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Estupor por el incendio “intencional” de la Catedral de San Nicolás

01 de febrero de 2017 a las 12:00 a. m.

Provocó pesar en la gran comunidad católica de la región el incendio de la Catedral de San Nicolás el jueves pasado. Todo comenzó en el altar y las llamas se extendieron a otras áreas del templo. La gente miraba consternada cómo el fuego iba consumiendo las imágenes religiosas. Las primeras versiones indicaban que el siniestro se habría iniciado por un desperfecto eléctrico en el órgano de la Catedral, pero la identificación de un segundo foco por parte de los peritos, generó sospechas en los funcionarios judiciales.

¿Era posible que el incendio de la Catedral no fuese obra de la casualidad, la desidia o un accidente?

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El interrogante no es ocioso porque a poco de pasado el estupor por el incendio, el fiscal de San Nicolás, Julio Tanus, que tiene a su cargo la causa por el siniestro en la Catedral, identificó a tres hombres como posibles autores del hecho. Serán citados a declarar en el transcurso de la semana, porque para la Fiscalía, la principal hipótesis es que fue intencional.

Tanus manifestó que si bien no tiene la filmación donde se capta a una o más personas prendiendo fuego algún material, pudo “atar cabos” sobre la base de las declaraciones testimoniales y a las grabaciones de las cámaras de video vigilancia del exterior de la Catedral. Incluso testigos presenciales del barrio cercano al templo afirmaron que habían visto a tres hombres mayores de edad burlándose del incendio, lo cual sin dudas llamó la atención, viniendo de un país mayoritariamente católico que, además, no tiene problemas religiosos. Más aún: a dos de los tres se los captó por las cámaras externas del edificio. El fiscal advirtió que había solicitado una serie de allanamientos y la detención de las tres personas identificadas, sin embargo un juez de Garantías denegó realizar esas medidas. Pero el caso siguió ya que el pasado sábado Tanus dio a conocer la pericia del personal de Bomberos, que descartaba que el hecho haya sido producido por desperfectos eléctricos. La principal hipótesis es que el incendio en la Catedral de San Nicolás fue intencional, y quedó prácticamente descartada la posibilidad de un desperfecto eléctrico.

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Concretamente el peritaje en la Iglesia Catedral para determinar las causas del siniestro que destruyó una gran parte del patrimonio histórico del edificio, arrojó que aparentemente el incendio se produjo en el altar y rápidamente ganó toda la estancia. El segundo foco que se concentró en el órgano podría haber sido consecuencia del primero al “volar” elementos incandescentes.

El fiscal sobre la base de  los testigos y las imágenes de las cámaras de seguridad de cercanías del templo, llevó a que se identificaran a los tres sujetos como los posibles incendiarios y ya han sido citados a declarar en el marco de una investigación que tiene un resultado incierto.

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Cierto es que la violencia en cualquiera de sus formas es repudiable, que destruir espacios públicos habla de una actitud social absolutamente inadecuada para vivir en comunidad. Si a eso le agregamos que en este caso la furia inexplicable se descarga sobre un templo cristiano, insistimos, en un país sin conflictos religiosos, es incomprensible. Una violencia desatada en un espacio donde los feligreses van a orar, a pedir, a agradecer. Hay que tener mucho resentimiento y mucho odio en el corazón para atacar e incendiar una catedral. ¿Cuál es el objetivo? Y eso es lo más peligroso, hundir el escalpelo en las razones por las cuales se genera un siniestro de estas características. Aquí aparentemente no hubo un robo en este caso, que no justifica igual pero llegaríamos a conclusiones más entendibles, el incendio hubiese sido en ese caso para encubrir un delito. 

Lo cierto es que el daño parece solo producto de destruir los espacios donde la gente se congrega. Y desde esa perspectiva no deja de ser una desagradable sorpresa que haya sujetos capaces de actitudes que dañan a una comunidad por el puro gozo del daño.

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No será sencillo determinar si efectivamente estos tres sujetos que se burlaban del incendio son las manos anónimas que provocaron el siniestro, pero el fiscal está dispuesto a llevar la investigación hasta donde sea necesario, teniendo en cuenta que estos individuos u otros fueron los responsables porque los peritajes ya determinaron que el acto fue intencional.

Cuando hablamos de las conductas antisociales se consideran faltas o delitos sancionados por la ley (contra la propiedad como el robo o el vandalismo, o contra las personas, como cualquier tipo de agresión, acoso o coacción); el propio derecho penal puede entenderse como orientado a responder al comportamiento antisocial mediante la sanción que contiene la norma. Sin embargo, en un caso como este, sería interesante averiguar en el marco de la investigación si hay algún objetivo subalterno (generar caos, tristeza o estupor) o son producto de personalidades psicopáticas. En este caso, de no encontrar esos objetivos subalternos, podríamos estar frente a personas con exceso de agresividad, ausencia de empatía y enorme resentimiento hacia los demás, lo que puede transformarlos en peligrosos para la vida en sociedad. 

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La Justicia tendrá la última palabra, pero incendiar una catedral intencionalmente no es un hecho que puede quedar impune, como tantos en la Argentina.

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