Hace diez años, cuando nacía la grieta
Un conflicto que duró cuatro meses, generó un quiebre que se arrastra en la sociedad varios años después y hasta la actualidad. Se cumplen diez años de la fallida Resolución Nº 125, nacida el martes 11 de marzo de 2008 cuando el ministro de Economía Martín Lousteau anunció la resolución que establecía las retenciones móviles.
Podemos decir que a tres meses de la primera presidencia de Cristina Kirchner nacía la grieta, una división que con el tiempo se iría haciendo abismo en la Argentina entre dos sectores muy marcados por las diferencias políticas, de modelo económico y de estilo.
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Esta resolución se explica mejor si ponemos como telón de fondo el momento en el que se firmó: el de los precios más altos de los commodities. El precio de la tonelada de soja en Chicago, superaba la barrera de los 500 dólaes y se acercaba a los 600. Estamos hablando de una verdadera fortuna.
Lo que pretendió la 125 fue, por medio de una fórmula móvil, establecer una relación inversa con el precio de los granos. Si el precio en Chicago caía por debajo de los 200 dólares la tonelada, la soja tendría retenciones cero. Pero con el valor en 400, ese porcentaje de impuestos pasaría al 35,75 por ciento. Y con un precio de 600, que parecía lo que sucedería antes de terminar ese mismo año, la tasa de retención llegaba a 49,33 por ciento. Y los productores agropecuarios no estaban dispuestos a aceptar que el Estado se quedara casi con la mitad de la ganancia.
El 12 de marzo de 2008 comenzó una huelga de comercialización de granos, anunciada por la Mesa de Enlace Agropecuaria, porque si algún milagro produjo la 125 fue la unidad de las cuatro principales entidades del campo: Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y Coninagro. El monstruo que se paró enfrente en este caso pudo más que las antipatías históricas entre esas entidades.
La reacción fue unida, visceral y unívoca ya que inmediatamente vinieron los cortes de ruta, las movilizaciones, los cacerolazos en apoyo al campo y las marchas K a favor del Gobierno.
La respuesta de los funcionarios ante los primeros escarceos fue tajante: No va a haber cambios, dijo Lousteau. Las movilizaciones y los cortes de ruta en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba eran cada vez más grandes y hubo desabastecimiento en las grandes ciudades.
No hacía falta echar leña al fuego, pero Cristina salió hecha un fuego, condenó la protesta y se refirió a los hechos como los piquetes de la abundancia y aseguró que no se iba a dejar extorsionar. En la Ciudad Buenos Aires estallaron los cacerolazos en reacción al discurso y hasta el peronismo tradicional se sentía afectado por el fondo y por la forma que iba tomando el conflicto.
El kirchnerismo cometió varios errores en esta etapa, más allá del fondo de la cuestión, se veía a una Cristina intransigente y ofuscada, a Néstor tejiendo con todos los sectores posibles para enfrentar al campo. Lo que no tuvieron en cuenta es que un gran sector del voto independiente se sumó al reclamo, conformando así el primer núcleo duro anti k que pudo ampliarse seis años después, de la mano de Mauricio Macri. Pero la semilla comenzó allí en la confraternidad de los actos callejeros y los cortes de ruta.
A fines de marzo finalmente se habilitó una mesa de diálogo, pero no hubo acuerdo y los productores volvieron a las rutas. Porque, al fin, no llegaban nunca a la cuestión de fondo, derogar la famosa resolución 125.
Al fin el conflicto comenzó a sufrir un viraje político entre quienes adhieren a modelos más populistas o quienes pretenden modelos más liberales. El Gobierno judicializó el asunto y denunció a las entidades del campo por violar las leyes de abastecimiento y seguridad e impedir el normal funcionamiento del transporte.
El final de la 125 fue a toda orquesta, en la madrugada del 18 de julio en el Congreso en medio de un escándalo, con la gente a favor y en contra gritando en los alrededores del edificio y con una votación empatada en el Senado. El voto decisivo y no positivo fue del vicepresidente Julio Cobos, parte del radicalismo K. Cuando no apoyó la medida provocó una derrota política contundente del kirchnerismo, que le valió ser, de ahí en más, un paria en su propio Gobierno. El kirchnerismo lo hizo invisible, por más vicepresidente que seguía siendo.
Pero el camino de la grieta ya había comenzado, y quienes estuvieron de un lado y otro de las veredas en la 125 comenzaron a mirarse de soslayo por los próximos años. Unos considerando que los sectores del campo obstruían a un Gobierno nacional y popular que pensaba solo en macroganancias y que eran golpistas. Otros que veían al kirchnerismo como un núcleo autoritario que atentaba contra el desarrollo del sector más productivo del país. Aún hoy esta divisoria sigue firme en el pensamiento de los argentinos.
Cristina logró ganar ampliamente las elecciones siguientes, pero ese núcleo duro opositor nacido en la 125 se siguió ampliando hasta que la grieta dividió al país irremediablemente en dos.













