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Hepatitis: el imperativo de tomar conciencia del valor de la prevención

28 de julio de 2015 a las 12:00 a. m.
Hepatitis: el imperativo de tomar conciencia del valor de la prevención
'' Harper envió material informativo en el que se resalta el valor de la prevención. (LA OPINION)

Hoy se conmemora el día de la lucha contra esta enfermedad que afecta al hígado y que en algunos de sus tipos acarrea severas consecuencias. Para dos de ellos existe vacuna. Según estimaciones oficiales en Argentina hay unos 500 mil infectados por hepatitis B y C, pero solo unos 20 mil tienen diagnóstico y apenas 5 mil están bajo tratamiento.

DE LA REDACCION. Hepatitis significa inflamación del hígado, un órgano vital que procesa los nutrientes, ejerce una función desintoxicante y sintetiza proteínas. Cuando  está inflamado o dañado, su función puede verse afectada. Las hepatitis virales son causadas más frecuentemente por los virus de hepatitis A, B y C.

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En otros casos, el consumo excesivo de alcohol, las toxinas, algunos medicamentos y determinadas afecciones médicas también pueden causar hepatitis. La mayoría de las veces no producen síntomas y la enfermedad pasa inadvertida, por lo que solo se la puede diagnosticar mediante análisis de sangre. 

En el Día de la Lucha contra la Hepatitis, la responsable del Programa de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) de la Región Sanitaria IV María Elena Harper, en contacto con LA OPINION recordó que tanto para la hepatitis A como para la B existen vacunas que se encuentran incluidas en el Calendario Nacional de Vacunación y advirtió que para la hepatitis C no existe vacuna, pero sí una serie de medidas que contribuyen a la prevención, como no compartir agujas, jeringas ni elementos cortopunzantes con otras personas, exigir el uso de materiales descartables o esterilizados al realizarse tatuajes, piercing o implantes y usar preservativo desde el comienzo de todas las relaciones sexuales.

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Vacuna y conducta responsable

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Respecto de la hepatitis B, Harper refirió que se produce por un virus que afecta directamente al hígado y puede causarle un daño grave y recordó que existe una vacuna “segura y efectiva que puede prevenir la enfermedad”.

“Muchas personas que tienen hepatitis B no llegan a tener ningún síntoma. La mayoría de los adultos tienen síntomas que aparecen en un plazo de tres meses después de la exposición y algunas personas tienen síntomas semejantes a la gripe o pueden tener ictericia, cansancio, fatiga, náuseas o vómitos, fiebre y escalofríos, orina de color oscuro y fiebre. También, dolor del lado derecho del abdomen superior que puede expandirse a la espalda”, describió la responsable del Programa de ITS de la Región Sanitaria IV y aclaró que “muchas personas no tienen síntomas y no saben que están infectadas”. 

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En esta línea, advirtió que el daño al hígado puede ocurrir de manera silenciosa y con el tiempo pueden desarrollar cirrosis o cáncer. Asimismo refirió que la hepatitis se transmite por el contacto con la sangre, por vía sexual o al compartir agujas, jeringas o elementos cortopunzantes. También una mujer embarazada que esté infectada puede transmitirle hepatitis B a su bebé durante el parto.

La hepatitis B se diagnostica con un análisis de sangre específico, que no forma parte de los estudios que se solicitan en exámenes médicos regulares. “Existe un análisis de sangre que puede determinar si la persona infectada se recuperó completamente de una infección de hepatitis B o si tiene una infección crónica”.

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En este aspecto, resulta conveniente realizar el análisis si la persona estuvo expuesta a las siguientes situaciones: si tuvo relaciones sexuales sin preservativo; si vive con alguna persona que tiene hepatitis B o C, dado que es más frecuente o probable compartir objetos cortopunzantes que pueden aumentar las posibilidades de infección; si tuvo o tiene alguna infección de transmisión sexual; si se realizó alguna vez hemodiálisis; si alguna vez compartió elementos en el consumo de drogas inyectables e inhalatorias; si recibió donación de sangre u órganos antes de 1994; si tiene VIH, para evaluar una posible coinfección.

