En primera persona: el testimonio de chicas trans que volvieron a la escuela para forjarse otro destino
Retomaron la primaria alentadas por la posibilidad de que la educación les permita acceder a un empleo digno. Aunque reconocen que la sociedad aún alberga prejuicios, sienten que Pergamino ha dado un vuelco. "Falta que las oportunidades se abran y nosotras tenemos que estar preparadas para cuando ocurra", afirman Sofía y Magalí en diálogo con LA OPINION.

A pesar del avance que en términos de derechos va ganando la comunidad Lgbti, la inclusión sigue siendo la asignatura pendiente en muchos aspectos. Uno de ellos es la cuestión del trabajo, aunque cierto es que la incorporación al mercado laboral formal hace años es dificultosa para la totalidad de los actores sociales. Si bien la reciente aprobación del cupo laboral trans abre la puerta a la posibilidad de que el Estado incorpore a integrantes de este colectivo a sus plantas de personal, no alcanza para cubrir necesidades largamente insatisfechas y derechos históricamente vulnerados. Quizás es la sociedad la que deba vencer algunos prejuicios y la propia población Lgbti forjarse un camino que la aparte de la marginalidad en la que sus integrantes suelen caer por falta de oportunidades ciertas.
En este sentido, conocer algunas historias y hacer visible la búsqueda puede contribuir a desarrollar otra mirada, más empática. Así como hay quienes eligen el ejercicio de la prostitución como medio de vida, y toman la legítima decisión de no alejarse de esa actividad, hay quienes no quieren incurrir en ella o tratan de escapar de ese destino que parece irremediable. Para ello luchan para ganarse un lugar, no por su condición sino por sus capacidades y por el empeño que ponen en superarse cada día. Que lo logren depende en parte del esfuerzo que pongan en la tarea, y en parte de que la sociedad deje de invisibilizar sus realidades.
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Tatiana Magalí Carneiro tiene 38 años. Adoptó Pergamino hace más de 17 años, cuando llegó de Gualeguaychú, Entre Ríos, donde nació. Sofía Scheffer tiene 32 y es oriunda de Santa Fe, aunque vive aquí hace muchos años. Ambas llegaron buscando un destino y alentadas por la necesidad de resolver viejas asignaturas pendientes, y luego de haber transitado duros caminos, decidieron volver a la escuela como llave para abrir las puertas de nuevas posibilidades, lejos de la vulnerabilidad.
"Dejé la escuela primaria por la discriminación que sufría en el colegio. Y siempre fue algo pendiente poder estudiar. Ahora retomé la primaria en la Escuela de Adultos Nº 709 y estoy muy contenta", comenta Tatiana y agradece a su maestra Ana Clara Di Sciacio.
A la par de ello y fiel a su anhelo de poder transformarse en portera de colegio, en el Centro de Formación Profesional Nº 401 está haciendo el curso de cocina para comedores escolares con la profesora María Teresa Fernández y antes el de manipulación de alimentos. "Ser portera de colegio es mi sueño y siento que me voy acercando a él", sostiene.
"Trabajé en una forrajería y veterinaria, pero cuando comenzó la pandemia tuvieron que reducir personal y me quedé sin empleo. Allí había conocido a la que hoy es mi maestra y fue gracias a ella que tomé la decisión de volver a la escuela", cuenta refiriendo que ese había sido su primer trabajo: "Fue una oportunidad que me dignificó totalmente. Trabajaba en la atención al público y me gustaba mucho lo que hacía, estuve casi un año".
"No es fácil conseguir trabajo"
Refiere que consiguió esa posibilidad de empleo porque conocía a la dueña del comercio. Y con esa apreciación aclara que "para las chicas trans no es fácil acceder al mundo del trabajo".
"No es algo que nos resulte sencillo ni habitual porque a la gente todavía le cuesta tomar a las chicas trans. A pesar de todos los avances que se han dado en cuestiones de género y de diversidad, todavía cuesta mucho. No se ve con frecuencia que miembros de la comunidad Lgbti atiendan una tienda o trabajen en un supermercado", resalta.
La decisión de cambiar de vida
Sofía está haciendo la primaria de adultos. "Trabajé cuidando a una anciana durante dos años y cuando falleció me quedé sin empleo y no me quedó otra alternativa que volver a la prostitución, andar en la noche y caer en cosas que no están buenas", confiesa remarcando que la inclusión en el mercado laboral es un tema complejo para las personas transgénero.
