Francisco en Latinoamérica: palabras justas y sin rodeos
La gira latinoamericana del Papa Francisco, como venimos reflejando, fue de alto contenido político, quizá porque siendo de la región conoce como nadie la problemática por la que ha pasado cada país, sus golpes de Estado, sus bolsones de pobreza, su tendencia a los liderazgos únicos. Y sin dudar ni recurrir a eufemismos, taxativamente pidió consolidar la democracia, la transparencia, la lucha impetuosa contra la corrupción.
Todos los actos donde se presentó fueron multitudinarios, mostrando la gente de cada país una devoción que hacía mucho no despertaba un Papa. Francisco tiene carisma y una sonrisa siempre en su boca; eso por sí solo genera una empatía que incluso supera la jerarquía: la gente lo quiere ver de cerca y tocar por cómo es él, no porque es el Sumo Pontífice. Pero además, especialmente para quienes lo seguimos por los medios, genera gran expectativa cada una de sus apariciones porque sus homilías exceden el análisis evangélico para convertirse en verdaderos ensayos críticos de la realidad. Es muy profundo su pensamiento y muy llana su manera de expresarlo.
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Destacó el Papa, por ejemplo en Paraguay, la importancia de la construcción de un proyecto democrático sólido y estable. Tras tantos años de gobiernos duros y el inexistente respeto a las instituciones del pasado paraguayo, apuntó con pertinencia a este aspecto y obligó a una reflexión profunda del tema.
Hizo un repaso de la historia de Paraguay, recordó las guerras fratricidas que sufrió, la falta de libertad, de respeto a los derechos humanos y muertes, aludiendo a la dictadura de 35 años de Alfredo Stroessner, para poner luego de relieve el tesón y espíritu de superación del pueblo paraguayo.
Pidió democracia representativa, participativa y pluralista para Paraguay y para toda América Latina y aclaró que su referencia no es a contentarse con tener procesos electorales limpios y regulares. De este modo, sin decir nada en particular, dijo todo lo que sucede con las jóvenes democracias latinoamericanas.
Toda su gira por la región tuvo alto contenido político: en Quito, por ejemplo, llamó a evitar los liderazgos únicos y los personalismos. En Santa Cruz de la Sierra, hizo un contundente reclamo de cambio del sistema global; ya no se aguanta, dijo sobre el sistema económico global.
Estas declaraciones fueron criticadas por sectores conservadores, que consideraron que el Papa fue muy duro contra el liberalismo, sin embargo lo que intenta Francisco es que se termine la corrupción y con los modelos económicos extremos. Es el capitalismo salvaje el que cuestiona, darle otra interpretación es tener mala fe para con sus propias palabras.
Y aunque reconoció que en Latinoamérica se han dado mejoras en educación, en salud, el esfuerzo tiene que ser mayor porque son muchas las necesidades que aún están insatisfechas y apuntó fuertemente contra la corrupción porque Paraguay es, después de Bolivia, el país con menos transparencia y uno de los más pobres de la región.
En Bolivia, el Papa tuvo una emotiva reunión con presos de la cárcel de Palmasola, a quienes les recordó que reclusión no es lo mismo que exclusión porque la reclusión es parte de un proceso de reinserción en la sociedad. El Papa está acostumbrado a visitar cárceles, a hablar los presos y llevar una palabra de aliento, buscando promover en ellos la esperanza de una honestidad que siempre es posible, con la que los invita a comenzar a vivir cuando salgan de prisión.
No vino a la Argentina, donde hará su visita el año que viene como anunció oportunamente, pero sobrevoló el territorio argentino. Como diciendo no me olvido de ustedes, Francisco le envió a la presidenta Cristina Kirchner un telegrama con un saludo protocolar y una expresión de afecto a esta querida nación. Le transmitió, además, un pedido elevado al Señor para que le permitan progresar en los valores humanos y espirituales, acrecentando el compromiso para la justicia y la paz.
En realidad, el envío de telegramas a los jefes de Estado de los países que sobrevuela el avión papal, es una tradición vaticana que Francisco continúa con su propio estilo. El domingo pasado envió mensajes de cortesía a los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Colombia, Juan Manuel Santos, cuando volaba rumbo a Ecuador. El sello que le imprime el Pontífice argentino es que en cada telegrama hay referencias sutiles a los problemas económicos o políticos de ese país. Porque a Francisco no se le pasa nada y tiene una lucidez y una vitalidad que asombra a su entorno.
Por eso, para un oído atento no pasa desapercibida la mención de la justicia, en épocas de grandes tensiones en este tema en la Argentina por el conflicto entre el gobierno de Cristina Kirchner y el Poder Judicial a raíz de la remoción de jueces y su reemplazo por magistrados y abogados de confianza de la Casa Rosada. Llamó la atención la expresa referencia a la justicia, dos semanas después de que la mayoría kirchnerista en el Consejo de la Magistratura removió al juez Luis María Cabral de la Sala I de la Cámara de Casación Penal y lo reemplazó por el abogado kirchnerista Claudio Vázquez, como juez subrogante.
Más allá de este contacto epistolar, la presidenta viajó a ver al Papa en su paso por Paraguay a donde fueron invitados los mandatarios de la región.
Es sin dudas un Santo Padre muy especial, orgullo de los argentinos y ya patrimonio de la humanidad católica e incluso de otras religiones que lo admiran.














