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Errores políticos, violencia y papelón

16 de diciembre de 2017 a las 12:00 a. m.

Afuera del Parlamento se juntó la protesta y también los violentos, la represión fue discrecional, adentro y esta es una novedad, también se contagió la violencia. Con este cóctel explosivo no solo no se pudo sesionar para tratar la reforma previsional sino que se exhibió la vergüenza de la dirigencia que tenemos. 

Un Congreso blindado de fuerzas de seguridad evitó que los violentos ingresaran y se consumara un desastre pero, como suele suceder en estos casos, la represión se generalizó y terminaron pegándoles a diputados, a camarógrafos y hasta periodistas que transmitían en vivo para los canales de aire. Porque es una realidad que nuestras fuerzas de seguridad no tienen entrenamiento básico como para evitar que, cuando debe reprimir una protesta que se torna violenta, no se tenga una larga lista de reproches por los excesos cometidos.  

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Este fue el inicio del escándalo adentro del recinto, donde los diputados se insultaron a placer, hubo reproches por la represión y se pedía a gritos levantar la sesión. La realidad es que el quórum obtenido por el oficialismo duró siete segundos, por reloj, con los legisladores que se sentaban, se paraban, circulaban, porque en el fondo y en la forma, no querían dar el número.

Aquí aparece la grieta en todo su esplendor: desde Cambiemos acusaron de golpista a la oposición peronista, massista y de izquierda y al kirchnerismo de armar los disturbios afuera. La oposición cuestionaba al oficialismo por una propuesta que “roba” el dinero a los jubilados, afirmando que eran unos sinvergüenzas por pretender aprobar esta norma.

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Entre legisladores hubo forcejeos, insultos y amenazas, con lo cual se hizo imposible llevar adelante una sesión del Congreso, más allá de que pasada la media hora del encuentro ya había caído el quórum.

Con la sesión prácticamente levantada Elisa Carrió anuncio que se iba a dar una compensación a los jubilados por fuera de la ley. Un bono que sería por única vez es de suponer, pero no entró en detalles. Ya afuera la diputada se quejó de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich a quien acusó de exagerar con el operativo, que era el grito opositor. Porque, al fin, la diputada también gusta de jugar al límite.

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La verdad es que fue una vergüenza de la que hay distintos responsables y por diversos motivos. La oposición porque fogoneó claramente la protesta, era más que evidente que afuera del Parlamento no había muchos jubilados protestando aunque estuvieran disconformes, sino más bien grupos políticos de la izquierda, algunos gremios y el kirchnerismo ejerciendo presión. Porque no es un secreto que nuestra política ha sido y es altamente sensible a los reclamos callejeros. Sobre todo después de que los escándalos en las calles seguidos de represión y muertos, se llevaron a más de un presidente. Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde terminaron fuera del juego, cada uno con sus particularidades, por conflictos de este tipo.

El oficialismo cometió, por su parte, todos los errores políticos que forman el manual de lo que no es oportuno ni conveniente. A poco de haber ganado las elecciones de medio término y en pleno diciembre, con nuevos incrementos de luz y gas, lanza una reforma previsional que en la práctica implica recortar las jubilaciones, los beneficios por hijo y las pensiones de los soldados de Malvinas. Sobre la base de un acuerdo con los gobernadores, eternos buscadores de fondos, logró que el Senado le votara el proyecto. Con esa media sanción pretendió apurar los tiempos en Diputados, donde el clima era claramente hostil a la propuesta y donde los mandatarios provinciales tienen menos influencia, claramente. Los medios de comunicación en general, las figuras de la televisión y la mayoría de los sectores políticos atacaron duramente el proyecto, con lo cual la tensión social creció. A punto tal que ahora prometen un bono para compensar a los pasivos, una vez generado el recorte si se aprueba el nuevo cálculo.

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La verdad es que la Argentina necesita rever su sistema previsional en forma integral, buscando que las cuentas cierren, pero con la gente adentro, reestructurando las jubilaciones que se otorgan en nuestro país. Lo que es criticable es que sin hacer esta tarea seria y más profunda solo se planea hacer lo de siempre: meter la mano en la caja de jubilaciones y llevarse un pedazo. No hace falta ningún plan de cambio para eso, porque es lo que, más o menos, han hecho todos los gobiernos en nuestro país. Con el agravante de que estamos en momentos de ajuste y con una inflación que no termina de ceder. 

Lo que realmente resulta  intolerable a esta altura de los tiempos es que los asuntos políticos en lugar de debatirse seriamente en el Parlamento, y se aprueben o se rechacen, los legisladores se insulten y empujen como una tribu de simios con nulo nivel de razonamiento, mientras algún grupo ya se aseguró que afuera haya manifestantes violentos para que el combo sea completo. 

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En definitiva los argentinos queremos que nos vaya bien, lo que implica que oficialismo y oposición deben madurar, tener la sensibilidad necesaria unos y la responsabilidad de frenar la violencia otros, como para que sean dignos de representarnos. En el camino que vamos el futuro que nos espera no parece muy promisorio y la verdad es que la ciudadanía no merece ver estos papelones donde debió estar el debate inteligente y serio.

 

 

 

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