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Grandes obras: en el actual contexto lo lógico sería que se posterguen

06 de enero de 2019 a las 12:00 a. m.

Todos sabemos a esta altura que atravesamos una crisis económica de proporciones y eso impacta en muchos aspectos de la vida de los argentinos, no solo a nivel individual y de bolsillo, donde estamos padeciendo lo nuestro,  también a nivel del empresariado con una recesión importante, sino además en la obra pública. Un gasto que de momento no podemos sostener independientemente de la importancia de la obra que se trate, su utilidad o lo que se la ha esperado.

Cuando se anunció desde el más alto nivel del Gobierno que se paralizaría la obra pública producto de la crisis económica y la necesidad de achicar dramáticamente el gasto del Estado, quizás no pensamos en lo que como pergaminenses podríamos llegar a perder. Solo así, en el trazo grueso: la culminación de la autovía de la ruta Nº 8, que ya se ralentizó en octubre del año pasado y hoy está parada aunque según se dijo por un receso vacacional, y la represa que, aunque muy necesaria y avanzada en su tramitación, no vemos cómo obtendremos el dinero para semejante obra en este momento tapizado de dificultades.

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Ni bien se conoció que el Gobierno nacional retraería la obra pública, las inquisitorias periodísticas locales a funcionarios municipales y provinciales fue directa en cuanto a saber qué pasaría con estas dos ejecuciones. Y las respuestas siempre ratificaron la continuidad, aunque –y esto lleva implícita una subjetividad de apreciación periodística- los argumentos para sostener esa afirmación han sido vagos, elípticos y no muy contundentes, por no decir evasivos.

La autovía es una obra muy esperada por todas las ciudades del corredor de la ruta y había alegría por el avance que registraba su construcción en los últimos años. Pero la realidad de la fecha es que la autopista lamentablemente está detenida en el tramo que atraviesa las cercanías de Arrecifes. Y la obra que unirá Pilar con Pergamino está parada por un retraso en los pagos. Es que desde la empresa JCR S.A. argumentaron que no pueden absorber los costos de la devaluación del dólar, motivo por el cual la construcción está paralizada, dado que existe un atraso en los pagos y ellos no pueden absorber ese costo. Todos conocemos la difícil situación económica en que se encuentra la Argentina y esta obra no es una excepción, como decimos. De todos modos hasta San Antonio de Areco podría comenzar a usarse la parte ya realizada, pero la finalización de la autovía, se ha alejado irremediablemente.

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Más complicada puede verse la obra de la represa que evitaría a los pergaminenses las temidas inundaciones. Otra ejecución que se espera desde hace décadas. El monto de la obra asciende a 1.300 millones con financiación del Banco Interamericano de Desarrollo y el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires llevó adelante la apertura de los sobres para los trabajos de construcción de la presa en el arroyo Pergamino el año pasado.

En la ceremonia todo era beneplácito y nadie se la quiso perder: estuvieron funcionarios del Gobierno bonaerense vinculados con Hidráulica, el intendente Javier Martínez, las diputadas Andrea Bosco y Susana Lázzari; el senador Marcelo Pacífico, representantes del Concejo Deliberante e integrantes de entidades vecinales tales como la Comisión de Seguimiento y la Comisión de Inundados que viajaron a La Plata con el fin de participar de un momento trascendental para nuestra ciudad. Es que sin dudas es uno de los proyectos más esperados por la comunidad, sobre todo la que padeció en más de una oportunidad las temibles inundaciones.

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Como es natural pensar en la necesidad de contar con la autovía sobre la ruta Nº 8 y con la represa para evitar inundaciones es ocioso, son obras muy importantes, esperadas por los vecinos, sueños muchas veces acariciados, pero la crisis económica pone en entredicho la posibilidad de avanzar con estas cuestiones. La autovía ya está paralizada y ojalá se retome en un plazo breve, y la represa seguramente podrá concretarse cuando recuperemos parte de nuestra capacidad de endeudamiento, lo que en este momento al estar sobre endeudados no es sencillo de plantear.

En épocas de crisis, como sucede en el seno de un hogar, no es propicio embarcarse en gastos extraordinarios. La urgencia de estas grandes inversiones es real, pero también lo es la falta de trabajo, la necesidad de fomento a la industria para que genere trabajo y la asistencia a brindar en tanto ese trabajo surja. Además, los gastos corrientes del Estado están atravesados por la misma inflación que corroe a la sociedad; es decir que abastecer comedores, hospitales, pagar sueldos tendrá este año un costo superlativo que tampoco se verá acompasado por una recaudación, que seguramente se verá resentida porque la gente consumirá menos (menos IVA, Ingresos Brutos, Ganancias) y porque presumiblemente el porcentaje de cumplimiento de tasas e impuestos también será menor.

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En este marco es que decimos, con todo pesar, que la prudencia indica postergar lo importante por lo urgente. Una vez más.

Pero también es año electoral, y la política hará su juego. Por eso es que pese a lo que la coherencia indica, estará la tentación de utilizar el gasto público de manera irresponsable. También una vez más.

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No tardaremos mucho en saber qué pasará con estas obras tan ansiadas. Si primará la prudencia o el oportunismo.

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