Francisco al fango
Aunque la clase política lo niega y afirmen que su preocupación de la hora es salir de la crisis económica, absolutamente todos están lanzados a la campaña electoral camino a 2019. Todos los sectores están trabajando febrilmente en el armado de fórmulas, posibilidades de internas o de acuerdos, el oficialismo que volvió a los timbreos y una suerte de mayor tensión política en el Parlamento. Hasta acá lo que ya conocemos y vemos diariamente.
Sin embargo hay pistas, algunas groseras incluso como veremos, de que las presidenciales del año que viene serán las elecciones donde quizá más se intente utilizar la figura del Papa Francisco en la pelea electoral, ni que hablar si es que el debate por el aborto se traslada al año que viene.
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No podemos afirmar si el Santo Padre se presta conscientemente o es utilizado para el juego político sin su consentimiento. Nos inclinamos por lo segundo, en virtud de que conocemos a Jorge Bergoglio de tantísimos años antes de ser Papa y algunas cuestiones lanzadas por voceros improvisados y en algunos casos impresentables visitantes, no resultan adjudicables a su estilo y personalidad, mucho menos a su investidura.
Hace unos días, el periodista Horacio Vertbisky lanzó la idea de que Francisco había avalado, prácticamente solicitado, que Cristina Kirchner se presentara como candidata a presidenta esperando que derrotara a Mauricio Macri. Dirigentes cercanos a la Iglesia y al propio Papa salieron a desmentir en forma tajante que esta especie fuera cierta. Sin embargo, en parte, el daño está hecho porque en las redes sociales los trolls oficialistas se lanzaron a destrozar a Francisco, por las dudas. Y además, la idea, la duda siempre queda.
Más bizarro aun, por los personajes que entraña, es la extensa audiencia que dicen haber tenido con el Pontífice los metrodelegados Pianelli y Segovia, acompañados por el exvicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto. Del encuentro no hay fotos porque dijeron que Francisco no quiso. Sin embargo de acuerdo exclusivamente con los dichos de estos dirigentes, en una nota que lograron en Ambito Financiero, el Papa es el más enérgico de los kirchneristas, le preocupa la unidad del peronismo y está totalmente al corriente del conflicto gremial con Metrovías. El periodista recoge en la nota lo dicho por Mariotto y compañía respecto de lo hablado en el encuentro. Según ellos, Francisco reproduce en su pensamiento, casi punto por punto, el discurso kirchnerista desde la tendencia continental a encarcelar a dirigentes opositores en el plano Latinoamericano hasta un diagnóstico sombrío del Gobierno, pasando porque la política de Mauricio Macri cumple con postulados impuestos por Estados Unidos. Y hasta les habría marcado el rumbo cuando planteó la necesidad de la unidad de los actores sociales y de la oposición política.
Pero esto no es todo. A decir de los viajeros, en la audiencia el Pontífice llegó a comparar el Gobierno con la autodenominada Revolución Libertadora y la última dictadura.
La verdad es que de todas las audiencias que de oídas tuvimos conocimiento, cuyos trascendidos casi siempre luego fueron desmentidos, esta puede ser catalogada como la más inverosímil o la más incisiva, dependiendo de si creemos o no a los interlocutores de turno.
En la línea gruesa del pensamiento argentino, desde que Bergoglio se transformó en el Papa Francisco no se ha logrado dimensionar que el ahora Santo Padre no es más un ciudadano argentino, si siquiera un miembro del clero local, sino que es el pastor de todas las naciones del mundo, atendiendo sus necesidades espirituales y procurando la paz interna y entre vecinos, pero nunca jugando un rol en las políticas internas. Su formación, su sabiduría, sus conocimientos sobre el rol que ocupa son irrefutables, por ello fue elegido, y por tanto, del mismo modo que no opina ni de manera pública ni privada sobre lo que hace Macron en Francia, Piñera en Chile o Museveni en Uganda, es inaudito que se haya expresado del modo que dicen Mariotto, Pianelli y Segovia sobre el devenir en Argentina.
Salvo que mañana anunciaran que Francisco haya entrado en una enfermedad senil que le haga perder el razonamiento, estamos una vez más frente a un caso de uso inescrupuloso e interesado de la figura de Francisco para posicionamientos políticos domésticos.
No se puede ignorar que en su costado humano, el Papa pueda tener sentimientos más o menos cercanos con algún que otro dirigente argentino ya que es en este país donde vivió décadas y realizó casi todo su apostolado. También sabemos que las políticas liberales ortodoxas son fustigadas por Francisco en cualquier punto del planeta donde se apliquen, inclinándose por los que padecen los rigores de la pobreza, que es la opción que ha hecho como jefe de la Iglesia de Roma. Pero de allí a todo lo que dicen sus improvisados voceros que dijo el Santo Padre sea cierto hay un límite que el sentido común marca como impropio. Que Bergoglio haya dicho que el gobierno de Macri se asemeja a la última dictadura es la barrabasada más grande que han puesto en su boca. Y con esto nos estamos adelantando al afirmar que no lo dijo, porque al cierre de esta edición el Vaticano no había salido a desmentir la nota de Ambito Financiero, único medio que les dio cabida a las expresiones post encuentro, dicho sea de paso, lo que también permite hacer una lectura política del asunto.













