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Expectativa por los cambios en la Procuración bonaerense

24 de noviembre de 2016 a las 12:00 a. m.

Si hay algo que preocupa a los bonaerenses es la inseguridad, su permanente crecimiento y este no encontrar un camino que al menos la morigere.

Es una problemática con muchas aristas, algunas de ellas muy profundas y estructurales, que requieren de un trabajo arduo en todo el entramado social y un acuerdo político que trascienda los gobiernos de turno, lo que demandará años -a partir del día en que nuestra dirigencia se decida a empezar- en hacer visible un cambio.

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Pero también hay otros aspectos más superficiales y coyunturales que hacen al flagelo de la inseguridad, atado al avance de la delincuencia. Son aquellos que tienen que ver con lo operativo, asuntos donde se puede hundir el escalpelo y rápidamente ver los efectos. Entre estos últimos está la Justicia. Algo de ello hablábamos en nuestro editorial del domingo.

En este ámbito se ha producido un cambio. No precisamente como parte de un diseño estratégico sino por el recambio natural.  Por la jubilación de María del Carmen Falbo, llegaría a la Procuraduría Julio Conte Grand. Aunque se trata de una normal sucesión de hechos, sería naif no leer en la salida de una y la llegada del otro el interés de imprimir una impronta distinta en la Justicia bonaerense.

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Desde que asumió el Gobierno provincial, la procuradora general de la Suprema Corte, María del Carmen Falbo, se encontró con algunos cuestionamientos, aunque más políticos que por su función específica. 

El cargo de procurador es de carácter vitalicio y solo puede culminar por decisión del funcionario o ante la presunción de alguna irregularidad, en un proceso de juicio político. En este caso, Falbo decidió acogerse a la jubilación; nadie niega que pudiera existir un grado de agotamiento por tan dilatada carrera, pero lo cierto es que su origen peronista la hacía blanco de críticas de Elisa Carrió o de Cristian Ritondo.

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Sucede que Falbo asumió el cargo en 2004, durante el mandato del exgobernador Felipe Solá, surgió y se consolidó en el universo del peronismo bonaerense. Nunca logró una buena sintonía con el gobierno macrista. Menos aun cuando la inseguridad muerde los talones de los bonaerenses y la línea de acción de la procuradora no era la pretendida por el PRO y puntualmente por Vidal, para quien no existen medias tintas. 

Y Ritondo, fuerte crítico del garantismo judicial al que identifica con la puerta giratoria, directamente la invitó a irse: “Creo que tiene un tiempo agotado. Ya cumplió un ciclo en la provincia de Buenos Aires” había dicho respecto de la procuradora.

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Al fin, Falbo decidió pedir su jubilación, lo que le permite al PRO colocar alguien de su cúneo en un cargo que es clave en la lucha contra la inseguridad; el procurador es quien marca el pulso de las investigaciones y decisiones de todos los fiscales de la provincia de Buenos Aires. 

La gobernadora María Eugenia Vidal ya tiene un nombre. Se trata de Julio Conte Grand, que fue procurador general de la Ciudad de Buenos Aires y es hombre de máxima confianza del macrismo. 

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Su designación es facultad del Poder Ejecutivo, pero con acuerdo obligado del Senado provincial. De modo que, si los senadores apoyan mayoritariamente su nominación Julio Conte Grand podría volver a estar al lado de María Eugenia Vidal en un cargo muy parecido al que ocupó hasta noviembre del año pasado, cuando la actual mandataria bonaerense todavía era vicejefa del Gobierno porteño como procurador general de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

En octubre, las urnas transformaron a Vidal en la primera mujer que conduce las riendas del poder bonaerense y, desde que supo el resultado, prometió llevarse a Conte Grand a La Plata. Así lo hizo apenas llegó al Gobierno provincial lo nombró como su secretario Legal y Técnico, es decir, el hombre que debe cuidarle la firma a la gobernadora. 

No obstante, el abogado -uno de los preferidos de la jefa del Ejecutivo provincial- deberá aguardar un poco más, hasta que sus pliegos sean presentados a la Legislatura bonaerense para convalidar su nombramiento como titular del Ministerio Público de la provincia de Buenos Aires. Y seguramente se convertirá en una pieza clave en la ofensiva que sostiene Cambiemos para profundizar el reordenamiento de la cadena de mandos del aparato policial, actualmente conducida por Pablo Bressi, acompañado por dos figuras, los ministros de Seguridad, Cristian Ritondo, y de Justicia, Gustavo Ferrari.

La idea es que con todos los efectores de la seguridad, tanto ejecutivos como judiciales, se logren algunos objetivos en una materia que preocupa y mucho a los ciudadanos de esta provincia en todos sus distritos.

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El abogado, muy bien visto por los sectores más conservadores de la Iglesia que fue en su momento el que lo recomendó para su primer cargo político, viene del macrismo más puro y tiene con Vidal una relación muy cercana.

Tanto que fue en su casa la reunión secreta (que como siempre se termina sabiendo) esta semana entre Elisa Carrió y la gobernadora bonaerense.

El nexo con Vidal viene por lo laboral, y con Carrió el vínculo es por el Opus Dei, un dato del currículum que pesa “como collar de melones”, dado el perfil de los cultores de la obra de Escribá de Balaguer y la inexorable conexión con las altas esferas del poder político y económico del Vaticano.

La mandataria invitó a la diputada a una cena de casi tres horas, en las que se habló de política, aunque se evitaron temas incómodos -según referentes de ambos sectores-, como la probable candidatura de Carrió en 2017. El secretario de Legal y Técnica de la provincia, Julio Conte Grand (precisamente el candidato a procurador bonaerense), ofició de anfitrión en su casa de Palermo, a la que también llegaron el vicejefe de Gabinete nacional, Mario Quintana; el asesor jurídico de Mauricio Macri, Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, y el secretario de Derechos Humanos bonaerense, Santiago Cantón.

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La expectativa que se puede abrir en este caso, más allá que solo el tiempo dirá cómo resulta el cambio de procurador, es que el equipo que está armando la gobernadora para controlar la inseguridad no tenga fisuras y se logre ir acorralando un delito que viene desde hace años creciendo en un espiral sin freno. Porque, entre otras muchas cuestiones, necesitamos ir cambiando la mentalidad de la Justicia para que pueda ayudar en los tiempos que vivimos. Deben adaptarse a una delincuencia mucho más violenta y profusa, utilizando la discrecionalidad en un sentido más preventivo y ejemplificador. La elección de Conte Grand como jefe de los fiscales creemos que tendrá ese sentido.

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