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Estamos en crisis, ¿y qué hay después?

09 de enero de 2019 a las 12:00 a. m.

En esta Argentina que en estos tiempos vive en emergencia, la Argentina terminará este año con un Producto Bruto Interno (PBI) hasta 4 por ciento más chico que el de 2015 y por el momento no existen certezas de cuándo se podrá revertir el desastre. Más que se da en un contexto en que la región crece, lo cual nos señala más todavía en nuestro errático camino.

Lo cierto es que todas las variables de la economía terminaron en 2018 muy mal, ya que todas empeoraron un poco más. Y el impacto de la crisis recesión en el consumo, con salarios un 50 por ciento más chicos en dólares que hace tres años, es lo que más atemoriza a comerciantes e industriales Pymes, que se sustentan en un 100 por ciento del consumo interno, hoy claramente deprimido.

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El Gobierno, como es un año electoral y los empresarios por desesperación, tienen los ojos puestos en el corto plazo, como buscando señales concretas respecto de cuándo verá el final la recesión que en este primer trimestre de 2019 podría tocar fondo.

Lo que en definitiva quieren saber los empresarios Pymes y todos los argentinos, es que si una vez corregido el déficit fiscal y las tarifas, proceso que con mucho esfuerzo estamos transitando, la política económica de Cambiemos generará las condiciones para que se recupere el salario y con ello el mercado interno. En definitiva, si hay plan económico más allá de la coyuntura, si detrás de todas estas calamidades hay una hoja de ruta para encarar a futuro. Eso es lo que queremos y necesitamos escuchar en las propuestas de campaña; porque de la crisis vamos a salir más temprano que tarde, con más o menos secuelas, pero lo imperioso es saber qué viene después, cuál es el camino que se propone para crecer y no volver a sucumbir.

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En el plano del comercio exterior, una variable que genera incertidumbre mientras tenemos la balanza comercial más desequilibrada de la que tengamos memoria, la Argentina corrió su rojo vía devaluación, algo que no es la primera vez que hace, pero el mundo no nos está demandando lo suficiente para que las exportaciones sean un pilar de la recuperación de forma urgente. Además, frente a la inflación, el dólar ya está quedando nuevamente atrasado. Y encima Brasil, nuestro principal socio estratégico regional, está cambiando radicalmente su política exterior de la mano de Jair Bolsonaro. 

En el Palacio de Hacienda creen que algunos brotes verdes aparecerán en abril cuando llegue el grueso de la cosecha de soja e ingresen al país varios miles de millones de dólares. Pero la cosecha récord de 143 millones de toneladas -contabilizando maíz, trigo y otros granos- prevista para 2019 encontrará los precios más bajos en una década. No es poco problema para la Argentina, que su principal commodity de exportación tenga los precios por el suelo. Y aquí radica la base de nuestro planteo editorial: hay que prever un plan para después de la crisis que no necesariamente se sustente, como siempre, en el campo y sus imponderables. Es hora de reconvertir la matriz productiva de Argentina para plantarla en el Siglo XXI, donde las ventajas competitivas vienen dadas por el conocimiento y no necesariamente por los alimentos. Y en Argentina no estamos tan mal en este sentido respecto de la región pero dejamos de ser competitivos cuando de costos se trata, porque al igual que con los productos, la “hora hombre” de nuestros “cerebros de exportación” está altamente encarecida por impuestos. Es una industria para la cual tenemos potencial pero que necesita un plan estratégico y de fomento. Tanta es la injerencia en términos monetarios que este sector podría tener en la balanza comercial que basta decir que con la exportación de talentos de tres días se equipara el movimiento de dinero a la exportación de limones de todo un año.

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Pero nadie habla de esta industria, mucho menos de un plan para sacar lo mejor de ella.

Mientras nuestros gobernantes se “avivan”, seguimos dependiendo, como siempre, del campo. Y mal que hacemos, porque la cosecha completa puede no llegar a dejar los 30.000 millones de dólares que se espera para el año la gestión de Mauricio Macri, quien admite que está jugado a los pies del campo para intentar morigerar la caída de la economía este año. 

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La difícil realidad económica que atravesamos es la que nos da dos por tres un aumento del riesgo país registrado recientemente, ya que es inocultable la baja en la capacidad del país de generar riqueza para afrontar por medios propios los enormes vencimientos de deuda que tiene desde 2020, cuando se termine el dinero que, como paraguas, dio el FMI.
El telón de fondo de la situación dramática de las Pymes es que todos estos desaguisados económico-financieros en que se ha metido el Gobierno se basan en la presión tributaria que llegará al récord del 45 por ciento. Ocurre que el 75 por ciento de la eliminación del déficit fiscal se dará por la vía de la suba de impuestos y no por el recorte del gasto. Y eso se paga, sin dudas.

Las crisis son siempre difíciles, ojalá esta deje, aunque sea, enseñanzas para no repetir errores y sobre todo, un plan para crecer de manera sostenida y sin ser campo-dependientes.  

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