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Fabricio y Valentina de vuelta en casa tras viajar hasta Bogotá en un Fiat 600

Luego de 70 días y de transitar 16.100 kilómetros, padre e hija arribaron a Pergamino el pasado martes. Unieron nuestra ciudad y la capital colombiana, donde vive la mejor amiga de Valentina. Le contaron a LA OPINION sus sensaciones luego del regreso. “El próximo viaje en el ‘Fitito” será hasta...

08 de marzo de 2020 a las 12:00 a. m.
Fabricio y Valentina de vuelta en casa tras viajar hasta Bogotá en un Fiat 600

Luego de 70 días y de transitar 16.100 kilómetros, padre e hija arribaron a Pergamino el pasado martes. Unieron nuestra ciudad y la capital colombiana, donde vive la mejor amiga de Valentina. Le contaron a LA OPINION sus sensaciones luego del regreso. “El próximo viaje en el ‘Fitito” será hasta Alaska”, adelantó Fabricio.

El Fiat 600 color amarillo con Fabricio Lanzillotta al volante y su hija Valentina como acompañante regresó a Pergamino el martes luego de 70 días y 16.100 kilómetros recorridos. A bordo del noble “Fitito”, propiedad de la familia desde 1978, cumplieron con el objetivo de llegar a Bogotá, Colombia, donde reside Gabriela, la mejor amiga de Valentina.

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“Fue muy lindo, hacía dos años y medio que no la veía a ‘Gabi’, ella vivió en Pergamino desde los cuatro años y en segundo año de la Secundaria se volvió con su familia a Colombia, recorrimos todo Bogotá juntas, me puse muy contenta porque la idea era quedarnos solo una semana pero al final estuvimos 17 días, yo paré en su casa, recorrimos un montón, conocí Chorro de Quevedo, el cerro Monserrat, la zona de universidades, todo el centro. A lo mejor el año próximo Gabriela venga a Pergamino”, le contó con entusiasmo Valentina a LA OPINION.

Para Fabricio esta ida y vuelta a Bogotá significó su primera aventura internacional en el Fiat 600 con el agregado de haber podido cumplir el pedido de su hija de reencontrarse con su amiga. “Fue mi viaje más largo, los anteriores habían sido todos dentro del país, en moto o con el ‘Fitito’ cuando Valentina todavía no tenía dos años, en esa oportunidad recorrimos la Patagonia, un viaje de 5.500 kilómetros nada que ver con este que fueron algo más de 16.000 kilómetros y cruzando distintos países, formas de vida y organizaciones del tránsito”, le manifestó Fabricio al Diario en su taller de Marcelino Ugarte 1025 con el “Fitito” como testigo.

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Nada igual al tránsito de Lima

Fabricio y Valentina partieron de Pergamino el 25 de diciembre y pisaron nuevamente suelo pergaminense el pasado martes con miles de vivencias y anécdotas. “Chile es muy ordenado para manejar, pero en Perú hay un gran descontrol vehicular, muchos motocarros que los usan como taxi y para hacer fletes, hay miles, circular en medio de ese enjambre es bastante complicado. Después de haber manejado en Lima manejo en cualquier parte del mundo”, expresó Fabricio con una sonrisa.

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“En Ecuador y Colombia es más ordenado el tránsito, pero fue casi todo camino de montaña porque fuimos a caballo de la Cordillera de los Andes, con algunos tramos de desierto pero enseguida volvíamos a la montaña, fue un manejo bastante complicado y exigente”, agregó el conductor del “Fitito” amarillo.

Amigos durante el camino

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“La experiencia fue maravillosa, no conocía a nadie y nos recibieron de una manera increíble”, relata Fabricio que previo al viaje se contactó a través de un amigo con un colombiano que había venido a Argentina a un encuentro de Fiat 600. “William había venido a Olavarría con un ‘Topolino’ como lo llaman en Colombia, un Fiat Zastava, que es básicamente un ‘Fitito’ pero con un motor más chico, 750cc, y me incluyó en los grupos de WhatsApp de los clubes de ‘Topolino’ de Colombia, así me contacté con mucha gente que se interesó en nuestro viaje y en cómo íbamos”, contó.

El primer recibimiento de “amigos del Fiat 600” fue en Las Peñas, Ecuador. “En ese lugar nos encontramos con Fabián y su esposa Cristina, que hicieron 200 kilómetros para ir a esperarnos, nos hicieron remeras del viaje y a la vuelta nos regalaron una bandera con nuestros nombres, una patente de Ecuador, estuvimos tres días en su casa en Tulcán”, relató Fabricio.

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La travesía del “Fitito” pergaminense continuó y en el sur de Colombia tuvo un nuevo recibimiento, que tuvo como anfitriones a la agrupación Topos Pasto. “Carlos Guerrero, el presidente del Club nos hospedó en su casa durante cuatro días. Después fuimos a Cali, donde nos hospedó un miembro del club Valle Motriz, luego llegamos a Bogotá y me hospedé en la casa de William, otros miembros del grupo se peleaban para hospedarme y estuve en dos casas más. Todos querían compartir con el argentino que había venido en el ‘Fitito’ a Colombia”, recordó Fabricio, que cuenta con orgullo: “Fuimos el tercer Fiat 600 en llegar a Colombia, uno de los dos que llegaron antes todavía está en viaje, es una chica que llegó hasta la frontera de Estados Unidos con Canadá, donde no la dejaron pasar”.

