Formar en oficios para recrear la cultura del trabajo
Amenudo se escucha la queja respecto del déficit existente en materia de recursos humanos formados en oficios. También la desaparición de una cultura del trabajo que aqueja a generaciones que han crecido sin ver a sus padres trabajar. Es una realidad que sucede en toda la geografía del país y concita la preocupación tanto de los sectores empresarios como educativos. La crisis de la industria, acompañada de la profunda depresión económica ha hecho que el tejido productivo se resquebrajara con la consiguiente desaparición de personas formadas en tareas que necesita la rueda productiva para funcionar y reactivar la matriz económica.
Sin ir más lejos Pergamino que ostentó el privilegio de ser cuna de grandes industrias con obreros que eran requeridos por su pericia por importantes empresas. Sin embargo, hoy tanto particulares como empresas manifiestan su preocupación por la ausencia de mano de obra calificada para la realización de determinada tareas. Y por las dificultades que acarrea la contratación de personal por la falta de apego a las responsabilidades que supone la vida laboral.
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En este sentido cobra relevancia la función de las escuelas de formación técnica, los centros de formación profesional y las propias universidades que están llamadas a dar respuesta a esta demanda sorteando la dificultad que supone que la población con intereses de estudiar y capacitarse lo hagan en campos puntuales de la esfera productiva y en las áreas estratégicas que requiere el mundo del trabajo.
Tener mano de obra calificada es una necesidad del mercado y también de los particulares. Pero formarla no es un objetivo que se logre de un día para el otro. Requiere volver a generar una cultura de que se puede progresar a partir del esfuerzo de estudiar y de hacerlo en un campo tan importante como el de los oficios y las competencias laborales. No son muchas las personas que se vuelcan a este tipo de actividades y prefieren formarse en otras áreas dejando vacantes puestos claves de la rueda productiva. Si bien hay excepciones como la respuesta que tuvo la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires con el lanzamiento de una oferta de cursos y talleres bajo la órbita del Instituto de Oficios, la iniciativa está apenas en su fase fundante y se requerirá de apoyos sostenidos para consolidarse e instalarse en la comunidad como una alternativa de formación.
Si bien en los primeros talleres que se ofrecieron tanto en las ciudades de Pergamino y Junín fue alta la respuesta, hay mucho camino por transitar. Falta volver a gestar una certeza de que algunas tareas son jerarquizadas para acercar a las personas a la formación en oficios.
Tanto en este como en otros planos, hay algo de la cultura del trabajo que hay que revisar y fortalecer. Sobre todo en un mundo en el que el conocimiento y la tecnología generan transformaciones en todos los campos del hacer productivo y requieren de recursos altamente calificados para dar una respuesta a la demanda.
En este punto hay una enorme tarea que realizar con los jóvenes que al momento de planificar la vida laboral o estudiantil,se inclinan por tareas administrativas o asociadas al ejercicio en campos de las carreras tradicionales, volcando sus intereses en actividades que poco tienen que ver con la demanda de un mercado laboral que requiere de personal calificado en oficios. Hace falta el manejo de la tecnología, pero también el trabajo manual. Trabajar sobre lo vocacional a edades tempranas y generar estímulos para quienes elijan formarse en este campo es una tarea urgente, en una economía deprimida, en un escenario complejo que exige de todos los actores sociales un enorme compromiso puesto al servicio de ofrecer alternativas y generar condiciones para que esas posibilidades de formación se hagan un lugar entre los jóvenes o entre aquellos que por alguna razón han quedado fuera del mercado laboral y necesitan reinsertarse.
Es hora de tender puentes entre la oferta y la demanda y para ello es vital el rol de la educación en todos sus niveles. En el mediano y largo plazo la consecuencia de esa tarea será poder volver a hacer girar la rueda productiva en todo su esplendor y hacer funcionar ese complejo engranaje que supone que el potencial productivo de un país en todas sus facetas se ponga en marcha para generar ese sano equilibrio entre profesiones y oficios que posibilite el crecimiento genuino.












