Gobierno y empresarios: se reúnen pero ¿se escuchan?
Luego de declaraciones públicas cruzadas, chicanas y cierto enojo de ambos, se realizó la reunión entre el Gobierno y la Unión Industrial Argentina.
Según lo que trasciende el diálogo fue de cierta tensión, pero lo más importante es que no parece que hayan acercado posiciones. Al comienzo y para que la charla fuese productiva, nadie quiso traer a escena la frase que utilizó Mauricio Macri contra los empresarios la semana pasada ante sus ministros, toda vez que está enojado porque siente que no quieren invertir ni apoyar lo que hace el Gobierno. Y tampoco se habló explícitamente del término llorones al que apeló el ministro de Producción, Francisco Cabrera, ni del contraataque de los empresarios. Porque en definitiva recurrir a las chicanas que se cruzaron en los días previos solo ahondaría las diferencias.
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El encuentro tuvo dos ejes fundamentales, uno fue la agenda de trabajo conjunto en las mesas sectoriales que trazaron las partes y el pedido concreto de equilibrio de la Casa Rosada a los industriales en sus apariciones mediáticas.
Es claro que a Mauricio Macri la crítica del sector empresario -del cual proviene, vale remarcarlo- es la que más le molesta, por eso el Gobierno hizo hincapié en la reunión en esta cuestión de los dichos. Marcos Peña fue directo y planteó que si solo hablaban de lo que estaba mal no se ve todo lo que se está haciendo. Evidentemente el presidente está convencido de que los industriales no están apoyando la gestión, olvidando que cuando se trata de dinero o inversiones no hay amigos.
Peña pidió que se levanten no solo las quejas, sino también que se diga lo que se valora, porque si no la trayectoria de la agenda de transformación se hacía más difícil, arengó. El macrismo piensa que no solo deben ayudar con inversiones sino con apoyo explícito al Gobierno y ensayan una teoría incomprobable: Las señales que dan los empresarios locales son importantes para el que está pensando en invertir desde el exterior. Por eso, el mensaje que dejaron Peña y Cabrera fue el de no centrarse en la parte negativa sino en la agenda transformadora. Cuando los inversores externos miran los números de un país, hablan con las consultoras y saben si les conviene o no invertir.
El mecanismo para avanzar, razona el Gobierno, son las mesas sectoriales. Viendo en conjunto los problemas y armando una agenda común. Más sencillo decirlo que hacerlo,
algunos industriales apelaron al viejo y remanido truco de culpar a la prensa de las desinteligencias, afirmando que muchas veces hablaban de las cosas buenas, pero que no tenían el mismo impacto mediático. Y que los medios preferían publicar siempre más lo que está pendiente. El argumento parece que conformó a los funcionarios. Pese a que es una línea de pensamiento utilizada hasta el cansancio para justificar críticas, tirando la piedra y escondiendo la mano.
El verdadero tema que preocupa a los empresarios no fue prácticamente abordado que no es otro que la apertura indiscriminada de las importaciones, cuando no están en plenas condiciones de competir, no solo por costos internos que sería responsabilidad de los empresarios, sino por los enormes impuestos que pagan que es una responsabilidad del Gobierno.
Luego de la reunión algunos empresarios se mostraron incómodos por el bozal que se les pretende poner y afirman que ellos no son parte del Gobierno como para tener que ser quienes salgan a defender la gestión, cuando tienen problemas que les urgen. Admiten que la idea de acordar las mesas de trabajo y los acuerdos sectoriales servirá para canalizar los reclamos, como prometen los funcionarios. Pero advierten que si después de plantear sus problemas ahí no se tiene nunca una respuesta, no queda mucho para hacer, dicen. En definitiva, los empresarios moderarán el discurso siempre que el Gobierno dé respuestas concretas y no solo palabras de aliento.
La realidad es que si los industriales pretenden que se cierren las importaciones en lugar de buscar bajar el costo y producir más barato no habrá entendimiento posible, dicen en el Gobierno, donde apuestan a la competitividad pero revisando los costos, no subiendo precios y que los termine pagando la gente. El problema radica en cómo competir con productos que se fabrican en países donde los impuestos son menores, la logística más barata y las condiciones en general son las mejores para los industriales.
Evidentemente el diálogo siempre es importante, pero ambas partes deben escucharse y si es posible lograr empatizar unos con otros. Entre el Gobierno y los empresarios no parece haber sido un gran avance esta reunión, ya que a la salida cada sector salió pensando lo mismo que antes de ingresar y con los mismos reclamos y reproches mutuos.
Quizá las mesas de trabajo que propone el Gobierno sean una solución en el mediano plazo para acercar posiciones, que hoy parecen muy intransigentes. Solo el tiempo lo dirá















