Historias del programa Prohuerta: el valor que trasciende a lo productivo

Desde 1990, el programa trabaja en las comunidades para que gestionen sus propios procesos de desarrollo local. Impulsa la producción de alimentos en huertas y granjas que, a su vez, muchas veces son el motor para crear emprendimientos familiares.
DE LA REDACCION. Que el cuidado de las plantas se traslade a situaciones familiares es una de las cosas impensadas que puede generar la huerta, señaló Adriana Arqueros, terapista ocupacional en los Talleres de Rehabilitación en Salud Mental, ubicados en el barrio porteño de Barracas, donde coordina un proyecto hortícola.
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A través de esas experiencias, un señor comenzó a cuidar a su sobrina nieta porque la veía crecer como crecían las plantas en la huerta, comentó la especialista. Según explicó, los cultivos, en principio, se utilizan para trabajar la adaptación de los pacientes, aunque la idea es que aquellos que avanzan y quieren seguir con la actividad lo puedan hacer y, de hecho, así sucede.
Además, aseguró que la huerta es la única actividad en la que participan todos y permite que se encuentren dos veces por semana y remarcó la importancia del trabajo en la organización como medio para trasladarlo a las familias: Muchos pacientes se llevan semillas y hacen las prácticas en sus hogares, afirmó.
De este modo, Arqueros indicó que el trabajo hortícola resulta una gran excusa para trabajar las habilidades sociales y está dirigido a personas que estén estabilizadas, es decir, que ya tengan adherencia al tratamiento. La intención es que los pacientes recuperen las habilidades que hayan perdido producto de la enfermedad, agregó.
La terapista ponderó la articulación con el Prohuerta y describió que genera un compromiso muy valioso por parte de la población el hecho de saber que, al regresar unos días después, aquello que sembraron y cuidaron se transforma en una planta.
Talleres de Rehabilitación en Salud Mental es una entidad que depende de la Dirección General de Salud Mental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Además de los talleres de huerta, se ofrecen actividades de herrería, pintura, carpintería y tapicería para dar tratamiento y rehabilitación psicosocial ambulatoria a personas con trastornos mentales severos.
Trabajo en red
Esta es la historia de cómo el trabajo en red fortalece a sus integrantes pero, en mayor medida, de cómo potencia a la comunidad en donde funciona, reflexionó Laura Lafalla Manzano, especialista del Inta Mendoza, en referencia al proyecto que impulsan desde el Prohuerta local para producir huevos enriquecidos con omega 3, que refuerzan la dieta de las madres donantes del Banco de Leche Humana del hospital Luis Carlos Lagomaggiore.
El omega 3 actúa en el desarrollo cerebral de los bebés prematuros, indicó la especialista. Para dar respuesta a la demanda, desde el programa se pensó una estrategia que significó una fuente de trabajo para 25 internos y 3 penitenciarios de la Granja Penal Gustavo André y la articulación entre varias entidades. Con el financiamiento de la Universidad Nacional de Cuyo, el proyecto es coordinado por la Facultad de Ciencias Agrarias y apoyado por otros actores.
Hoy el proyecto está en ejecución y las gallinas ya están en plena postura; recientemente el Inti analizó el contenido de omega 3 en huevos, tanto crudos como cocidos, y los valores obtenidos fueron evaluados como muy buenos por los responsables del Banco de Leche, apuntó Lafalla Manzano.
Gracias a la iniciativa, en la Granja Penal se montó una pequeña fábrica para producir el alimento balanceado que anteriormente se hacía en la facultad y se trasladaba hasta allí. Así, este esfuerzo se tradujo en la producción semanal de 420 huevos enriquecidos, lo cual cubre las necesidades planteadas por el hospital -de 120 huevos- y deja el margen de comercialización de lo sobrante, señaló.