En su testimonio, como sucede con el de Magalí, no le exige a la sociedad, más bien se concentra en lo que puede poner de su parte para nutrirse de capacidades y competencias que le permitan acceder a un empleo. "No quiero estar en la calle, pero muchas veces no hay otra alternativa, por eso entendí que volver a estudiar podía abrirme otras puertas".
"Por lo menos para mí la prostitución no es una elección de vida, más bien es la alternativa que encontré para ganarme el sustento, pero conlleva muchas otras cosas que no hacen bien. La prostitución viene de la mano de las adicciones, de la violencia, pero es la única escapatoria si no hay posibilidades de trabajar de otra cosa".
Convencida de que hay cosas que no quiere vivir más, Sofía proyecta la posibilidad de seguir estudiando, quizás acompañamiento terapéutico, una carrera que entiende le podría brindar herramientas para el desarrollo de una actividad en la que se siente cómoda como es la asistencia a personas mayores.
Aunque reconocen que desde el Area de Diversidad del Municipio les brindan mucha ayuda a través de distintos programas sociales, saben que eso no alcanza. Quieren acceder a la posibilidad de un trabajo digno y registrado y para eso se están preparando. A pesar de que la propia sociedad a menudo invisibiliza estas historias, no son las únicas integrantes de la comunidad trans que albergan la esperanza de tener acceso a un futuro con las mismas posibilidades de cualquier persona.
Pergamino, una elección
Ambas han adoptado a Pergamino como lugar para vivir y aquí han construido su historia. "Llegué porque estaba en pareja con un chico de Pergamino. Yo trabajaba haciendo shows de transformismo, así nos conocimos, pero decidí mudarme porque a la distancia era imposible el amor. Después por circunstancias de la vida nos alejamos, pero quedamos con una muy buena relación y siempre agradezco porque gracias a esa historia de amor, llegué a Pergamino", relata Tatiana.
Sofía tenía familia en Pergamino. "Venía a visitar a mi tía, hermana de mi mamá, en Santa Fe me enamoré de un chico y decidimos venirnos a Pergamino. Pero tuve una relación muy tóxica, decidí separarme y encaminar mi vida para bien, establecida en esta ciudad que me recibió".
Las dos viven solas. Sofía reconoce que aún ejerce la prostitución, aunque ya no en la calle, e insiste en su deseo de abandonar esa actividad cuando tenga la posibilidad de acceder a un trabajo digno. "Estamos esperanzadas de que la educación nos pueda abrir una puerta diferente", insiste.
Una sociedad que evoluciona
Saben que conviven con los prejuicios de la sociedad. Pero también asumen que buena parte de la tarea para cambiar "esa mirada" depende de lo que ellas sean capaces de construir en lo cotidiano de sus vidas, en las decisiones que tomen y en el modo en que encaminen su destino.
"Si estudiás, tenés un proyecto de vida. Lo que hacíamos antes ya no lo queremos", resaltan y abrazan la esperanza de poder concretar los sueños, esos que son más difíciles de alcanzar para aquellos que pertenecen a minorías largamente postergadas.
"Lo que falta en la sociedad son posibilidades de trabajo. Pero para que esas oportunidades aparezcan uno tiene que prepararse también. Necesitamos trabajar en blanco como cualquier persona, hacerlo en negro condiciona mucho el futuro y nos priva de muchos derechos", sostienen convencidas de que la sociedad ha cambiado mucho y evolucionado. Falta camino por transitar. "Estamos un poco acostumbradas a convivir con cierta indiferencia", confiesan, aunque personalmente no se sienten discriminadas. "Pergamino ha dado un vuelco enorme, creo que el trabajo que se ha hecho y se hace en políticas de Diversidad contribuye en que vaya cambiando la mentalidad. Obviamente que resta mucho camino por delante, los condicionamientos sobre todo en lo laboral existen, nosotras hemos tenido algunas posibilidades- no todas las chicas las tienen- tenemos que seguir bregando para que las puertas se abran", remarcan, fortalecidas en la idea que es de la mano de la educación y el trabajo que el futuro es posible. Solo por ese camino se deja atrás la marginalidad a la que la comunidad Lgbti muchas veces parece condenada por falta de empatía.
















