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Gustavo Rasuk y el ADN confeccionista: la historia que hizo de Pergamino la capital de la indumentaria

Cosió para Calvin Klein durante 13 años y hoy produce para una decena de marcas. En IMPRONTA, Gustavo Rasuk contó por qué Pergamino es indumentaria y anticipó el lanzamiento de su propia marca.

10 de agosto de 2026 a las 07:01 a. m.
Gustavo Rasuk y el ADN confeccionista: la historia que hizo de Pergamino la capital de la indumentaria

Gustavo Rasuk es sinónimo de confección en Pergamino. Produjo para Calvin Klein, y también para Mango, Motor Oil, Diésel, Soviet, Vía Vai, Paula Cahen D'Anvers, Wrangler y Fiorucci. Hoy su planta trabaja para Etiqueta Negra, Gola, Las Pepas, Bolivia, Bowen, Desiderata, Portsaid, Zara, Cristóbal Colón y Carmela Achaval, entre otras. Fue el invitado del episodio 14 de IMPRONTA, y lo primero que hizo fue corregir la presentación.

"Pergamino es generador de empleo de la industria... no es textil en realidad, es indumentaria. Textil es hilado, es otra cosa. Todo el mundo dice textil, yo a veces digo textil, y no somos textiles: somos indumentaria".

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El ADN confeccionista

La premisa del episodio fue que Pergamino tiene una identidad construida durante siete décadas por familias que atravesaron crisis terribles, y que esa identidad es el confeccionismo. Rasuk le puso nombre al origen.

"El que puso la piedra fundamental fue Alfredo Annan con su familia. Los Annan fueron los que empezaron con esta industria". De esa empresa salió el primer jean lavado del país, un proceso que entonces era artesanal: se lavaba a mano y se pasaba a la piedra. En su momento de mayor escala, la firma llegó a emplear entre tres y cuatro mil personas en el edificio de la calle Merced.

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Lo decisivo, para Rasuk, no fue el volumen sino la escuela. "Cuando Annan se va desmembrando, la gente se fue a trabajar a esos talleres y formó sus propios talleres. Siempre había escuela: todo el mundo aprendía el oficio". En los ochenta llegaron Fiorucci, Calvin Klein y Wrangler, y detrás todas las marcas que eligieron confeccionar en Pergamino.

La palabra que no acepta

La pregunta era si, después de cada crisis, el rubro se reconvierte. La respuesta fue un rechazo a la palabra.

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"Cuando escucho 'reconversión', no la escucho en la televisión: la escucho en el Ministerio de Economía, en reuniones a las que he ido. 'Se tienen que reconvertir porque no conviene fabricar acá'. Ahora, ¿en qué te vas a reconvertir? ¿Me van a decir que me vaya a Vaca Muerta y voy a tener que entender de petróleo porque Vaca Muerta es negocio?".

Su alternativa es otra: "Lo que hay que hacer primero es ponerle a la industria una fuerte competitividad, y eso se hace bajando impuestos. Si no bajás ningún impuesto y pretendés competir contra la principal potencia mundial, que es China, estamos al horno. Ningún país del mundo puede compedir con China, ni Estados Unidos ni Argentina".

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Sobre la calidad local no tiene dudas: "Agarrá un pantalón de China y un pantalón hecho por nosotros, ponelos uno al lado del otro y no te das cuenta cuál es cuál. La industria nuestra no ha perdido esa capacidad de hacer las cosas bien. Lo que tenés es un costo altísimo de salarios en dólares y de impuestos".

La mitad de la prenda

El detalle impositivo lo dio con la prenda en la mano.

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"En una prenda tenés el 21 % de IVA para empezar, el 35 % de ganancias, el 3 o 4 % de ingresos brutos multiplicado por toda la cadena —el proveedor de tela, el proveedor de broches, todos pagan ingresos brutos—, el impuesto al cheque y los gastos comerciales de los shoppings. El 50 % de la prenda se la llevan el Estado nacional, provincial y municipal. Más los shoppings y los bancos".

El contraste que eligió fue Paraguay, donde la indumentaria creció sin esa carga. Y ante la disyuntiva entre limitar la importación por plataformas como Shein o Temu —celebró el tope de dólares anuales por comprador— o bajar impuestos a la producción, no dudó: "Sacar impuestos. Pero eso no está ocurriendo. Este gobierno venía a bajar todos los impuestos y a nosotros, ninguna baja. De nada".

Qué paga el que paga un jean caro

El episodio dejó también una clase corta sobre el producto. La diferencia entre un jean económico y uno premium no es solo la etiqueta.

"También pagás la marca, porque tiene un marketing que se le hace. Pero pagás la tela, la mano de obra y los lavados, que son complejos: tenés lavados desde 2.000 hasta 18.000 pesos". El lavado es la terminación que se le da al pantalón después de cosido: "La tela es cruda, y cuando vuelve del lavadero viene más blanda, se le hacen los bigotitos, las arrugas, todo lo que entra por los ojos".

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Su especialidad es el denim, y a la pregunta sobre qué tiene Pergamino para que esas marcas elijan producir acá, volvió al principio: "Tiene una historia. La historia quedó acá, y acá está todavía. Espero que podamos quedar la mayor parte de los emprendedores que hay en Pergamino, porque la ciudad lo necesita".

Marca propia

La novedad del episodio fue el proyecto en marcha: Rasuk está armando equipos de trabajo para lanzar una marca propia de indumentaria femenina de segmento alto.

"Pretendemos tener una marca del target ABC1 en indumentaria femenina", del nivel de Jazmín Chebar, Rapsodia o Etiqueta Negra, con telas importadas. No es el único: mencionó a varios emprendedores amigos que ya están con marcas locales de denim, un camino que describió como posible pero difícil.

El consumo y la vuelta al shopping

Sobre el presente fue directo: "El tema del consumo para mí es el tema número uno. Después, la importación. Hoy tenés locales cerrados por todos lados, comercios que no abren caja. Y cambió el hábito: los chicos compran todo por las plataformas".

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Aunque dejó un dato a contramano: "Hay una tendencia mundial, que lo he leído, que es volver a los shoppings. La gente en el mundo está volviendo, incluso los adolescentes. La experiencia de ir a un local, conversar, mirar, probarse, es totalmente distinta a cliquear".

"El robot chino nos va a resolver el problema de China"

La pregunta obligada del ciclo lo agarró en un día particular: esa misma jornada se había reunido con empresarios chinos a los que les preguntó por la inteligencia artificial en el rubro.

"Todavía en nuestro rubro, en todo el mundo, son humanos los que manejan las máquinas. No hay nada de eso aún". Lo que le contaron es que en unos años algunas máquinas van a estar manejadas por robots, y ahí Rasuk vio una paradoja que se volvió el momento del episodio: "El día de mañana, las industrias más robotizadas nos van a traer igualdad de competencia, porque el robot va a producir lo mismo acá y allá. El robot no cobra salario. Te va a poner en igualdad de condiciones en todo el mundo".

China, en otras palabras, exportando la solución a China. Aunque no esquivó la contracara: "¿Quién lo va a ocupar a todo eso? ¿Adónde va a ir esa gente? Me cuesta imaginármelo y no deja de preocuparme".

Por qué sigue

El cierre fue la pregunta de fondo: por qué la persiana sigue levantada, cuánto hay de fe y cuánto de negocio.

"No tengo fe: tengo lo que hago y quiero seguir en este negocio. Si no, ¿qué voy a hacer? ¿Me voy a quedar en mi casa tomando mate? No sé si sirvo para eso. Sigo apostando y sigo metiendo, y quiero que esta industria sea una industria pujante".


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