Identidades no binarias: el reconocimiento como tarea colectiva
Con el reconocimiento de la identidad de género de las personas que se identifican por fuera de las normas binarias, Argentina se integró por decisión del Gobierno nacional a la nómina de países que legitima el derecho a la identidad como una vivencia interna y subjetiva que no depende ni de las características biológicas, ni de las categorías impuestas de varón y mujer. La iniciativa da respuesta a una vieja demanda de buena parte del colectivo de la diversidad.
En su espíritu, la norma busca erradicar la violencia basada en prejuicios de género y reconocer todo el espectro de experiencias relacionadas con el género, la sexualidad y la identidad.
Las mas leidas de Opinión
Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
La naturalización de la pobreza en los actos de gobierno
Colocar el flagelo de la inseguridad en la agenda urgente
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Si bien la opción "X" ha generado algunas controversias incluso hacia adentro de la propia comunidad Lgbti, abre un camino que ahora debe nutrirse de otras acciones. En principio, deberá conseguirse la adhesión de todos los distritos e imponer reformas administrativas en las propias estructuras del Estado, lo cual supondrá, entre otras cuestiones, emprender una activa campaña de concientización, porque más allá de la letra de las leyes y decretos, las discriminaciones por cuestiones de género existen y son una constante que vulneran derechos en muchas dimensiones de la vida diaria.
La puesta en vigencia de una nueva categoría en la emisión del DNI no cancela el debate, por el contrario, lo abre y habilita nuevas discusiones que hay que dar, porque hay todo un marco normativo y funcional- incluso dentro del propio Estado- que reconvertir y adaptar para incluir lo que este avance propone en términos formales y de derechos. Por fuera del posicionamiento casi romántico con el que se aseveró en el acto de presentación del DNI no binario que "hay otras formas de amar y ser amados y otras identidades aparte de la identidad de hombre y de mujer", lo que resta es consolidar un basamento conceptual que respete esos derechos, y que lo haga no solo en el momento de tramitar un DNI sino en un sinnúmero de prácticas cotidianas donde el respeto a la diversidad es aún una asignatura pendiente.
La norma salda una deuda y da un paso enorme que debe acompañarse de un profundo cambio en el paradigma sociocultural. Para ello se necesita no solo del Estado sino de la sociedad. De la mano de lo que fue la Ley de Matrimonio Igualitario, esta concreción pone a la Argentina en un lugar de vanguardia en América Latina. La pregunta que surge es si en la base misma de la sociedad están dadas las condiciones para que una clasificación "no binaria" alcance para resolver los complejos problemas que sufren quienes pertenecen al colectivo de la diversidad. ¿Cómo se saldan las resistencias conservadoras que siguen teniendo una mirada fuertemente discriminadora respecto de aquellos que perciben su identidad por fuera de los cánones establecidos?
¿Cuánto cambiará en la vida cotidiana de aquellos que viven su elección de género en sociedades fuertemente machistas, donde la conquista de cada derecho es la resultante de años de lucha?
Quizás suceda con este avance lo que pasó con la Ley de Matrimonio Igualitario, que al principio se recibió con ciertas resistencias pensando que era algo que no iba a terminar de instaurarse y en la actualidad le permitió casarse a más de 20.000 parejas y está establecida como una verdadera reparación histórica.
Que una norma iguale en el acceso a los derechos es una tarea que requiere no solo de la decisión del Estado, sino del compromiso de toda una comunidad, en el entendimiento que la identidad de género es una construcción subjetiva.
Mejorar la calidad de vida de travestis, trans y personas no binarias de todo el país; bregar porque puedan acceder a niveles de educación y trabajo dignos; impedir que sean el blanco constante de agresiones y violencia; visibilizar sus historias y realidades; cumplir con la aplicación de leyes conquistadas, son tareas colectivas.
El gran desafío del Estado está en la institucionalización e implementación de la normativa presentada. Pero la principal tarea es social, porque a pesar de la denominación que permita un documento, las personas que escapan a los binarismos siguen sufriendo en lo cotidiano el peso de una mirada que interroga sobre la identidad de género con un tono que transita entre la curiosidad y el cuestionamiento e impugnación, y obtura. Pasa en las escuelas, en el gimnasio, en los espacios públicos, en el mundo del trabajo, en los centros de salud. Pasa en la vida que se va nutriendo de normas que acompañan un cambio o lo promueven. Legitimarlo y hacerlo real, va mucho más allá de la letra de una normativa, bienvenida en la medida que abra el camino hacia una sociedad más inclusiva y empática del sentir de aquellos que como lo han expresado, saben que "no es fácil habitar en una identidad no binaria porque expone a un sinfín de escenarios de discriminación y violencia".
Sabiendo que la ampliación de derechos no es un camino lineal, la decisión del Gobierno nacional en torno al DNI no binario trazó por delante un largo camino por transitar, ese en el que conviven aquellos sectores que desestiman la importancia de tener un DNI que refleje la propia identidad, aquellos que directamente rechazan la diversidad de identidades, y aquellos que pelean porque se reconozca su existencia.














