Hay que mirar hacia oriente

China: 1.400 millones de habitantes, 81 mil casos, 3.300 muertos; Italia: 60 millones de habitantes, 115.000 casos, 14.000 muertos. Entre todo lo nuevo que trajo el Covid-19 hay cosas que no cambiaron: la supremacía cultural de oriente sobre occidente. Los factores diferenciales en la respuesta a la pandemia fueron la autodisciplina y la adherencia a las normas.
El 17 de marzo pasado, el presidente de China, Xi Jinping, visitó Wuhan, la ciudad de 11 millones de habitantes donde se detectó por primera vez el coronavirus a fines de diciembre y que fue sometida a una estricta cuarentena para contener la epidemia, algo que se ha logrado.
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La visita fue la señal de que el país estaba retornando a la normalidad, algo que todos ansiamos en este momento y no lo vemos posible en el horizonte cercano. Ese martes, China reportó solo 19 infecciones nuevas; una cifra exigua para un país con 1.400 millones de habitantes, insignificante al compararla con las decenas de miles de contagiados y 500 muertes por día que había en febrero en ese mismo lugar. En total, en el país se han detectado más de 81 mil contagios, de los cuales 3.322 han fallecido, 1.730 permanecen activos y unos 77 mil se han recuperado y han dotado a esa sociedad de los anticuerpos; con ellos y manteniendo las normas de higiene y resguardo social pero en plena actividad productiva hoy genera menos contagios de Covid -19 que de una simple gripe: ayer fueron 31 casos nuevos en toda China continental y ninguno ubicado en Wuhan, la provincia donde todo empezó.
Algo similar ocurrió con Corea del Sur, que supo ser el mayor epicentro de casos fuera de China pero se estacionó hace ya unos días en el orden de 10 mil casos y 174 muertes.
Como contrapartida, en occidente (sajones y latinos por igual) se han producido -en proporción- brotes mayores que en el gigante asiático, sin todavía iniciarse la curva descendente. En esta realidad, algunos ven la prueba de que el Covid -19 es un diseño de laboratorio inoculado al mundo en el marco de la tercera guerra mundial, aunque esas teorías han sido refutadas por la misma ciencia. Otros -de momento la mayor parte de la biblioteca- entienden que esta dispar penetración del virus se debe a cuestiones culturales, respecto de cómo hábitos de vida como de disciplina y adherencia a las normas, y mayormente esto último.
Factores decisivos
Siendo el país más poblado del mundo, con extensas fronteras y grandes conglomerados, lo estimable sería pensar que establecer una estrategia masiva que implique la necesaria adhesión de todos es algo extremadamente complejo para China. Y de hecho lo es, sobre todo si lo miramos desde nuestra cultura occidental. Como veremos más abajo, la infraestructura tecnológica del gigante país un elemento indispensable en el dispositivo de aislamiento que se montó. Pero eso solo no hubiese sido suficiente para lograr el éxito.
El hecho que desde hace más de 70 año rige en China un sistema de gobierno de partido único, con vigilancia activa sobre los movimientos del pueblo -físicos y virtuales- ha hecho del chino un sujeto que acata las disposiciones que provienen de la autoridad y las lleva a la práctica compulsivamente. No lo estamos planteando desde el punto de vista ideológico ni para opinar sobre el Partido Comunista Chino que gobierna desde 1949 (con la particularidad de lleva adelante una economía de mercado), sino que lo señalamos como un hecho contrastable que incidió decisivamente en el control de la epidemia en su enorme territorio. El otro factor que llevó al éxito es la disciplina de una civilización milenaria, con una cultura introspectiva que no tenemos los occidentales. Prueba de que lo cultural es tan decisivo como lo político es que el otro caso exitoso también proviene de oriente, pero de un país democrático: Corea del Sur
¿Cómo fue la cuarentena?
Cuando se inició la cuarentena en Hubei, el Gobierno ordenó el cierre de las oficinas públicas y privadas, las fábricas, los colegios, el aeropuerto, las estaciones de tren, las carreteras, los cines, los parques de diversiones, las discotecas, los estadios, los gimnasios, entre otros establecimientos. La orden era que todos debían permanecer en sus casas. Luego se ordenaron cuarentenas más flexibles en otras zonas del país, como Beijing. Los comités vecinales y las empresas estaban obligados a enviar al Gobierno informes diarios de los ciudadanos.
Además, las personas hasta el día de hoy en que ya no rige la cuarentena reciben a diario en sus celulares cuestionarios en los que obligatoriamente deben consignar, además de sus nombres, apellidos y dirección, el resultado de la toma de temperatura corporal, los lugares que visitó en los últimos 14 días (antes, ya no), si tuvo contacto con afectados por coronavirus (antes, ya no), si presenta síntomas relacionados con una gripe.
Esa información permitía al Gobierno en el momento crítico implementar un sistema de códigos tipo “semáforo” en el celular de cada ciudadano al escanear un código QR. Y al día de hoy, con las actividades retomadas, lo siguen usando. El color verde significa que no hay peligro, el naranja es para quienes han visitado zonas sin riesgo durante los 14 días previos, y el rojo determina que la persona debe permanecer en cuarentena.
Este sistema permite al Gobierno tener prácticamente toda la información de los ciudadanos. Por ejemplo, si alguien viajó en el mismo transporte donde estuvo una persona a quien se le diagnosticó el coronavirus, la policía va a su casa para ponerlo en cuarentena.
El código QR que se lleva en el teléfono debe ser escaneado en el lugar de trabajo, en la zona donde vive el ciudadano, en restaurantes y todo lugar público o privado al que se desplace. Si sale rojo, se le niega el acceso y pasa a cuarentena.
El retome
Hoy en día, con las actividades productivas normalizadas y las sociales también pero ralentizadas, antes de entrar a algún lugar al ciudadano se le toma la temperatura. Si está por encima de 37,3 grados, se da aviso a la policía para que le imponga nuevamente el aislamiento por 14 días. En las urbanizaciones solo entran los residentes, mientras que en los lugares de trabajo lo hacen solo los empleados.
Los restaurantes han sido obligados a reducir el número de mesas para que los clientes permanezcan separados. Las autoridades establecieron que las personas no contaminadas y que no hayan estado en contacto con enfermos pueden ahora viajar dentro de la provincia. El levantamiento parcial del confinamiento no afecta a la ciudad de Wuhan y los 56 millones de habitantes de Hubei tampoco pueden salir de la provincia.
Cuando China estornuda…
Será que es una cultura más disciplinada que la nuestra, será el rigor de un gobierno dictatorial. Con seguridad, han sido ambos factores los que han llevado a que en tres meses, el país más poblado del mundo, donde todo empezó, haya puesto al coronavirus “en caja” y aun sin vacuna.
China siempre fue el gigante asiático, la potencia dormida, reconocida así y temida por quienes siguen de cerca los movimientos de la geopolítica. Mientras tanto, el resto de los mortales, inmiscuido más en las cuestiones domésticas y en la “rosca” vernácula de la política, seguía apuntando con el dedo acusador de imperialismo a otros, subestimando el poder real y el potencial de los chinos. Un poder que no radica en armas sino en la idiosincrasia de ese enorme pueblo. Ahora ya lo sabemos: cuando China estornuda, el mundo se resfría.















