Enfermería: jerarquizar un eslabón vital de los sistemas de salud
En materia sanitaria son muchos los indicadores que marcan la necesidad de implementar políticas de fortalecimiento que tiendan a resolver varios de los problemas urgentes que tiene el sistema tanto en el sector público como privado de la atención de salud. Uno de ellos que afecta transversalmente todas las áreas es el déficit del recurso humano en enfermería, una profesión que aunque considerada prioritaria no termina de aparecer entre las más elegidas ni jerarquizadas.
Se requiere para su ejercicio una profunda vocación y fomentarla es una tarea que debe comenzar en las instancias iniciales de la formación escolar cuando se estimula la orientación hacia carreras vinculadas a la ciencia. Para ello hay que poner a la profesión en el lugar que se merece y dejar de considerarla secundaria o complementaria a la tarea que desarrollan los médicos. Y para ello no solo hay que ubicarla entre las carreras consideradas prioritarias, sino trazar planes y programas de aliento que vayan acompañados de incentivos y de apoyos ciertos para aquellos que optan por esta labor profundamente comprometida con el humanismo en su expresión más amplia del término. Si bien es cierto que hace unos años en el país se lanzaron programas para revertir el déficit cierto de personal, fundamentalmente para atender la demanda del sector público de salud. Vale recordar el programa Eva Perón que aseguraba la formación terciaria para profesionalizar a agentes y les aseguraba el acceso a los hospitales mediante un sistema de becas. La alternativa no consiguió revertir el faltante y a poco de andar y con los cambios instrumentado en la política sanitaria el programa como tal dejó de existir y se mantuvieron tecnicaturas que se dictan en distintas ciudades con el aval del Ministerio de Salud pero ya sin el correlato del incentivo económico. Los detractores del programa aseguraban que la calidad de la formación era insuficiente y que la propuesta competía con otras alternativas de formación que ofrecían instituciones de educación superior o universidades.
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El plan nacional de fortalecimiento de la enfermería tuvo un destino parecido y como suele suceder en el terreno de la política, las acciones que se lanzan en forma grandilocuente luego llevadas a la práctica no terminan de arrojar los resultados esperados. Las propias universidades que dictan la carrera describen que captar matrícula para esta profesión es una tarea ardua. Quizás porque como se señalaba al principio se requiere de una enorme vocación para emprender el camino en una carrera que tiene principio pero no tiene fin, porque supone la necesidad de una actualización constante y una actualización de conocimientos cada vez más rigurosa. A pesar de algunos avances, la enfermería aún está ausente en muchos campos del hacer social y el propio sistema científico debe abrirse a esta profesión que tiene mucho que aportar en materia de investigación y conocimiento. Lo mismo ocurre con la docencia y con el trabajo en el terreno social. Pero para ello el conjunto de la comunidad debe visualizar la importancia que tienen las enfermeras y enfermeros como eslabón vital del sistema de salud. Son los decisores de políticas públicas los que deben tener clara esta consideración sobre el valor de la enfermería en distintos campos del hacer vinculado a la salud e instrumentar las acciones necesarias para que contar con la cantidad suficiente de enfermeros se transforme en una meta de largo aliento que pueda por fin alcanzarse. Conseguirlo contribuirá no solo a mejorar la estructura sanitaria de los servicios de salud sino la sanidad de una sociedad que aún hoy piensa en la enfermería solo cuando se trata de atender algunas cuestiones, sin considerar el hecho de que la enfermería es en su esencia una de las profesiones más nobles del mundo y esencial no solo en lo asistencial sino en aspectos menos tangibles como la investigación, la educación y la gestión.
Quizás es hora de poner manos a la obra en la tarea de repensar la enfermería y fomentarla para que de la mano de la formación básica, que debe jerarquizarse, se impulsen al mismo tiempo políticas que promuevan la especialización cada vez más rigurosa que exige un campo en constante avance.
Que haya más y mejores enfermeros, que los planes de estudio sean siempre actualizados para responder a la velocidad con la que se genera el conocimiento científico en las sociedades actuales exige más que una visión instrumental de la enfermería, exige revisar la mirada y asumir que es una profesión convocada a transformarse. Que lo consiga es tarea de los enfermeros, pero también y fundamentalmente de quienes piensan las políticas sanitarias para que las acciones y programas de impulso no bailen al ritmo de cada gobierno sino que se instalen como verdaderas políticas de Estado que garanticen la disponibilidad de un recurso prioritario.









