Estado presente pero ineficiente
A una buena parte de funcionarios públicos de todos los niveles les encanta utilizar el concepto \"el Estado presente\" cuando procuran destacar una acción positiva de las gestiones que presiden o en las que participan, generalmente cuando se otorga un derecho que hasta ese momento no estaba reconocido. De alguna...

A una buena parte de funcionarios públicos de todos los niveles les encanta utilizar el concepto "el Estado presente" cuando procuran destacar una acción positiva de las gestiones que presiden o en las que participan, generalmente cuando se otorga un derecho que hasta ese momento no estaba reconocido. De alguna manera, suena "políticamente correcto" hacer referencia a un "Estado presente" en contraposición de la idea de un "Estado ausente" que deja en poder del mercado el ordenamiento de la economía. La discusión gira en torno a la idea de organizar un país con fuerte intervencionismo estatal en todos los ámbitos o inclinarse hacia una economía con mayor libertad de acción y regulación por parte del sector productivo privado.
No está mal un Estado presente, pero la cuestión es que en la Argentina actual los únicos que parecen prosperar socialmente por acciones ligadas al Estado son los políticos. Cierto es que a fuerza de reasignaciones de recursos y presupuesto, con dinero proveniente de los impuestos de todos y otro tanto con emisión monetaria, este Estado presente no deja de poner dinero en los bolsillos de los más vulnerables. Pero eso, ¿es prosperar? Claro que no, porque ahí siguen estos compatriotas, igual o más vulnerables, peleándola para acceder a los bienes más básicos con los recursos que se les depositan que, además de ser finitos, son fijos en un contexto inflacionario.
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Ahora, los que sí prosperan son nuestros funcionarios políticos. Senadores y diputados nacionales nos resultan muy costosos, con sueldos importantes y una oscura red de supuestos asesores que se pagan con el dinero de todos los contribuyentes. Lo peor que al terminar mandato sus "asesorados", se suelen quedar como empleados de planta, reportando en alguna otra función y contribuyendo a engrosar las conocidas como "capas tectónicas" del Congreso, que no hacen más que acumular. No son todos los casos pero sí una manera habitual de pagar favores militantes.
El presidente de la Nación, los gobernadores y los intendentes prefieren no vincular que el Estado presente que les gusta mencionar en cada discurso se solventa con los recursos de los ciudadanos. El buen salario que cobran los funcionarios, que durante el año de pandemia no se redujo ni a modo de gesto hacia empresas y trabajadores que perdieron el salario o resignaron poder adquisitivo, también depende de los aportes de empresas y particulares. En este contexto se entiende la brutal carga impositiva que exhibe la economía nacional, más allá de que los funcionarios busquen disimular e incluso calificar como mito eso de que la Argentina tiene los impuestos más caros del mundo. Es dable señalar que hay países que tienen igual o mayor carga tributaria incluso, pero no pueden compararse los porcentajes sin medirse a la par las contraprestaciones. Hay países europeos, como Noruega y Alemania donde los impuestos se llevan hasta el 70 por ciento de los ingresos del ciudadano, pero allí van incluidos los consumos de agua, luz y gas. Ni hablar que nadie allí debe gastar extra en seguridad, alarmas, educación y medicina para tener una calidad de vida estándar. Lo mismo que la jubilación, que no es esperada con preocupación. Por eso no se trata solo de cuánto saca el Estado sino de qué me da el Estado por aquello que aporto.
Como aseguran los críticos, el Estado puede estar presente, pero casi siempre en forma ineficiente y costosa. Hay mucho por mejorar. En este marco, un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos advierte que la incertidumbre económica, las políticas intervencionistas, la alta inflación y el estancamiento han impedido que la Argentina maximice su potencial. En el diagnóstico volcado en un trabajo llamado "Declaraciones sobre el Clima para las inversiones", en el capítulo argentino, considera que los controles de capital, las restricciones comerciales y los controles de precios aumentan la distorsión económica que obstaculiza el clima de inversión en el país.
El informe, que se realiza en forma anual, es una visión sobre el ambiente para los negocios en más de 170 países que son mercados potenciales o destinos de inversiones para compañías de los Estados Unidos. El trabajo pondera algunos aspectos de la Argentina, especialmente su riqueza potencial en varios campos y su recurso humano. Se señala que la Argentina presenta oportunidades de inversión y comercio, particularmente en agricultura, energía, salud, infraestructura, tecnología de la información y minería. En otro pasaje, se califica a los trabajadores argentinos entre los más educados y capacitados de América Latina aunque luego advierte que la incertidumbre económica y las políticas intervencionistas recortan las posibilidades de desarrollo.
Según la Casa Blanca, tanto las empresas nacionales como las extranjeras señalan con frecuencia una carga fiscal alta e impredecible y leyes laborales rígidas, que dificultan la respuesta a las condiciones macroeconómicas cambiantes, como obstáculos para una mayor inversión en la Argentina. En la misma línea, un informe de Analytica Consultora consignó que la inversión, tanto pública como privada, muestra un dinamismo inusual para una economía bajo una profunda crisis marcada por la incertidumbre, dado que en el primer trimestre creció un 38 por ciento, aunque si el Gobierno no logra estabilizar la macroeconomía, volverá a registrarse una caída. En ese escenario, alertó que las vías más usuales para financiar la inversión pierden terreno, como el crédito a las empresas, que cae en términos reales desde el pico en septiembre de 2020 y converge a niveles pre pandemia.
En este caso, las inversiones de las empresas dependen del clima de negocios, que está lejos de ser el óptimo, con reglas de juego cambiantes de la noche a la mañana. Si no, que lo digan las empresas de la cadena de la carne, que invirtieron para conquistar mercados internacionales pero hoy sufren el cepo a las exportaciones. Y un país con 50 por ciento de su población en la pobreza, una elevada desocupación y una inflación indomable deja en evidencia que el Estado es, por lo menos, un escollo para el desarrollo de las potencialidades de esta nación.











