Guillermo Hugo Saracini, una vida dedicada a su vocación de peluquero
Guillermo Hugo Saracini recreó su vida y su vocación en una charla amena.
(LA OPINION)
Las mas leidas de Importados
Impuestazo y devaluación: chau tecnología, seguridad y confort
Detuvieron a un joven tras el robo a un supermercado chino del barrio Centenario
Argentino, Alem, Pinzón y Gimnasia, en la última parte de la pretemporada
El Taller de Música Pergamino en Florentino
Carlos Castagneto visitó nuestra ciudad y otorgó importantes beneficios económicos
Por la peluquería de Guillermo Hugo Saracini en el barrio Centenario pasa una innumerable cantidad de clientes. Llegan desde diversos lugares, buscan calidad en la atención y un trato amable. Lo encuentran en este hombre sencillo, de 67 años que descubrió su pasión por el oficio a los 13 años, observando a los peluqueros de su pueblo natal, Pinzón.
La entrevista en la que delinea su perfil pergaminense se concreta en su casa, ubicada a pocas cuadras de la peluquería. Está en su rato libre del mediodía, se muestra dispuesto, aunque es cauto para hablar de su vida. “Esto de hablar de uno en una entrevista no es tan sencillo como parece”, señala en el comienzo, pero enseguida se deja llevar en la charla y responde con precisión a cada una de las preguntas. No tiene dobleces. Se define como una persona temperamental y apasionada por su trabajo.
Lo acompañan en la entrevista su esposa y su hija, que acotan detalles de vivencias y anécdotas.
Los recuerdos de su vida en Pinzón ocupan gran parte del relato. Lo demás se lo lleva la peluquería y la riqueza de una vida familiar estructurada sobre la base de pilares sólidos.
“Viví en Pinzón hasta los 33 años, pasé toda mi infancia, adolescencia y gran parte de mi juventud en el pueblo, tengo muchos amigos e imborrables recuerdos y siempre vuelvo porque allí vive mi madre que tiene 93 años.
“Tuve una vida sencilla en el pueblo, me crié con mis padres: Guillermo Saracini y María Aita y tengo una hermana, Vilma, que está casada con Adolfo Zabaleta”.
Valora la relación con su hermana, con su cuñado y menciona con cariño entrañable a sus sobrinos, Germán y Verónica; y a su sobrino nieto, Fernando. Disfruta de los vínculos familiares y de las amistades verdaderas. También menciona a Susana, hermana de su esposa, y a Antonio Patta, su marido, que falleció hace un año y medio y con quienes eran “grandes compañeros de viajes”.
Una vocación temprana
Su pasión por la peluquería nació temprano. Tenía 13 años cuando miraba trabajar al peluquero del pueblo. “Desde los 19 años que me dedico a esto, me empezó a gustar de chico, a los 13 empecé a mirar a un peluquero de mi pueblo, me pasaba horas observando su tarea, estuve como dos años así mirando todo y tratando de aprender, hasta que un día me agarró otro peluquero del pueblo, me llevó con él, me enseñó el oficio y a los 19 años puse mi peluquería en un local del pueblo.
“Atendía a casi toda la gente del lugar”, recuerda con cariño y gratitud. Cuando habla de “dos grandes peluqueros” se refiere a Domingo Condolio y Enrique Barbieri, quienes le enseñaron el oficio que le permitió forjarse una profesión.
Durante un tiempo a la par de la peluquería tuvo un criadero de pollos en la localidad de Pinzón.
También fue el conserje del Club Pinzón en la época de oro. “Guardo los más lindos recuerdos, era el tiempo de Eleuterio Pigliapoco”, cuenta y asegura que el Club estaba lleno de “lindos personajes”. Era el peluquero de varios y pasaba mucho tiempo con ellos en la rutina de una vida sencilla, típica de las comunidades pequeñas.
Siempre buscando “aprender más” durante un tiempo vivió en Mar del Plata donde además de perfeccionarse tuvo la posibilidad de trabajar. “Allá trabajé en la Galería San Juan, tengo los mejores recuerdos de aquella época, yo era soltero por entonces, y Mar del Plata me permitió perfeccionarme y aprender mucho de lo que sé”.
El resto de su capacitación fue en Rosario e independientemente del lugar, siempre dedicó tiempo a perfeccionarse y estudiar. De hecho en la actualidad siempre está buscando la forma de mantenerse actualizado. “No te digo que voy todos los días, pero cada vez que puedo viajo con mi colega y amigo Sabattini a realizar cursos en Rosario.
“Somos muy buenos amigos, él es mi peluquero y yo soy el suyo”, agrega.
La cronología del relato refiere que en una época viajaba de Pinzón a Pergamino para trabajar; hasta que finalmente se estableció en la ciudad que de inmediato le abrió las puertas.
“Durante dos años viajaba a Pergamino y después ya me instalé aquí; Pergamino siempre fue una ciudad muy generosa conmigo”.
Asegura que la decisión de radicarse en Pergamino estuvo ligada a lo laboral. “En un pueblo chico hay un techo en la clientela, más de ocho clientes por día no podés hacer; en cambio en una ciudad más grande las posibilidades son otras; eso me impulsó a tomar la decisión de venirme a Pergamino, un amigo me aconsejó hace muchos años, y estoy muy agradecido de haberlo hecho.
“La gente siempre me apoyó mucho y retribuyó viniendo a la peluquería, igualmente guardo la mayor gratitud con el pueblo y recuerdo a mi primer cliente de Pinzón: Juan Arce, un hombre de pueblo”.
