En su 104 aniversario, LA OPINION adapta el rumbo para potenciar su fortaleza

El Diario se está adaptando para seguir siendo valioso y útil en su razón de ser, que es informar a los pergaminenses de manera fidedigna, con datos debidamente chequeados. Dar vida a LA OPINION cada día en sus versiones digital y papel tiene un costo económico importante. No obstante ello, el usufructo del producto final es gratis para la mayoría. La futura etapa se direcciona hacia una suscripción de bajo costo. Con esa contribución de los lectores es que se podrá seguir ofreciendo información de calidad.
Porque sabemos que nos conocemos, no hace falta volver a utilizar tinta, papel y bytes en repetir lo que ocurrió aquel 13 de febrero de 1917 y desde entonces. La historia de LA OPINION es parte fundamental del acervo local; todos hemos sido parte del Diario en estos 104 años.
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Por esa misma razón es menester que la comunidad sepa qué caminos transita hoy su Diario, cómo se está adaptando para seguir siendo valioso y útil en su razón de ser, que es informar de manera fidedigna, con datos debidamente chequeados. Y con respeto, separando lo noticiable de lo que, aunque haya sucedido, no lo es.
Hoy LA OPINION sigue navegando las turbulentas aguas de la transición. Para los medios que no somos “nativos digitales”, estar en la calle implica un esfuerzo mayor que asumimos con hidalguía. Mientras un nuevo medio puede introducirse en los hogares con la sola inversión y costo de una persona, una computadora y un proveedor de banda ancha, los que venimos del siglo pasado acarreamos una estructura mayor, con números que cada vez se hace más difícil equilibrar. Lo que a prima facie puede sonar como una debilidad, es para nosotros una fortaleza. Contar con profesionales del periodismo, que además han hecho “escuela” en esta casa junto a maestros que ya no están, es sin dudas un gran valor agregado para LA OPINION, que no solo lo distingue del resto de los medios locales sino que nos permite brindar la cobertura más completa del quehacer local.
Como el lector podrá deducir, dar vida a LA OPINION cada día en sus versiones digital y papel, además de sus plataformas de distribución como WhatsApp, Facebook, Instagram y Twitter, tiene un costo económico importante. No obstante ello, el usufructo del producto final es “gratis” para la mayoría. Y allí vamos, a hablar de la gratuidad y de cómo la entendemos los argentinos.
Nada es gratis
La gratuidad es un concepto siempre mal interpretado. Que algo le resulte gratis a alguien no quiere decir que tiene un costo que otro “alguien” tuvo que pagar; o a veces es el mismo “alguien” el que paga lo que después recibe gratis. Tal es el caso de la salud o la educación en nuestro país. Ni las vacunas, ni hospitales, ni escuelas ni universidades son gratis sino que pagamos por estas prestaciones entre todos.
Desde el año 2000 que, tibiamente al principio, LA OPINION está en Internet. Primero fue con una selección de noticias que una vez al día se ponían a disposición y mucho agradecían quienes no vivían en nuestra ciudad. Luego la proporción de información fue creciendo hasta llegar a la actualidad, en que nuestro sitio es alimentado constantemente.
La publicidad supo ser el patrocinador del periodismo en un 90 por ciento; el 10 restante provenía de la venta de ejemplares. Por eso es un error pensar que los diarios están mal porque la gente ya no compra sus ediciones. La verdad es que lo que complica la existencia de los medios es el cambio que ha habido en el modo de publicitar. Ni el vecino necesita del diario para informar que vende su bicicleta ni una gran marca, por ejemplo, Mc Donald’s, necesita una página full color para anunciar el lanzamiento de su nueva hamburguesa. La inteligencia artificial, los algoritmos y todo lo que contribuye al direccionamiento han revolucionado la manera de hacer publicidad y los medios, si bien no hemos quedado afuera, nos convertimos en un eslabón que recibe céntimos (literal) por su participación y a un costo muy alto, como veremos.
Volver a lo elemental
Ya son 21 años de ofrecer información elaborada y producida con costo, sin costo a nuestros lectores. Algunos colegas (porque es la realidad de todos los diarios) lo llaman un error, nosotros preferimos pensar que fuimos navegando por donde nos llevaba la corriente y sin saber a ciencia cierta cuál era el puerto. Fuimos haciendo lo que “el mercado” demandaba y el mismo mercado nos dejó afuera de la ecuación. Hoy el negocio publicitario ya no es una torta con muchas porciones sino que alguien –que sinceramente no conocemos- se está comiendo el pastel y los demás juntamos las migajas.
Llegó la hora de volver a las bases, a los conceptos más elementales como lo es el pagar por el trabajo y el servicio que se brinda. Del mismo modo que se hace con la compra del ejemplar, quien guste informarse a través de LA OPINION on line, será invitado a abonar una suscripción.
¿Una locura con tanta información “gratis” dando vuelta? Demencial sería no hacerlo, puesto que no hay manera de sostener una estructura periodística -tecnología más personal en blanco en una cantidad suficiente para dar cobertura a todas las áreas- si no es con lectores que aprecien la diferencia y paguen por consumir este trabajo.
