en nuestro país ya cumple un año.
Haber activado una nueva normalidad escolar mirando solo hacia adentro y no al entorno que conforma una comunidad escolar, hoy aparece como una programación incompleta.
Si bien nadie puede idear una modalidad a la medida de todos, revisar estas cuestiones es un imperativo porque sostener el actual esquema durante todo el año va desde lo complejo hasta lo imposible.

















