Estremecedor relato de un pergaminense atrapado entre los aludes en Mendoza

Radicado en Santiago de Chile hace cinco años, Alejandro Parodi, vivió junto a su familia una de las experiencias más fuerte de su vida, cuando regresaba a su ciudad de origen de vacaciones y lo agarró en plena cordillera una fuerte tormenta eléctrica que causó desmoronamiento de tierra y piedras. Hoy, más tranquilo, relató a LA OPINION los detalles de esta experiencia.
DE LA REDACCION. Alejandro Parodi es un pergaminense que vive hace cinco años en Santiago de Chile junto a su mujer y sus dos pequeñas hijas. El fin de semana pasado, cuando regresaba a su ciudad de origen para pasar las vacaciones en familia y con amigos, le tocó vivir una de las experiencias más estremecedoras de su vida al quedar atrapado en las altas montañas entre dos aludes.
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La tormenta eléctrica que provocó el desmoronamiento de tierra y la caída de piedras del tamaño de una mesa, con una pared de montaña a un lado y precipicio en el otro, quedarán gravados para siempre en su memoria.
Hoy, más tranquilo y disfrutando de sus vacaciones en Pergamino, relató a LA OPINION los detalles de esta experiencia que superó incluso el terremoto de 8,4 que lo encontró en el decimoctavo piso de un edificio.
Alejandro había finalizado su jornada laboral el viernes y al día siguiente emprendió el viaje a Pergamino. Salimos de Santiago el sábado y al llegar a la Aduana observamos que había muchísima gente. Empezamos a ver que caían algunas gotas, pero nadie nos advirtió nada y uno realmente desconoce lo que puede llegar a ocurrir. Yo llevo varios años viajando y el camino lo conozco muy bien, pero nunca vi algo similar.
Luego de dos horas de demora, la familia Parodi continuó el viaje hacia las altas montañas de la Cordillera de Los Andes, donde quedarían varados por un día. A unos 40 minutos de la Aduana, cuando ya me encontraba entre las montañas comenzó una tormenta eléctrica con lluvia y granizo, explicó.
En ese momento la familia circulaba por un tramo sinuoso con montaña de un lado y precipicio del otro. Desde la parte alta caían rocas del tamaño de una mesa y empecé a maniobrar para esquivarlas. En ese momento uno imagina que se podía desmoronar el camino y provocar un alud. En cuestión de minutos lo que era inevitable sucedió. Un alud de aproximadamente 100 metros de ancho y 8 de profundidad cayó a pocos metros del automóvil. Justo en una curva me encuentro con que se desprendió parte de la montaña, a unos 15 metros delante nuestro. Frené inmediatamente y como pude di la vuelta, haciéndole seña a los otros autos que venían detrás mío. Empezamos a apilarnos todos y a los pocos minutos vimos que más atrás se había producido otro desprendimiento, dejándonos sin salida, relató.
Fue una situación terrible. Ese es el momento en que uno piensa que son las últimas imágenes, agregó Alejandro.
Cuando comenzó a disminuir la lluvia el pergaminense bajó a dialogar con las demás personas que se encontraban en la misma situación. Había aproximadamente diez autos y un colectivo con pasajeros. El chofer nos dijo que era probable que tengamos que esperar uno o dos días, pero dos horas más tarde, cuando comenzábamos a hacernos la idea de que teníamos que pasar la noche ahí, aparecieron tres gendarmes o militares de alta montaña, que llegaron escalando y abriéndose camino sobre los aludes. La verdad es que uno no espera que en una circunstancia lleguen en tan poco tiempo. Se ve que ni bien paró la lluvia salieron a buscar gente, sabiendo que corrían riesgo ellos mismos.
Los efectivos los guiaron hasta un refugio ubicado a unos 8 kilómetros del lugar donde estaban varados, pasando sobre los aludes y las rocas y ayudando a niños y personas mayores. Finalmente pasamos la noche en el refugio, con frío, sin agua ni comida y al otro día comenzaron a llegar los víveres. La jornada de sol permitió que las familias regresaran hasta el lugar donde habían quedado los autos. Sin embargo, tuvieron que regresar al refugio nuevamente porque el alud todavía no había podido ser removido.
Recién en las últimas horas del domingo fue liberado uno de los carriles para que las personas que habían quedado atrapadas en la alta montaña pudieran llegar a Uspallata escoltadas por Gendarmería. Sin embargo, debido a la cantidad de gente que esperaba para cruzar, los hoteles estaban ocupados y tuvieron que continuar hasta la ciudad de Mendoza, para descansar y seguir viaje a Pergamino.
La familia se encuentra ahora disfrutando de sus vacaciones en nuestra ciudad, sobreponiéndose a esta dura experiencia que quedará como una anécdota de vida.














