Hoy es un día claramente incómodo para el Gobierno
Apropósito de la marcha del 18F en recuerdo del fallecido fiscal Alberto Nisman, mucho se especuló estos días con que la presidenta Cristina Kirchner, que se había ido a El Calafate para pasar con su familia, luego se quedaría en la residencia presidencial de Chapadmalal. Estaría lejos del escenario de los hechos hasta después de hoy, incluso porque mañana 19 es su cumpleaños.
Sin embargo la familia Kirchner se instaló en la casa de veraneo de los presidentes para celebrar el cumpleaños de Máximo, el hijo mayor de Cristina. Pero la presidenta decidió volver a Olivos y estar en Buenos Aires para enfrentar en el territorio, aunque con bajo perfil, la marcha convocada por un grupo de fiscales. La propuesta fue anunciada sin ánimo político, con el fin de homenajear la memoria del fiscal a un mes de su muerte. No obstante, todos los sectores aspiran a sacar partido de la convocatoria. Sin embargo el espíritu de los ciudadanos va por el lado de la consigna del tributo, aunque también como un llamado de atención al Gobierno por las dudas en torno.
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Cierto es que, si bien hasta no hace mucho tiempo Nisman era un funcionario judicial más, casi ignoto para el común de la gente, sus últimas actuaciones lo pusieron sobre el tapete por lo que su muerte tuvo repercusión mundial sin que institucionalmente se le hiciera un reconocimiento. El Gobierno se limitó a marcar su posición pero no atinó a rendir los tributos de rigor, como decretar duelo nacional. Por eso esta marcha pretende, entre sus finalidades, cubrir ese vacío. Más allá de las intenciones, como decimos, los actores políticos especialmente de la oposición- pretenden capitalizarse con esta movida, de eso no hay dudas. Sea dicho esto sin menoscabar las más profundas motivaciones que cada ciudadano tiene para participar o no de la convocatoria.
Desde el lado oficial, persisten en minimizar las implicancias de la marcha. Pero al mismo tiempo, con sus actitudes otorga la entidad que le pretende quitar. Tal vez con una simple adhesión a lo que se plantea como un movimiento pacífico convocado por los colegas del fallecido, la marcha pasaba sin heridos políticos. El dejar hacer en estos casos de amplia repercusión popular es menos perjudicial que el ninguneo tácito, o el explícito, como lo es realizar actividades de gobierno a la misma hora.
La estrategia oficial es trasladar la atención con anuncios o inauguraciones. Esta simultaneidad ha hecho que estos actos sean denominados periodísticamente como la contramarcha. De este modo, quien ya de antemano ha politizado la jornada es la propia presidenta. Insistimos, un sencillo gesto protocolar de acompañamiento, aunque sea a regañadientes, la hubiese dejado mejor posicionada frente a la sociedad que esta actitud indiferente.
Aunque nadie se atreva a decírselo a Cristina, desde la muerte de Nisman hubo un manejo casi torpe de la situación. Y lo de hoy sigue en la misma línea. Primero parecía que la mandataria estaba paralizada, luego saca dos cartas en Facebook con dos visiones diferentes de los hechos. Al ser criticada por falta de seriedad en la comunicación, finalmente habla por cadena nacional. Una sucesión de errores que, ante todo, evidencia la falta de espontaneidad y sinceridad con que tomó este tema tan sensible. Queda claro que fue midiendo sus pasos en función del rédito político.
Todo lo que amerita en estas situaciones estuvo ausente: no hubo condolencias para las hijas del fiscal que la había denunciado antes de morir, ni para la madre. No hubo bandera a media asta ni luto nacional como hubiese sido el caso. Y ahora que surge la marcha propuesta por los fiscales y a la que se sumó, obviamente, toda la oposición, todo el kirchnerismo sale a defenderse, como si fuese en contra del Gobierno cuando no es ese el leit motiv de la convocatoria. De esta manera, se vuelven a ubicar como víctimas de un golpe blando o, lo que sería peor, se consideran en el lugar de los acusados. Aquí la única víctima (de alguien o de las circunstancias) se llama Alberto Nisman y se marchará en silencio para su homenaje. Y en cuanto al banquillo de los acusados, será la Justicia quien sindicará a sus ocupantes, ningún movimiento popular puede atribuirse ese rol.
Esta cadena de errores ha hecho que se agigante a los ojos del oficialismo la marcha del 18F. Y las actitudes tomadas para afrontar esta jornada no hacen más que generar mayor perjuicio al Gobierno, siempre hablando en términos políticos.
Hasta el viernes, último día hábil, no había nada programado en la Casa Rosada, como dijimos, pero ayer se anunció desde el Ministerio de Planificación Federal que a las 12:30 aparecerá la presidenta en cadena nacional para celebrar que la central Atucha II ya funciona con su capacidad total. Un acto algo intempestivo y rebuscado en cuanto a sus motivos, utilizado sólo a los fines de mostrar indiferencia a lo que se presume captará la atención mediática y social de la jornada.
Sería bueno que, tras pasar el mal momento de hoy, la presidenta evalúe claramente sus estrategias, porque hasta el momento se ha establecido una agenda próxima de buenas noticias, inauguraciones y festejos. Pero aunque ella diga que quiere trasmitir alegría y no silencio (que es la consigna de la marcha), la alegría no se puede establecer por Decreto de Necesidad y Urgencia. Y por otra parte, es don de un buen estadista acompañar las iniciativas populares, todo lo que concita el interés y la preocupación social, llámese inflación, inseguridad o rendir homenaje a un fiscal de la Nación fallecido prematuramente. Estar de la vereda de enfrente en estas circunstancias es ponerse literalmente en la vereda de enfrente de gran parte de los 40 millones para los que gobierna, según repite en cada alocución.
Nuestra sociedad mira con preocupación lo que sucede, tanto los que van a la marcha y los que no lo hacen, porque en definitiva se percibe que algo de nuestro destino como nación se está jugando con esta muerte del fiscal de la causa Amia. Y lo mejor que nos puede pasar es que esta cuestión pueda avanzar libremente como solicitó la exesposa de Nisman, la jueza Arroyo Salgado, sin intromisiones políticas ni oficialistas ni opositoras, para llegar a acercarnos a la verdad. No son casos sencillos, ni siquiera la muerte del expresidente Kennedy fue claramente establecida en Estados Unidos aunque se sospecha claramente cómo se urdió el plan para matarlo. Las situaciones son distintas pero se asemejan en tanto ambos asuntos implican intereses nacionales y de otros países. Hablar de verdades absolutas es casi una ingenuidad, por eso planteamos acercarnos a los hechos y que los culpables queden determinados.
Lo cierto es que sumado a la sensación de que nunca se sabrá certeramente qué sucedió con Nisman, gran parte de la sociedad se sintió dolida con la actitud oficial frente a su muerte. Entre otras cosas, la falta de un homenaje de cualquier tipo. Con esa motivación se acercará mucha gente a las marchas en todo el país. Sumarle connotaciones a la convocatoria y reaccionar en virtud de ellas va por cuenta de nuestros políticos y de las lecturas sesgadas de los medios de comunicación de puja.













