¿Es posible construir una Argentina más igualitaria?
En plena campaña electoral la pobreza y sus vergonzosos índices cobraron relevancia y se instalaron en la agenda pública, como si fuera una realidad solo capaz de observarse cuando algún organismo difunde cifras que alarman por su permanencia. Y frente a ello se instaura la pregunta sobre si es posible construir un país más justo e igualitario. Es imposible pensar que sí con la grieta que divide opiniones y politiza realidades de-satendiendo lo verdaderamente importante.
La multiplicidad de noticias periodísticas y acusaciones cruzadas entre los principales líderes con responsabilidad en esta cuestión suelen centrarse en los números de la pobreza con consideraciones generales que pocas veces pasan del discurso a la acción, cuando en realidad los pobres claramente requieren de una atención y medidas que de verdad contribuyan a resolver un problema que se ha vuelto profundo y medular en un país rico en recursos.
Las mas leidas de Opinión
Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
La crisis social que subyace a las decisiones del poder
La naturalización de la pobreza en los actos de gobierno
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Cuando se habla de pobreza estructural se hace referencia a aquella que trasciende un determinado ciclo económico y por tanto las acciones para revertir este flagelo, deberían estar exentas de cualquier debate coyuntural.
En parte por dinámicas de la economía y del mercado de trabajo, y en parte por lógicas propias de la reproducción intergeneracional de la pobreza, Argentina ostenta el triste privilegio de tener habitantes que nacen, crecen, envejecen y mueren en contextos de enorme marginación.
A ello hay que sumar la protesta social, la discusión y el uso político de un tema sensible que debiera quedar por fuera de toda discusión con tono electoral.
A diferencia de otros países, incluso de la región, Argentina no ha sido capaz de desarrollar políticas universales para atender este problema. La asignación universal por hijo y otros programas de ayuda social solo han sido un sostén que terminó funcionando como un paliativo porque no han habido políticas continuas de fortalecimiento de la producción y fomento del empleo genuino para hacer el pasaje de la economía de los planes a la economía del trabajo. En un marco de inmensa vulnerabilidad, la sociedad civil y contribuyente es la que ha hecho y hace profundos esfuerzos por colaborar para resolver lo urgente, pero la raíz de la cuestión está sin atacar. Como si a un enfermo grave solo se le administraran medicinas para paliar los síntomas. El Estado ha hecho lo mismo, multiplicando el mercado de la pobreza, a sabiendas de la ganancia de quienes han hecho del manejo de la ayuda social un negocio con réditos mezquinos que nada tienen que ver con la voluntad de contribuir a erradicar de plano la pobreza estructural, esa que condiciona severamente el bienestar de los ciudadanos y las posibilidades ciertas del país de ser más equitativo.
En los preocupantes mecanismos de transmisión de la pobreza y la desigualdad está la clave del problema, pero también la llave de una posible estrategia de transformación de la sociedad argentina a futuro. Pero para ello hay que establecer un acuerdo que corra este tema de la agenda individual y la incluya en una verdadera agenda colectiva. La política tiene mucha tarea que realizar en este sentido, porque sus líderes son los que tienen en sus manos los instrumentos reales. No solo hay que atender la cuestión alimentaria de la que tanto se habla por estos días. Hay que invertir seriamente en educación, salud y desarrollo de una infraestructura apropiada que corra a la gente de la pobreza.
Argentina tiene en la actualidad el nivel de gasto social más alto de América Latina. Sin embargo, a pesar de este esfuerzo el país no ha sido capaz de transformar la realidad de la pobreza estructural. Por el contrario, la ha reproducido. Cambiar esta realidad requerirá de una voluntad generosa y sostenida del poder político en su conjunto, de la reasignación de partidas presupuestarias y de una inteligencia sensible que pueda poner la alimentación, la salud y la educación en el centro de las políticas públicas, sin otro interés más allá de sentar las bases de un mejor futuro. Colocar este tema en el centro de la acción política, es a la luz de la realidad el único modo de ir encontrando un interrogante a la acuciante pregunta respecto de si es posible construir una argentina más inclusiva e igualitaria.












