Francisco: a veces las cárceles se proponen incapacitar a las personas

El Pontífice dijo a los presos de Ciudad Juárez que quien experimentó el infierno puede volverse un profeta en la sociedad. Trabajen para que esta sociedad no siga cobrándose víctimas. El encuentro tuvo especial significación en México porque, un día antes de la llegada del Papa, 49 presos murieron en un motín en un penal de Monterrey (norte).
Las mas leidas de Internacional
Brasil tuvo este año el enero más letal de su historia

Joe Biden es el flamante presidente de EE.UU. y Kamala Harris su vicepresidenta

Un equipo de la OMS llega a China para investigar el origen del coronavirus

Es "satisfactorio" el estado de salud del Papa Francisco, tras la operación de colon

Murió el papa Francisco, líder espiritual y político del siglo XXI

Ciudad Juarez, Mexico, (AFP-NA) - El Papa Francisco cuestionó que la cárcel pueda resolver los problemas de la seguridad, al visitar una prisión en Ciudad Juárez, última etapa de su viaje a México que cerró ayer con una misa al borde de la frontera con Estados Unidos.
A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de rehabilitación, manifestó el Pontífice en el Centro de Readaptación Social 3 de esta localidad fronteriza con Estados Unidos, considerada en el pasado como una de las más peligrosas del mundo.
El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, acotó.
El Pontífice dijo a los presos que quien experimentó el infierno puede volverse un profeta en la sociedad. Trabajen para que esta sociedad no siga cobrándose víctimas.
El encuentro tuvo especial significación en México porque, un día antes de la llegada del Papa, 49 presos murieron en un motín en un penal de Monterrey (norte).
Esta experiencia es una pausa en nuestras vidas, dijo al Papa la interna Evelia Quintana, vestida con el uniforme gris de los presos. Trabajamos para que nuestros hijos e hijas no repitan esta historia, agregó esta madre de una adolescente.
Desde primera hora de la mañana, miles de personas con banderines y camisetas con la leyenda yo amo al Papa empezaron a llegar a la explanada junto al fronterizo río Bravo.
Muchos tomaron previsiones e iban con sombreros, garrafones de agua, almohadas, mantas y comida para pasar el día ante las inclemencias del desierto, por donde cada año pasan centenares de migrantes en busca del sueño americano. María Cruz Bautista, de 62 años, hizo el viaje desde Chicago para reunirse con su familia en Juárez y ver este día histórico para su ciudad natal, que dejó a los 14 años.
Dijo que esperaba ansiosa las palabras que Francisco pronunciará como un mensaje positivo, no nada más para la gente de ambos lados (de la frontera), sino para los gobernantes, para que tengan más piedad y más consideración con los migrantes.
La mayoría de los migrantes que atraviesan el río Bravo son centroamericanos que huyen de la violencia y la pobreza de sus países y se juegan la vida al atravesar México, donde enfrentan extorsiones, secuestros e incluso asesinatos por parte del crimen organizado.
Juan Coronado es mexicano pero ha pasado la mayor parte de su vida en Estados Unidos. En 1977 se fue de mojado cruzando ilegalmente por Ciudad Juárez, adonde regresó ayer para rezar con el Papa Francisco en la misa transfronteriza que dedicó a migrantes como él. De hecho, para ver al Papa junto a su mujer, Juan hizo fácilmente en sentido contrario el camino que cada año batallan por recorrer miles de mexicanos y centroamericanos.
Nosotros nos fuimos porque donde nacimos era muy pobre, no había qué comer, dice este hombre originario de San Luis Potosí (norte) que vive desde hace casi 40 años en Demin, Nuevo México. Pero reconoce: Allí casi no se nos tiene en cuenta.
Juan y su mujer se cuentan entre las más de 200.000 personas que, desde primera hora de la mañana empezaron a llegar a la orilla del Río Bravo de Ciudad Juárez, donde el Papa se despedió de México con una emotiva misa a favor de los derechos de los indocumentados.

