Hugo, como lo llaman todos, tomó la decisión de dedicarse al oficio de peluquero en un tiempo en el que no era tan común. “No había demasiados aprendices, ahora sí; cuando me vine de Pinzón en el barrio Centenario había tres peluqueros: Rodríguez, Barbieri y Suárez; ahora si los contás debemos ser 70”.
Espacio de hombres
En su salón se atienden sólo hombres. Al respecto, asegura que “son mucho más sencillos que las mujeres para tratar.
“Me parece que la mujer es más exigente con el cabello”, agrega, aunque sostiene que para ser un “buen peluquero de hombres” hay que perfeccionarse porque “con la vocación no alcanza”.
Además de buen peluquero es buen confidente. “Los hombres, como pasa con las mujeres, le cuentan todo al peluquero, muchas veces confiesan más cosas de las que cualquiera se imaginaría”, señala.
Ese respeto por sus clientes es quizás una de las mejores cualidades de su oficio. Saber hablar y callar en el momento justo y tener un buen manejo de la relación con ideas y personalidades diversas, es una fortaleza que maneja con solvencia. “En la peluquería se habla de todos los temas, pero no me meto en política ni opino sobre cuestiones delicadas, a veces es necesario saber escuchar y con eso alcanza, además el cliente siempre tiene razón”, refiere.
En familia
Casado con Marta Umanti, cuenta que se conocieron en el pueblo. “Ella también era de Pinzón, estuvimos varios años de novios, como seis, después nos casamos y nacieron nuestros hijos: Leandro (36) es periodista deportivo y está en pareja con Verónica Casas que es médica; y Julieta (30) es abogada.
Aunque en el local trabaja solo, su familia siempre está atenta a su tarea. “Algunas veces van y les ceban mates a los clientes”, señala mirando a su esposa con la complicidad de los buenos compañeros de vida.
“La peluquería está cerca de casa”, refiere y cuenta que el lugar en el que vive es el mismo desde hace más de treinta años. “Cuando vinimos era una casa chica, que luego se fue agrandando a la par de la familia”.
Siempre cerca
Comenta que siempre se ha mantenido cerca de su pueblo natal. “Mantengo la relación con el pueblo, allí están mi madre y mi hermana, además hay mucha gente del pueblo que viene a mi peluquería”.
La misma relación que tiene con el pueblo es la que mantiene con sus clientes. “La relación con ellos es muy buena, tengo muy buena clientela”, afirma.
En su negocio no tiene horarios. “La rutina tiene hora de apertura, pero no de cierre, aunque como trabajo con turnos eso de algún modo ordena la tarea”, refiere.
“La clientela es muy fiel y llegan nuevos clientes; soy un agradecido; tengo la suerte de trabajar con buena gente; será que uno le da buen trato también”.
Buenos amigos
Por fuera del trabajo asegura tener una vida tranquila. “No soy muy activo, tendría que hacer más actividad deportiva, pero muchas veces la peluquería no me deja tiempo; cuando puedo voy a caminar, me gusta el deporte, soy hincha de Boca”.
El deporte está presente en su vida y en la charla. “Es un tema casi excluyente en la peluquería; allí todo el mundo habla de deporte y en casa también hablamos mucho de deportes”, cuenta.
Seguir trabajando
En su futuro imagina cosas sencillas. “Seguir trabajando, hacer algún viaje al exterior, esos son mis proyectos, no tengo grandes pretensiones.
“Nos gusta salir de vacaciones, los viernes tengo una peña de amigos con gente de Pinzón y los sábados salgo con mi esposa; los domingos vamos a visitar a amigos que tenemos en Rojas y aprovechamos para disfrutar de la pileta.
“Seguir trabajando es lo que más quiero, estamos muy bien con la familia y nos llevamos muy bien, en ese sentido soy muy afortunado”, confiesa y es de los que cree que “cuando uno deja de trabajar comienzan los problemas”.
“No tengo demasiados sueños pendientes, dentro de lo que pude lo tuve casi todo; me gustaría ser abuelo, pero eso ya no depende de mí sino de mis hijos”.
Tiene una mirada positiva de Pergamino, a la que define como “una ciudad linda, con un progreso fenomenal”.
Se define como un hombre de pueblo y el amor por sus raíces vuelve a ocupar espacio en la conversación cuando la entrevista va llegando a su fin.
“Muchas veces vuelvo a Pinzón y siento muchas cosas, me queda esa nostalgia de pueblo, la casa donde viví y hoy vive otra gente; el recuerdo de mi padre que ya no está; eso me entristece un poco, pero también están la gente y los lugares donde crecí; Pinzón es un pueblo al que quiero muchísimo”.
Lo esperan los turnos de la tarde. A Hugo le genera alegría abrir las puertas de su local. Llegarán clientes de Pergamino y también de los alrededores. “Acá vienen de Alfonzo, Rancagua, Arroyo Dulce, Basualdo, Pinzón, Mariano Benítez y Peyrano; también los clientes de acá; es muy gratificante”.
La clientela es fiel a ese entusiasmo que él le pone a la tarea cotidiana. “Aquí no llegan por casualidad, más bien lo hacen por recomendación y después son muy leales, el 90 por ciento de la clientela es de mucho tiempo.
“Hay varias generaciones entre mis clientes, a mi peluquería llegan abuelos, hijos y nietos, es muy gratificante”, asegura.
Sabe que eso es producto de años de sostenida tarea. La pregunta lo convoca a reflexionar sobre las claves para ser “un buen peluquero”. La respuesta no demora en llegar: “Un buen peluquero tiene que tener un poquito de todo; pero fundamentalmente le tiene que gustar la profesión; yo la llevo en el alma, me encanta y me gusta trabajar bien; esa ha sido mi siembra”. La vida lo ha recompensado con la mejor cosecha.






