Generar oportunidades
Ubicadas en el radio del Departamento Capital de la provincia de Corrientes, la Unidad Penal Nº 1 General San Martín, la Unidad Penal Nº 6 de San Cayetano y la Granja Yatay son espacios donde el Prohuerta promueve la inserción social de las personas privadas de libertad.
En este contexto, los internos alojados desarrollan huertas y confeccionan sus propias herramientas.
Para Emmanuel Musante, técnico del Inta Corrientes que tiene a su cargo el proyecto con las unidades, los objetivos de los talleres son múltiples, ya que tienen un sentido terapéutico, buscan afianzar la relación entre las personas y, además, se proponen mejoran la alimentación. No obstante, resaltó que lo primordial es que quienes están cumpliendo una condena en una unidad penal aprendan un oficio con vistas al momento de la libertad.
Así, al salir de la unidad, ellos podrán aplicar todos los conocimientos aprendidos durante este tiempo, referido a la producción de hortalizas, aromáticas y ornamentales y también sabrán cómo acercarse a una feria y vender los productos resultados de su trabajo, afirmó Musante.
Prohuerta contra el ébola
Fronteras cerradas y mercados desabastecidos de alimentos básicos y desinfectantes para continuar con las campañas que prevenían del avance del ébola. Así se planteó la crisis en las zonas africanas afectadas por la enfermedad que, a su vez, convocó la ayuda de Jorge Crisafulli, cura argentino y misionero salesiano, que llevó la propuesta del programa Prohuerta a algunas comunidades para promover la generación de alimentos.
La idea de Prohuerta surgió en diálogo con el Inta para producir huertas familiares, ya que había funcionado muy bien luego de la catástrofe en Haití, explicó Crisafulli. El Inta se ofreció a hacer la traducción al inglés, con alimentos que pueden producirse en África occidental, para que las familias pudieran tener acceso, agregó.
De esta manera, el programa impulsó una experiencia de la que participaron más de 20 mil familias que tuvieron la posibilidad de generar sus alimentos y, además, controlar la sanidad e inocuidad de los productos consumidos a fin de evitar la propagación del virus.
De exportación a Haití
Una encuesta del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria de Haití afirmó que el 93%de las familias involucradas en el Prohuerta mejoraron su situación alimentaria. El programa lleva una década en ese país, donde cuenta con más de 21 mil huertas, 5.200 granjas, 1.500 promotores y beneficia a más de 140 mil huerteros familiares.
El informe indicó que el 86% de las familias dispone de mayor variedad y cantidad de alimentos, por lo que disminuyeron las compras en los mercados y aumentó su autonomía. Como consecuencia de este cambio de hábito de consumo, el gasto se redujo y pasó de dos tercios del ingreso mensual promedio a uno, resaltó.
Acceso al agua
Desde hace ocho años, Miguel Boasso, del Inta Salta, trabaja en la ejecución de obras hídricas para pequeños productores rurales. Cualquier proyecto para obtener agua o mejorar su acceso nace desde la necesidad del grupo, remarcó.
El mayor proyecto en el que estamos trabajando es en El Rodeo y en La Zanja, que implica la provisión de agua a 32 domicilios rurales, con topografía de montaña y demográficamente dispersos, describió Boasso, en referencia a las obras de captación, almacenamiento y conducción de agua superficial realizadas para dos comunidades salteñas, ubicadas en la Quebrada de Escoipe. Con la primera etapa ya finalizada, esta iniciativa se encuentra en una segunda fase de desarrollo que abarca la distribución desde las cisternas hasta los domicilios.
Todos los proyectos que lograron ponerse en funcionamiento tuvieron un prolongado contacto con el grupo, la familia o la asociación y eso, para mí, es la mayor garantía para que el proyecto llegue a concretarse, aseguró el técnico. Además, ponderó el aporte de otros organismos públicos como el Ministerio de Agroindustria de la Nación, el Inti, la Secretaría de Agricultura Familiar y la Secretaría de Recursos Hídricos de Salta, entre otros actores.


