El dilema de la hora
Así como asumimos que no todos nuestros actuales lectores se convertirán en suscriptores, también entendemos que solo con la contribución de ellos es podremos seguir ofreciendo información de calidad. Y a esto nos referíamos cuando mencionábamos el alto costo ético y político que significa hoy procurar ingresos mediante la publicidad.
Asociar la idea de democratización de la información a la idea de gratuidad es desconocer que alguien paga por la producción de eso que llamamos noticias. Y el que paga establecerá las condiciones en las que circula ese producto.
Que el costo de transformar una información en noticia lo paguen los lectores u otros agentes externos, es lo que por estas horas se define en todas las pequeñas y medianas redacciones del mundo. Debemos saber las consecuencias de una u otra elección, para no quedarnos en la falsa idea de “gratuidad = democratización”.
En Internet hay libre acceso pero eso no quiere decir acceso democrático. Ese libre acceso tiene un costo económico que nosotros no pagamos con dinero pero sí con la calidad de las noticias que consumimos a diario y su verdadera relevancia. Esa es la razón por la cual también se torna necesaria y valiosa la reflexión sobre acceso gratuito a las noticias o muros de pago.
La transformación de la información en noticia para su difusión requiere del trabajo de redactores de contenido que por ello cobran un sueldo. Sin redactores no hay contenido, como sin ingreso de dinero no hay periódico. Las formas de monetizar un sitio en la Web son diversas, pero al fin de cuentas todas se reducen a tres ideas fuerza: dependencia extrema de factores externos (sponsors), crecimiento del volumen de visitas para que llegue la publicidad programática o el patrocinio de los usuarios.
Del mismo modo que hay radios pero también Spotify, televisión pero también Netflix, llegó el momento de que haya una distinción que valorice y monetice la producción periodística.
Clickbait vs. contenido veraz
El acceso a las noticias sin costo para los lectores implica que los periódicos digitales deban ser atractivos a las publicidades que los sostienen. En ese juego de seducción, la variable de ajuste es el contenido. Creció el volumen de visitas a los diarios y con ello la publicidad, pero también el cerco informativo impuesto por los anunciantes: menos información relevante y más entretenimiento. Es el alto precio que pagamos para que un medio sea gratuito.
La fórmula +páginas vistas = +impresiones publicitarias =mayores ingresos fue (y en muchos casos sigue siendo) el pilar desde donde construir el contenido de los periódicos digitales.
Y en esa carrera, el entretenimiento y la banalidad han demostrado ser más redituables que las noticias de la comunidad y los informes medulares. Así fue como los medios digitales comenzaron a incorporar vídeos virales, fotogalerías curiosas y lo que es más grave: titulares y artículos redactados sin rigor profesional y a partir de fuentes poco confiables.
Siguiendo esta lógica, de manera implícita, los editores del contenido de los periódicos terminaron siendo los anunciantes.
Lo que llamamos entonces democratización de la información, refiriéndonos a su gratuidad no solo que es falso sino que es engañoso. Esconde lo que comúnmente se denomina clickbait o “ciberanzuelo” o “cebo de clicks”, según su traducción literal.
¿Qué es el clickbait? Se trata de la creación de contenido, no importa su calidad y veracidad, con el único fin de captar clicks, atraer visitas. Más visitas, implica a su vez, más publicidad programática, lo que se traduce en aumento de dinero. Nuevamente, la fórmula +páginas vistas =+ impresiones publicitarias = mayores ingresos, que mencionamos arriba.
Es una lógica dañina para el periodismo genuino, el que brinda un servicio a la comunidad, el que refleja el acontecer local y el que, al final, escribe la historia de todos.
Si para subsistir tenemos que poner en nuestra edición digital “lo que sea” que nos genere muchos clicks, mejor morir. Si tenemos que hacer y decir lo que no somos, mejor que lo hagan otros. Pero queremos vivir y queremos seguir informando con calidad y verdad a los pergaminenses, por eso iniciaremos el camino a enmendar el gran error de navegación a la deriva que cometimos todos los diarios del mundo: la gratuidad.
Muro poroso de pago
La sintética definición que dimos de clickbait es suficiente para entender que esta fuente de sustento de los periódicos no es la más indicada cuando lo que queremos, verdaderamente, es proporcionar noticias veraces, confiables y serias.
Durante años los periódicos digitales otorgaron a sus lectores (o a sus usuarios) un producido que implica mucho trabajo: la noticia. Ese es un error que conviene advertir y revertir. Si quienes están a cargo de crear los contenidos no le otorgan el valor y, por consiguiente, el respeto que su trabajo merece, menos lo harán las audiencias.
A su vez, si el sostén económico de un medio digital solo depende de factores externos la vida de ese medio y la calidad de su producto están en duda a diario.
A partir de estas premisas es que emerge la alternativa del “muro pago” para los periódicos digitales. Y es el camino que eligió LA OPINION para la nueva etapa. La modalidad es la que ya están aplicando los llamados “grandes” y consiste en un muro de pago “poroso”, por el cual se ofrece la lectura liberada de cierta cantidad de noticias al mes, con la opción a suscribirse para que el acceso sea ilimitado.
Estamos ajustando detalles pero podemos anticipar que la suscripción será de bajo costo y tendrá como beneficio la membresía al Club LA OPINION que le permitirá al lector compensar su inversión en buena información con beneficios en sus compras en negocios locales.

















