Inflación, pobreza e indigencia, más que vergüenza es una tragedia nacional
Desde marzo próximo, cuando se aplique el 12,28% de incremento que dispuso el Gobierno nacional conforme el nuevo esquema de movilidad salarial, la jubilación mínima en el país llegará a 32.630,40 pesos (unos 293 dólares según la cotización actual de la divisa norteamericana); por lo pronto, hoy el salario de los jubilados que cobran la mínima todavía es de 29.062 pesos. Esto significa que con 30 billetes de $1.000, el de mayor denominación en la Argentina, se liquida la mensualidad de los abuelos. Unos cinco millones de personas que trabajaron e hicieron su aporte se encuentran en esta situación y de acuerdo a la definición del Instituto Nacional del Estadísticas y Censos (Indec) son indigentes, ni siquiera llegan alcanzan la calificación de pobre, están por debajo de ese escalón. Y lo peor, seguirán así aun con el aumento salarial que están a punto de recibir.
La explicación es la siguiente: de acuerdo a la más reciente medición del Indec, una familia tipo (de cuatro miembros) necesitó en enero un ingreso mensual de $78.624 para no ser considerada pobre ante el costo de la Canasta Básica Total (CBT) que subió un 3,3% en el último mes. Por otra parte, el organismo informó que para no caer en el terreno de la indigencia una familia de cuatro miembros necesitó -en enero- de $34.333, es lo que vale la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que aumentó un 4,2% en el último mes.
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Conforme estos parámetros oficiales, los jubilados de la mínima están por debajo de la línea de indigencia. Según las estimaciones oficiosas, casi cinco millones de abuelos cobran la jubilación más baja de la escala. En la actualidad perciben poco más de 29 mil pesos, a partir del mes próximo pasarán a cobrar arriba de 32 mil pesos, pero no les alcanza para empatar la línea de indigencia.
Por arriba de este escalón salarial hay un millón y pico de jubilados que cobran más 34 mil pesos y zafan de la indigencia, pero menos de 78 mil pesos. Es decir que son pobres.
Esta es la realidad de un país que atiende a través de la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses) a 18 millones de personas con jubilaciones, pensiones y asignaciones. Pero, de ese total solamente siete millones son jubilados (la mayoría con aportes realizados), el resto es asistencialismo por vía de planes del tipo Asignación Universal por Hijo (AUH) que entrega unos 5cinco mil pesos por mes. Por supuesto todo este universo de argentinos subsidiados por el Estado nacional viven por debajo de la línea de indigencia.
Está claro que no hay éxito en este modelo, ni siquiera la satisfacción de poder decir que se le está brindando una contención mínima para poder resolver las necesidades básicas.
La inflación, que dispara los precios constantemente, sobre todo de los alimentos, es un problema grave, adicional al que existe con la deformación del espíritu de la seguridad social. Ahora, si bien la suba mensual de la Canasta Básica Total, que define el nivel de pobreza, se ubicó por debajo del alza de la inflación del mes de enero, que fue del 3,9%, la denominada Canasta Básica Alimentaria, que marca el nivel de indigencia, superó la suba del costo de vida en el mismo período. Según el Indec la variación interanual, la CBT aumentó un 39,3% y la CBA un 44,7%, y ambas se ubicaron por debajo de la inflación de los últimos doce meses del 50,7%.
Esta, que desde el punto de vista técnico-estadístico es una buena noticia, encierra otro dato preocupante ya que el costo de la CBT duplica al actual salario mínimo vital y móvil que en marzo próximo se situará en los $32.616.
Esto significa que el salario básico de un trabajador que recién comienza su actividad laboral no alcanza para cubrir la canasta de la indigencia. Preocupante por cierto, cuando no trágico.














