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Extranjeros en nuestras universidades: ¿somos los “hijos de la pavota”?

07 de agosto de 2018 a las 12:00 a. m.

No es la primera vez que planteamos esta cuestión, que pese a las implicancias que tiene no termina de aparecer en la agenda del oficialismo. Quizá porque es un tema que divide aguas ideológicamente y el Gobierno prefiere no abrir un frente más; sin embargo a raíz de los médicos truchos extranjeros que aparecieron trabajando en hospitales públicos, vuelve sobre el tapete que la carrera de Medicina, una de las más costosas para el Estado y que se ofrece gratuitamente en la Argentina, lo que la volvió un gran atractivo para los extranjeros, principalmente para los brasileños. Ya no se trata exclusivamente de una cuestión de prestigio, lo cual también tiene incidencia, sino en un asunto de economía, según afirman los mismos protagonistas.

Según las últimas estadísticas del Ministerio de Educación de la Nación, uno de cada siete estudiantes de Medicina es extranjero. Y los brasileños son más de la mitad: 6.721 de los 12.240 estudiantes internacionales que tiene la carrera. Esto tanto en universidades públicas como privadas. Uno de cada siete es bastante más que la media nacional. El promedio indica que apenas uno de cada 32 estudiantes universitarios (abarca todas las carreras) es extranjero. Brasil es el segundo país que más extranjeros aporta al sistema universitario argentino, después de Perú. Unos 8.803 brasileños estudian en el país y el 75 por ciento de ellos aspira a convertirse en médico, estudiando en nuestras aulas, con prestigiosísimos docentes, sin costo alguno.

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Nuestras universidades tienen interesante nivel académico, eso no se pone en duda, pero la razón por la cual tenemos este fenómeno en Medicina no se debe tanto al nivel, sino a la cuestión económica como decíamos, porque estudiar Medicina en Brasil es muy difícil. La universidad pública tiene una ley de cupos y se rige por un “examen vestibular” al terminar la secundaria que hace que los aspirantes puedan estar seis o siete años rindiendo para poder entrar. El sistema privado, en cambio, resulta tan costoso que solo acceden los hijos de las clases altas. Al fin, viajar a la Argentina donde pagarán alquiler y se mantendrán pero sus estudios son absolutamente gratuitos, les sale ostensiblemente menos que estudiar en su país. Dicen las estadísticas que los brasileños de menores recursos eligen las universidades de Paraguay y de Bolivia, que tienen un menor prestigio académico, mientras que los brasileños de clase media optan por Argentina.

Para clarificar el panorama, en Brasil, estudiar Medicina puede costar unos 62.000 pesos argentinos al mes. En cambio, muchos de los estudiantes viven en Buenos Aires, con un presupuesto de entre 18.000 y 30.000 pesos, incluyendo sus gastos de vivienda y manutención, solventan sus estudios.

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Ante el aluvión de estudiantes brasileros y como único requisito, la universidad exigirá a partir de ahora un certificado de español básico para los que hablan otro idioma como sucede con los brasileros que se inscriben, a fin de resolver problemas de entendimiento en el primer año de la carrera.

Se cumplió este año el centenario de la Reforma Universitaria, orgullo de una argentina principista y de gran apertura intelectual. Y no renegamos de esa reforma que hizo a la movilidad social en nuestro país, porque el efecto más beneficioso de la educación es, precisamente, que permite a quien viene de los sectores sociales más bajos, subir en la escala social de manera visible y por mérito propio. Y es la gratuidad la que claramente colabora con el fenómeno, pero esa gratuidad está pensada claramente para los argentinos, para los residentes, para los que viven acá, entonces estudian acá y van a ejercer la profesión acá. Y que a su vez, a lo largo la vida civil de sus padres y luego la propia, contribuyen al sistema mediante el pago de impuestos.

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Seguir ofreciendo la universidad gratuita a cuanto extranjero viaja a la Argentina, sin la más mínima contraprestación pecuniaria, que sí tienen todos nuestros países vecinos, es casi sacar un certificado de “Estado bobo”. En este punto nos hemos convertido en los “hijos de la pavota” del Cono Sur, al que todos “usan” sin dar nada a cambio. Porque todos los ciudadanos que pagamos impuestos (y que altos y pesados son) estamos sosteniendo la universidad y lo lógico es que sea una herramienta gratuita para los hijos de ciudadanos. No para ofrecer estudios superiores a toda la región sin que tengamos contraprestación alguna, ni siquiera post graduación, ejerciendo en el país por un tiempo, en hospitales públicos y tributando sobre las ganancias.

Los brasileños, como otros extranjeros, vienen por la gratuidad, está clarísimo, la calidad educativa y por las posibilidades de acceso a cursos de grado y de posgrado y también porque aquí las especialidades y las residencias hospitalarias son pagas, cuando en otros países tienen que pagar para cursar.

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Mientras tanto, desde Argentina exportamos grandes talentos y mucho dinero por el mismo concepto, porque el Argentino que quiere estudiar en otro país debe hacerlo mediante una beca de mérito o abonando matrícula. Solo en esas condiciones un argentino puede formarse afuera mientras que todos vienen aquí para hacerlo gratis.

Si nuestra carrera de Medicina casi parece una universidad bilingüe, español-portugués, ¿es impropio buscar el modo que exista una contraprestación por alumno? Porque la gratuidad de nuestra universidad se termina desvirtuando si está al servicio de un cupo tan importante de estudiantes extranjeros, porque en sus países es caro estudiar.

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La verdad es que el tema debiera estar en la agenda de los legisladores que normalmente están en otra cosa, siempre, y no de los asuntos que debieran ir resolviéndose. Y sobre todo del oficialismo que tiene más herramientas para establecer pautas en temas que son importantes para la sociedad, como es el caso de nuestra universidad pública y gratuita, hoy puesta al servicio de gran cantidad de estudiantes extranjeros sin contraprestación alguna.

¿Alguna vez vamos a despertar los argentinos?

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