Fortalecer la democracia desde lo que verdaderamente hace falta
Dentro de dos años, en 2023, la sociedad argentina cumplirá 40 años de vida en democracia sin interrupciones. Y aunque cuatro décadas es apenas una brisa en la historia de una nación, no hay que desperdiciar lo aprendido en este breve tiempo para dejar atrás resabios autoritarios y consolidar el respeto a los derechos fundamentales, el pluralismo, la participación equitativa de mujeres y hombres, las libertades, la igualdad y la justicia.
Las elecciones libres y transparentes celebradas en forma periódica son una condición necesaria pero no suficiente para resolver graves problemas como la pobreza o la falta de trabajo, ni para encontrar una salida razonable al alto endeudamiento en moneda extranjera que estrangula toda posibilidad de crecimiento y de desarrollo económico y social. La participación ciudadana en los comicios es, por supuesto, un pilar fundamental en la construcción de la democracia, como lo son también las condiciones favorables que permiten a candidatos de las distintas fuerzas políticas hacer conocer sus propuestas.
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Pero, respecto a esto último, la presentación de iniciativas que sumen la adhesión y, llegado el caso, el entusiasmo del electorado por parte de postulantes a ocupar los cargos legislativos que están en disputa este año (el 12 de este mes se votará para seleccionar candidatos que participarán de las elecciones generales del 14 de noviembre para diputados, senadores y concejales) carece de un componente fundamental de la vida en democracia: la confrontación pública de las ideas y opciones que ofrece cada uno de los que, en esta oportunidad, aspira a ocupar un cargo legislativo.
En lugar de debates públicos de calidad, se escuchan exposiciones -por no decir monólogos- con eslóganes que están lejos de lo mejor que se puede obtener del sano ejercicio deliberativo que obliga a presentar propuestas concretas para abordar los temas más importantes para la ciudadanía.
¿Cómo generar empleo de calidad en un contexto marcado por la pandemia?; ¿Cuál es el mejor camino para que se recupere el dinamismo productivo? ¿Cómo promover el diálogo entre el sistema educativo y el mundo del trabajo? ¿Cuáles son los desafíos que presenta la economía local o el funcionamiento de la justicia? ¿Cómo proteger los recursos naturales?
Estas y muchas otras preguntas podrían formar parte de una enriquecedora confrontación de ideas y propuestas entre candidatos de los distintos partidos políticos. Si, como observan algunos filósofos, el sostenimiento de la democracia depende de la interacción discursiva entre los miembros de una comunidad política, hoy por hoy esa interacción no se está dando en nuestra sociedad. Se pierde así la posibilidad de conocer posturas distintas en relación a los problemas reales de la comunidad en un diálogo que permite, además, comprender la perspectiva de los demás.
El sano debate democrático, entonces, pierde terreno frente a las agresiones personales, las noticias falsas y los argumentos pueriles.
Mientras tanto, es necesario seguir con la laboriosa tarea de consolidar las bases de la democracia, de trabajar para que la libertad de expresión sea una realidad, para promover el respeto a los derechos civiles, económicos, sociales y culturales conquistados desde 1983 hasta hoy, con el compromiso de erradicar cualquier tipo de violencia política, una cuestión que volvió a estar en la agenda pública y que debe preocupar a raíz del ataque que puso en peligro la vida de un diputado correntino que participaba de un acto de campaña.
Son muchos los desafíos pendientes. Entre ellos sobresale la urgente necesidad de generar las condiciones apropiadas para que la fuerza del trabajo junto a las pequeñas, medianas y grandes empresas puedan confluir en el camino de la recuperación, contribuyendo de esa manera al desarrollo económico con equidad y generación de más y mejores puestos de trabajo. Para avanzar en ese sentido, es necesario debatir ideas, escuchar a quienes piensan distinto y promover, siempre, una actitud de respeto a las opiniones de los otros, aunque no coincidan con las propias.