La hospitalidad que Fabricio y Valentina vivieron en este viaje jamás la olvidarán. “La experiencia con la gente de Colombia fue extraordinaria, también nos trataron muy bien en Chile”, destaca Fabricio. Valentina coincide con su padre: “Además de los paisajes, lo más lindo del viaje fue la gente de Colombia, la forma en la que nos trataron, al igual que toda la gente que encontramos durante el recorrido”.

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Padre al volante e hija de acompañante: sueñan con llegar hasta Alaska. (FABRICIO Y VALENTINA LANZILLOTTA)

“El perro callejero”

Durante su estadía en Colombia, ante la consulta de otros amantes del Fiat 600, por el nombre de su “Fitito”, Fabricio respondió “El perro callejero”. Al argumentar el porqué del nombre, expresó: “Nos habíamos transformado en perros callejeros, porque dormíamos donde podíamos, comíamos cuando podíamos por las circunstancias del viaje, en Colombia me regalaron una patente que dice ‘El perro callejero’, fue una experiencia muy linda con la gente de ese país, volví con un montón de amigos”.

Durante los 16.100 kilómetros el Fiat 600 de Fabricio y Valentina demostró su nobleza por las rutas de América del Sur. Solo tuvo dos inconvenientes mecánicos. “De ida el único problema que tuvimos fue la rotura de un acople y a la vuelta no tuvimos inconvenientes hasta entrando a Jujuy. Luego de cruzar la frontera por un descuido mío me quedé con poco nivel de aceite y en una bajada la bomba no chupó aceite en un momento y se fundió un metal de biela del cilindro 1”, explicó Fabricio.

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A partir de ese momento vivieron una aventura en sí misma para poner nuevamente en condiciones el auto. “Tuvimos la suerte de quedamos muy próximos a un campamento de una empresa que presta servicio a una mina así que nos dieron alojamiento, alimentos y un taller donde se reparó el auto”, contó el conductor.

“Mi amigo Fernando Scoda me mandó los metales de biela y de bancada, me los envió desde Rosario a San Salvador de Jujuy, nosotros bajamos desde el Salar de Olaroz Chico hasta San Salvador, unos 300 kilómetros en un camión y esperamos los repuestos, después tomamos un colectivo hasta Susques, pero desde ahí hasta donde estaba el auto faltaban 60 kilómetros, hicimos dedo en la ruta y a la media hora nos paró un mini bus que iba para la mina Sales, armé el auto, lo puse en marcha y el domingo a la mañana salimos para Pergamino, esa fue la parte más complicada mecánicamente”.

La velocidad a la que viajaron en el Fiat 600 fue 80 ó 90 kilómetros por hora. “En algunos tramos fuimos a 100 kilómetros como en el Valle del Cauca y en caminos de mucha trepada íbamos a 40, 30 ó 20 y hasta en primera. En La Línea Bogotá, que es temida por todos los colombianos por la cantidad de camiones, estos vehículos te obligan a ir a menos velocidad y me llevó a poner primera para trepar porque me quedaba sin envión, La Línea Bogotá sube hasta los 4.0000 metros de altura, manejar ahí con el ‘Fitito’ para mí fue un orgullo”, dijo Fabricio.

Próxima aventura hasta Alaska

El haber conquistado las rutas de América del Sur con el “Fitito”, cubriendo en gran parte el camino de la mítica competencia Buenos Aires-Caracas de 1948, llevaron a Fabricio a decir “ahora quiero más” y ya sueña con una nueva aventura. “En el viaje ya pensaba que el próximo viaje de aventura será hasta Alaska, pero antes quiero que mi esposa y mi hija menor hagan el viaje que nosotros hicimos pero en el auto familiar, no en el ‘Fitito’ porque no entra el equipaje de cuatro personas y tampoco tiene la potencia suficiente para andar por la montaña cargado con cuatro personas”, explica Fabricio.

“Al ‘Fitito’ ya le conozco los puntos vulnerables, que es lo que se puede romper, que es lo que hay que mejorar, entonces garantizo que llega a Alaska”, afirma, al tiempo que Valentina se suma al proyecto de su padre y destaca las virtudes del viaje que acaba de finalizar: “Fue muy lindo ver la realidad de cada país, porque nosotros no fuimos como turistas, no tomamos las rutas del turismo, fuimos por los pueblos, por las zonas pobres, me gustó mucho esa experiencia”.

Con el apoyo de muchos

Para llevar a cabo este viaje Fabricio y Valentina contaron con el apoyo de: familia de Valeria Von Wernich, Graciela Bello, Haydée Bogado, Alberto y Juan Pablo Andrés, Daniel Cadierno, Jorge Parodi, Susana Cuartango, Alejandro Mata, Fernando Escoda, Ricardo Portal, Marcelo Rodríguez y Oscar Millares; en Chile, Rodrigo Cofré (Calama), Patricio Tapia y Mirella Santander (Pozo Almonte); en Ecuador, Fabián y Cristina (Tulcán); en Colombia, Carlos Guerrero, Topos Pasto (San Juan de Pasto), William León y Yamilé, Carlos Jiménez, Andrés Guarín y Karol, Daniel Martínez, Andrés Montanía y Adriana Leal Flores, Daniel Moreno, Don Gus, Club Topos Colombia y Jorge Vallecillas.

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