Con respecto a cómo se trata la hepatitis B, María Elena Harper aclaró que “no todas las personas deben recibir tratamiento antiviral, ya que la mayoría de las veces la hepatitis B aguda se resuelve sin tratamiento específico.

“Se recomienda una estrecha supervisión médica de un especialista para la persona infectada y su familia”, agregó y resaltó que “la mejor manera de reducir el riesgo de infectarse por hepatitis B es vacunarse”.

En este sentido, mencionó que desde 2003 esta vacuna es obligatoria en los niños y niñas y a los 11 años para quienes no recibieron la vacuna al momento de nacer. Desde 2012 está disponible de forma gratuita para toda la población en los vacunatorios de todo el país. También resaltó que es importante el uso del preservativo desde el comienzo de las relaciones sexuales para prevenir esta y otras infecciones de transmisión sexual y señaló que es conveniente que las embarazadas puedan pedirle a su médico que les haga los estudios necesarios para la detección de la hepatitis B para tomar los recaudos necesarios para evitar el contagio al bebé.

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La hepatitis C

Con relación a la hepatitis C, la profesional recordó que cuando una persona se infecta puede desarrollar una infección aguda que puede variar en gravedad desde una enfermedad muy leve con pocos o ningún síntoma hasta una afección grave que requiere hospitalización.

La hepatitis C aguda es una enfermedad que ocurre dentro de los primeros seis meses después que la persona quedó expuesta al virus. Aproximadamente el 75% al 85% de las personas que se infectan por el virus de la hepatitis C desarrollan una infección “crónica” o de por vida. 

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En su forma crónica, es una enfermedad que ocurre cuando el virus permanece en el cuerpo de la persona, posterior al cuadro de hepatitis C aguda. Con el tiempo, puede provocar problemas hepáticos graves incluyendo daños al hígado, cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.

“La mayoría de las personas infectadas no tienen ningún síntoma o solo tienen síntomas leves. Si éstos se presentan con una infección aguda, pueden aparecer en un plazo de dos semanas a seis meses después de la exposición. Los síntomas de la hepatitis C crónica pueden tardar hasta 30 años en desarrollarse. El daño al hígado puede ocurrir de manera silenciosa durante este tiempo. Cuando los síntomas aparecen, con frecuencia son un signo de enfermedad avanzada del hígado. 

“La hepatitis C se transmite fundamentalmente por el contacto con la sangre de una persona infectada; también se transmite por vía sexual, vaginal, oral o anal, aunque es de muy baja incidencia; y una madre que tiene hepatitis C puede transmitir la infección a sus hijos durante el embarazo o el parto”, explicó.

Este tipo de hepatitis se diagnostica con un análisis de sangre que detecta tanto la presencia del anticuerpo como del virus mismo. Cuando es diagnosticada, los médicos recomiendan descanso, una nutrición adecuada, líquidos y medicamentos antivirales en algunos casos. Las personas con hepatitis C crónica deben ser evaluadas por un médico especialista con regularidad en busca de signos de enfermedad del hígado. 

 

Enfermedad silenciosa

De acuerdo a datos difundidos ayer por el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, la hepatitis C constituye entre los bonaerenses la tercera enfermedad detectada por los exámenes prenupciales obligatorios en la provincia de Buenos Aires. De acuerdo con las estadísticas oficiales ocupa el podio junto con la sífilis y la blenorragia, si se analizan los resultados de todas las pruebas que se realizan las casi 45 mil parejas que cada año pasan por el Registro Civil en la Provincia.

El Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, junto a la Fundación Icalma realizó entre abril y mayo una campaña de detección temprana de la hepatitis C.

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En total se testeó en forma gratuita a 1.500 personas en nueve centros públicos y el resultado fue que se detectaron 21 casos de esta enfermedad (un 1,4%) que luego fueron incluidos en el programa provincial de “VIH-Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS)”, que distribuye los medicamentos antirretrovirales a las personas que conviven con esa enfermedad en territorio bonaerense y carecen de cobertura de obra social.

Según estimaciones oficiales en Argentina hay unos 500 mil infectados por hepatitis B y C, pero solo unos 20 mil tienen diagnóstico y apenas 5 mil están bajo tratamiento, lo que significa que la gran mayoría no sabe que tiene la enfermedad. 

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